Reflujo esofágico

Es muy habitual entre los lactantes, cuando el esfínter que separa el esófago el estómago no cierra bien.

  1. ¿Qué es y por qué ocurre?
    El reflujo gastroesofágico (RGE) consiste en el ascenso del contenido del estómago hacia el esófago. La causa fisiológica es que el esfínter que separa el esófago del estómago no cierra bien. Muy habitual entre los lactantes, suele provocar gran alarma entre los padres y por ello es una de las primeras causas de consulta pediátrica. Sin embargo, la mayoría de los casos son benignos y remiten durante el primer año de vida sin necesidad de recurrir a tratamiento médico.
  2. ¿Cuáles son los síntomas?
    Principalmente, la regurgitación tras cada comida y los vómitos. La regurgitación (el alimento retenido en el estómago asciende hasta la boca) tiende a producirse inmediatamente después de la ingesta de leche. El vómito supone la expulsión del contenido del estómago a través de la boca a raíz de las bruscas contracciones de los músculos del abdomen. En niños mayorcitos puede producir sensación de “ardor” de estómago.
  3. ¿Hay niños propensos?
    Este problema es habitual en el lactante, incluso si el niño está perfectamente sano, durante los primeros meses de vida, ya que el trastorno está relacionado con la inmadurez de su esfínter esofágico inferior. Por este mismo motivo es más probable que padezcan reflujo gastroesofágico los bebés prematuros y los nacidos con bajo peso. También los niños con parálisis cerebral, los nacidos con malformaciones esofágicas congénitas y los recién operados de ellas tienden a verse afectados por el RGE.
  4. ¿Qué tipos de RGE hay?
    Podemos distinguir dos: el RGE fisiológico y el RGE patológico. El primero es el más habitual, es benigno y no suele presentar complicaciones. En el 75% de los casos desaparece antes de los 18 meses de vida y prácticamente el 100% ya ha remitido cuando el niño cumple los 4 años. El RGE patológico presenta complicaciones esofágicas y respiratorias añadidas y para solucionarlo se precisa tratamiento médico específico.
  5. ¿Qué acompaña al RGE patológico?
    La esofagitis (inflamación del esófago más cercano al estómago), la desnutrición (por los vómitos y la falta de apetito que a su vez conlleva pérdida de nutrientes) y complicaciones respiratorias como bronquitis reiteradas, asma bronquial, tos nocturna, etc. En los años 70 se asociaba con hernia de hiato, pero pocos niños con RGE patológico la tienen.
  6. ¿Cómo se llega a diagnosticar?
    El estudio radiológico permite explorar la deglución, el movimiento del esófago ante un estímulo previo y el vaciado del estómago. Se recurre a la manometría para medir los niveles de presión del esfínter esofágico inferior y a la esofagoscopia para comprobar el estado de la mucosa del esófago y tomar muestras para su posterior análisis. Otra prueba es la phmetría (con sonda a través del esófago), que permite medir los niveles de acidez o alcalinidad del reflujo y, además, la frecuencia, la duración y la intensidad de los episodios.
  7. ¿Qué hacer para tratarlo?
    Si el bebé no gana peso, es posible que el pediatra os recomiende una leche especial “antirregurgitación”, con espesantes que facilitan la digestión y le calman, ya que al saciarse llora menos. No obstante, la plena eficacia de estas fórmulas no está demostrada y algunos especialistas consideran que suponen un excesivo aporte calórico para el niño, ya que este tipo de leche se suele espesar a base de harinas. Cuando el niño empieza con los purés la situación mejora ligeramente. Para tratar el RGE patológico se emplean medicamentos que contribuyen a aumentar el tono del esfínter esofágico inferior y facilitan el vaciado estomacal. También se opta por medicinas que controlan el “ardor” de estómago.
  8. ¿Cómo actuar hasta que remita?
    Existen varias medidas. Al acostar al niño, tumbarle sobre el lado derecho o mantenerle semiincorporado; no acostarlo justo tras la toma y moverlo lo menos posible; elevar la cabecera de la cuna entre 30° y 60°; evitar vestirlo con ropa ajustada… son algunas de las recomendaciones pediátricas. En todo caso, es muy importante tener en cuenta que todas estas medidas son relativas, ya que contribuyen a aliviar algunos síntomas del reflujo gastroesofágico, pero no resuelven el problema, que remite por la madurez del niño.
  9. ¿Varía su alimentación?
    Procura reducir las tomas en cantidad y hacerlas más frecuentes. Si el niño vomita, no es necesario que repitas la toma de inmediato, ya que por lo general la cantidad expulsada no es significativa, aunque es probable que el niño te pida comer antes de lo habitual. Si tu hijo es mayorcito, evita el exceso de grasa, el chocolate y las bebidas gaseosas en su alimentación, así como las comidas muy copiosas.
  10. ¿Cuándo es necesario recurrir a la cirugía?
    Sólo en casos extremos o cuando los demás tratamientos no funcionan. La intervención se denomina “funduplicatura de Nissen” y consiste en estrechar el esfínter esofágico inferior (con laparoscopia). Se suelen obtener muy buenos resultados si la intervención la realizan especialistas experimentados.

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