Monitorización fetal en el embarazo: ¿para qué sirve?

Gracias a la monitorización, una prueba que se hace poco antes de dar a luz y en el parto, el tocólogo puede controlar el bienestar del bebé al final de la gestación y durante el nacimiento.

 

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¿Cuándo se hace y para qué?

Aproximadamente dos semanas antes de salir de cuentas, tu tocólogo te mandará que te sometas a la primera monitorización.

Se trata de una prueba no invasiva que dura unos veinte minutos y que tendrá en cuenta dos variables: la dinámica uterina (es decir, si existen contracciones que indiquen la inminente llegada del parto) y la frecuencia cardiaca fetal, el indicador con el que se mide el bienestar de tu bebé.

Más tarde, una vez que comience el trabajo de parto, la monitorización permitirá a tu tocólogo conocer si la calidad de tus contracciones es buena (si son efectivas, el bebé comenzará a desplazarse poco a poco hacia el canal vaginal) y si tu hijo se recupera normalmente después de cada una de ellas.

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¿Cómo se hace la monitorización?

En el embarazo
Recostada en una camilla, te aplican en la tripa el mismo gel de las ecografías y te colocan dos cinturones: uno en la parte alta del abdomen, que mide los movimientos fetales y las contracciones, y otro donde esté situado el bebé (conectado a los altavoces) para medir su frecuencia cardiaca.

En el parto
Si no has roto aguas se hace igual que la del embarazo, aunque a veces con un monitor portátil que te permite caminar. Una vez que se ha roto la bolsa a veces se opta por conectar un pequeño receptor a la cabecita del bebé para medir sus latidos y otro a las paredes del útero para medir las contracciones.

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¿Qué mide exactamente?

El cardiotocógrafo mide seis variables diferentes, cuatro tuyas y dos de tu hijo, lo que hace que sea una prueba extremadamente fiable a la hora de valorar si todo progresa con normalidad.

Cada una de estas variables queda reflejada en una gráfica con diferentes líneas, que podrás ver tanto en la pantalla del monitor como impresas en una banda de papel continua similar a la de los electrocardiogramas.

• Movimiento fetal. Aunque al final del embarazo el bebé se mueve mucho menos debido al reducido espacio que tiene dentro del útero, todavía realiza pequeños movimientos que el cardiotocógrafo registra en la misma gráfica que las contracciones y que son señal de que todo transcurre con normalidad.

• Frecuencia cardíaca fetal. Una de las variables más importantes, porque indica si existe falta de bienestar fetal. Entre contracción y contracción el corazón del bebé late a 160-180 pulsaciones por minuto y durante las contracciones puede bajar a unos 80 latidos.

• Dinámica uterina. Mide la calidad de las contracciones teniendo en cuenta cada cuánto ocurren, cuánto duran y cómo son de intensas.

 • Tensión de la madre. Se considera normal que la embarazada mantenga una tensión constante durante el parto de 13/6 (siempre es algo más elevada de lo normal). Si la gráfica indica que es más baja, puede que la madre se maree durante la fase expulsiva. Y cuando la tensión es demasiado alta puede acarrear complicaciones serias, por lo que a veces se opta por realizar una cesárea de urgencia.

• Pulso de la gestante. A medida que avanza el parto es normal que la madre se vaya encontrando más cansada, especialmente en partos prolongados. Si su pulso disminuye por debajo de 60 pulsaciones por minuto puede ser un indicador. O, más preocupante, si se eleva a 140 pulsaciones. El médico intervendrá para intentar acortar la fase expulsiva.

• Grado de oxigenación de la madre. Lo miden con una pinza que te ponen en el dedo. Si es bueno (cercano al 100%), significa que la placenta recibe suficiente aporte de oxígeno para pasarlo al bebé a través del cordón umbilical y conseguir que éste se recupere eficazmente después de cada contracción.

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¿Es lógico que haya fluctuaciones?

Sí, claro, no te alarmes si ves que en la gráfica se producen unos picos muy marcados y otros que no lo son tanto. Aunque te parezca que no tienen sentido, en las maternidades están acostumbrados a interpretarlos rápidamente.

La línea que aparece en la parte superior de la gráfica es la que mide la frecuencia cardíaca del feto. Durante el embarazo ésta sube y baja cuando el pequeño se mueve y durante el parto disminuye durante las contracciones y vuelve al nivel normal cada vez que el bebé se recupera de ellas.

En la línea que aparece en la parte inferior de la gráfica quedan reflejados tanto los movimientos fetales como las contracciones uterinas. Cuando el bebé se mueve ésta sube y baja ligeramente, mientras que cuando se producen las contracciones la línea asciende mucho en la gráfica y se queda mantenida a ese nivel hasta que pasa la contracción, momento en el que empieza a descender.

Por otra parte, tampoco debes alarmarte si escuchas una gran variación en los latidos de tu hijo (el cardiotocógrafo tiene unos altavoces que te permiten escuchar su corazoncito). En un bebé sano el corazón late mucho más deprisa que en un adulto, entre 120 y 160 pulsaciones por minuto. Y éstas descienden casi a 70 durante las contracciones o aumentan cuando se está moviendo.

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¿Estas cosas son normales?

Puede que en la primera monitorización te sorprendan cosas que tienen su razón de ser.

- Que el corazón del bebé lata muy rápido. Sí, lo normal es que lata casi al doble que el de un adulto, es decir, entre 120 y 160 pulsaciones por minuto.
- Que sus latidos no varíen y no haya fluctuaciones. Se ha dormido. El tocólogo esperará diez minutos y te pedirá que cambies de posición o que bebas algo azucarado para que se despierte y se mueva.
- Que de repente dejes de escucharle. El bebé ha variado de posición y el cardiotocógrafo no capta sus latidos; te cambiarán de lugar el cinturón.

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Si algo va mal, ¿cómo lo indica?

Las contracciones, además de dilatar el cuello del útero y ayudar al bebé a descender por el canal de parto, tienen otro efecto: mientras duran se reduce el aporte de oxígeno a la placenta y, por tanto, la cantidad que le llega al niño.

Si en las contracciones el latido del bebé disminuye a menos de 60 pulsaciones o si aumenta a más de 200, puede ser indicativo de que no se encuentra bien. Igual que si tarda mucho tiempo en recuperarse después de cada contracción.

En el primer caso la gráfica reflejará bajadas y subidas muy acentuadas. En el segundo, se mantendrá por debajo del límite normal durante varios segundos después de que la contracción acabe.

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Así actúa en este caso el especialista

Si el tocólogo cree que al bebé no le está llegando suficiente oxígeno, y si el parto ya está suficientemente avanzado, tomará una gota de sangre de su cuero cabelludo para medir su nivel de oxigenación.

Si el resultado no es el esperado, lo más probable es que decida practicar una cesárea para evitar que la falta de oxigenación prolongada pueda causar problemas importantes o que, debido al estrés en el que se encuentra, el bebé expulse el meconio (mezcla de líquido amniótico y secreciones estomacales), que al ser aspirado podría producirle una obstrucción bronquial o una infección.

Si este fuera el caso, lo tratarían en la unidad de neonatos con antibióticos después del nacimiento hasta que se recuperase. Pero tranquila, es algo que ocurre en contadísimas ocasiones.

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