Dermatitis

Aunque la dermatitis en niños es una enfermedad muy pesada, por lo imprevisible y por la inquietud que genera, suele remitir con el tiempo.

  1. ¿En qué consiste la demartatitis en niños?
    Es una afección de la piel con base genética. No es contagiosa. Si el niño presenta síntomas de atopia, quiere decir que reacciona de forma exagerada ante determinadas sustancias y estímulos externos, lo que se traduce en una mayor tendencia a las reacciones inflamatorias de la piel y/o a procesos alérgicos específicos (rinitis alérgica, bronquitis asmáticas...).
  2. ¿Cuáles son los síntomas?
    Placas rojizas con granitos y picor repentino y duradero que implica un incontrolado rascado, lo que favorece la aparición de brotes de eczema (inflamación, enrojecimiento de la piel, descamación, etc.).
  3. ¿A qué zonas suele afectar?
    En los lactantes aparece habitualmente en cara y cuello, a partir de los 2-3 meses de vida. Entre los 2 y los 7 años se suele focalizar en las zonas de extensión de las articulaciones (pliegues de brazos y piernas, ingles).
  4. ¿Influye el estrés?
    Aunque no son los responsables directos, los nervios y las situaciones estresantes (vuelta al cole, cambio de cuidadora, etc.) influyen en cualquier enfermedad de corte genético-inmunológico. Hay que intentar que el niño viva estas circunstancias de tensión dentro de un ambiente lo más tranquilo y relajado posible.
  5. ¿En qué época se da más?
    La dermatitis en niños se suele dar más en primavera y otoño, ya que los niños afectados tienen una piel muy sensible a cambios ambientales bruscos. Aun así, el verano no está libre, hay que evitar el cloro de la piscina. Los baños de mar y el sol, con protección, van bien.
  6. ¿Se puede curar?
    Hoy por hoy, los tratamientos que se aplican no curan. Permiten controlar los síntomas y signos (picor, eczemas...) según van apareciendo y contribuyen a reducirlos. Pero, aunque la alteración genética que provoca la dermatitis en niños prevalezca, su manifestación física desaparece en muchos casos cuando el niño cumple 6 o 7 años, por un proceso de autocuración del organismo.
  7. ¿Se puede curar?
    Los corticoides tópicos, ya sean en crema o pomada, siguen siendo los más eficaces ante brotes agudos de eczema. El dermatólogo indicará el más adecuado según vaya reaccionando y evolucionando el niño. En una segunda línea se sitúan el tacrolimus y el pimecrolimus, que se pueden aplicar a pequeños (siempre que sean mayores de dos años) que no responden a los corticoides. Los antihistamínicos orales pueden ayudar a disminuir el picor y la inflamación. Pero, atención, sea cual sea el tratamiento a seguir, debe realizarse siempre bajo la estricta prescripción y seguimiento de un dermatólogo.
  8. ¿Qué hábitos se deben adoptar?
    Los baños del niño han de ser cortos y con agua templada (mejor optar por la ducha), ya que una exposición excesiva al agua favorece la sequedad de su piel y el brote de dermatitis. Usar jabón de glicerina o simplemente agua y una esponja natural. Secarle sin frotar. Mantener su piel muy hidratada; usar crema o leches hidratantes grasas. Debe llevar las uñas cortas y limpias para que no se haga heridas al rascarse. Si usa pañal, cambiárselo a menudo y asearle el culete con agua y jabón (las toallitas son más agresivas). Vestirle con ropa de algodón e hilo y con zapatos bien ventilados.
  9. ¿Y qué hay que evitar?
    Los jabones perfumados y colonias. Apretarle mucho el pañal a la cintura y las ingles. Abusar de la calefacción o abrigarle en exceso (el sudor contribuye al brote). Lavar sus ropitas con detergentes agresivos o con suavizante. Poner moquetas, cortinajes y otros enseres en su cuarto que favorezcan la acumulación del polvo y la aparición de ácaros. Pulverizar sustancias irritantes.
  10. ¿Cómo deben actuar los padres?
    Sin perder la calma ni obsesionarse. Aunque es una enfermedad muy pesada, por lo imprevisible y por la inquietud que genera en el niño, suele remitir con el tiempo. Conviene no tratar al afectado como a un enfermo y procurar que haga una vida lo más normal posible. Los pequeños con dermatitis atópica suelen ser muy nerviosos y espabilados -se dan cuenta de todo- y la inquietud y desconcierto de los padres ante esta situación no les ayuda a sobrellevar el problema.

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