Miedo al parto, cómo vencerlo

La mayoría de las embarazadas experimentan ciertos temores antes del parto. Te damos las claves para superar los seis más comunes y confiar en ti misma y en el bebé que va a nacer. ¡Ánimo!

 

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Me aterra no soportar el dolor de parto

Probablemente desde que estás embarazada te habrán llegado toda clase de informaciones que llenan tu cabeza de temores sobre lo doloroso que resulta el parto.

No prestes atención a esas historias. Ten presente que cada parto es diferente, incluso los de una misma mujer. Lo importante es confíes en tu médico, en la medicina y, sobre todo, en ti misma.

Asiste a los cursos de preparación al parto. El aprendizaje sobre el parto, sobre el funcionamiento de las contracciones y sobre el transcurso y la duración de cada fase, y qué puedes hacer en ella, es la forma más eficaz de enfrentarse a esta ansiedad.

Habla con tu ginecólogo sobre la epidural. Si decides ponértela, las técnicas de relajación y de respiración que has aprendido en los cursos de preparación al parto te ayudarán a mantener la tranquilidad en las primeras horas (la epidural se suministra cuando se han dilatado unos 4 centímetros y tarda unos 20 minutos en hacer efecto). Aunque también es tranquilizador saber que esas contracciones son las menos dolorosas y las que se producen en intervalos de tiempo mayores.

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Me angustia pensar que el niño pueda estar mal

El temor a que el recién nacido presente alguna malformación o alguna discapacidad es uno de los más recurrentes y también uno de los que aparecen con mayor frecuencia en los sueños de las embarazadas.

No te agobies. Apenas un 3% de los recién nacidos presentan algún problema de este tipo. Puede parecer una cifra considerable, pero es que en la mayor parte de estos casos se trata de defectos o problemas tan minúsculos que ni siquiera precisan tratamiento o intervención médica. “Actualmente se hacen todas las pruebas necesarias, análisis, ecografías... gracias a las cuales la embarazada podrá estar tranquila sobre el estado de su bebé.

Habla sobre estos temores. Con tu pareja, con tu médico, con otras embarazadas, en las clases de parto... El mero hecho de comunicarse alivia la tensión.

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Me preocupa estar sola en el parto

Algunas embarazadas se plantean si es una buena idea que el futuro papá esté en el parto, si no le ven muy dispuesto. Tener a alguien de confianza siempre ayuda, pero no tiene por qué ser el futuro padre. Por otra parte, las hay que deciden ir solas. O que han de quedarse solas en determinadas circunstancias.

Habla con el médico. Él te dirá si tu acompañante va a poder asistir al parto. En la mayor parte de los casos podrá hacerlo, pero algunos centros no lo permiten. Eso sí, si el parto es por cesárea o es preciso emplear instrumental, lo más seguro es que no pueda estar. También es fundamental que hables sinceramente con tu pareja. Si él no está preparado o no se siente capaz de asistir al parto, planteaos la posibilidad de que pueda acompañarte otra persona que sí te dé confianza.

No te dejes intimidar. Si por cualquier causa no puedes tener a nadie contigo, no te agobies. Lo importante es que todo salga bien y, aunque acompañada te sientas mejor, podrás conseguirlo sola perfectamente.

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Tengo miedo a que el parto se adelante

Cerca de un 10% de los partos se producen antes de la fecha de término. De ellos, la mayoría ocurren entre la semana 32 y la 37, así que entra dentro de lo posible que tu parto se adelante. ¡Pero sólo de lo posible!

Sé un poco previsora. Ten preparado al menos lo indispensable, por si el parto llega antes de lo previsto.

No te preocupes. Si efectivamente se adelantara, piensa que en principio no debes preocuparte por tu bebé. Los avances en Obstetricia y Neonatología han mejorado muchísimo las posibilidades de supervivencia y la calidad de vida incluso de los bebés más pequeños.

Piensa en positivo. Aunque el niño tuviera que permanecer en la incubadora después del parto, ten claro que allí estaría en las mejores manos. Y luego, en casa, tendrás todo el tiempo del mundo para disfrutar de él.

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Me agobia que el parto pueda torcerse

Más corto o más largo, con instrumental o sin él, por vía vaginal o por cesárea... El caso es que todos los partos tienen el mismo desenlace: el nacimiento del bebé.

Ten confianza. Las técnicas modernas de diagnóstico, el control prenatal, la monitorización durante el parto, la posibilidad de hacer una cesárea en cualquier momento... son avances que han hecho disminuir mucho este riesgo. Durante el parto el bebé está controlado mediante un monitor y eso permite actuar en el momento en el que detectemos cualquier atisbo de pérdida del bienestar fetal. Por otra parte, las cesáreas evitan los riesgos que antes existían cuando la presentación del bebé o algunos otros factores podían complicar el parto.

Mantente tranquila. Si las cosas no salen como esperabas, los nervios no te servirán de nada. Cuando el parto deja de depender de ti, lo mejor es que te relajes y colabores: quizá tengan que ponerte oxitocina (para favorecer las contracciones); tal vez tengan que utilizar ventosa o anestesiarte para utilizar el fórceps... El médico hará lo que sea mejor para el bebé y para ti.

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Me asusta entrar en un paritorio

Hay mujeres que entran por primera vez en un hospital cuando van a dar a luz. La mera idea de estar ingresada en un centro sanitario puede provocar un profundo rechazo en estos casos.

No te dejes impresionar. Es cierto que un paritorio no es un lugar acogedor: luces, instrumental médico, monitores... Pero no te agobies, céntrate en lo importante y procura prescindir de lo accidental: lo esencial es que tu hijo nazca bien.

Confía en tu médico. Y también en los medios con los que cuenta el hospital. Es fundamental para evitar cualquier inquietud: ellos te van a ayudar a que todo salga bien. Y, desde luego, confía en ti misma, en que puedes hacerlo, no importa el lugar en el que estés.

Busca una alternativa. Si prefieres dar a luz en un entorno más agradable (en tu casa, por ejemplo), puedes buscar la solución, pero debes prepararlo con tiempo, y siempre con un médico tocoginecólogo, para que nada quede abierto a la improvisación.

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