Por qué te conectan el monitor fetal

La monitorización permite registrar las contracciones de la madre y el latido cardiaco del niño, detectando cualquier problema que surja al final del embarazo o durante el parto. Parece un método ideal, ¿pero presenta algún inconveniente?

El cardiotocógrafo (CTG) o monitor fetal es un aparato que registra los latidos del bebé y las contracciones del útero, reflejándolas en una pantalla e imprimiéndolas en un papel termosensible. Esta técnica surgió en Uruguay en los años 60 y fue ideada por el doctor Caldeiro Barcia. Es un método no invasivo (no implica pinchazos ni ningún tipo de dolor), que puede realizarse de dos maneras: externa o interna.

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DOS FORMAS DE MONITORIZAR

La monitorización externa se suele emplear en el último mes de gestación. Consiste en colocar dos placas sobre el abdomen de la futura mamá, sujetas por dos cinturones, y sirve para comprobar si el niño está bien. Los valores registrados en el papel termosensible son comparados por los médicos con las ecografías realizadas previamente a la embarazada, con el fin de obtener el perfil biofísico del bebé más preciso posible. En caso de que la prueba detectara alguna anomalía, volvería a repetirse y se realizarían otras complementarias, para verificar qué está ocurriendo y poder tomar a tiempo las medidas oportunas.

Dada la utilidad de esta prueba, las futuras mamás son sometidas a ella de una forma rutinaria desde hace ya varios años. Ahora bien, para que el médico pueda interpretar los parámetros correctamente y evitar el riesgo de un diagnóstico equivocado, no debe realizarse antes de la semana 36. Además, aunque también existen monitores móviles, que se usan durante la dilatación para que la madre pueda tener más libertad, con éste la madre debe mantenerse inmóvil, no sólo para que los sensores no se desplacen, sino también para evitar que el especialista pierda el foco del feto.

La monitorización interna se emplea más durante el parto, una vez que se ha roto la bolsa de aguas, y ofrece datos aún más fiables que la externa. Aprovechando la dilatación que produce cada contracción, el médico introduce un catéter en la cavidad uterina de la madre, a través de la vagina, y coloca un electrodo en el cuero cabelludo del bebé. Así se consigue una mejor traducción del ritmo de sus pulsaciones.

ENTRARÁS MÁS TRANQUILA AL PARITORIO

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Ninguno de los dos tipos de monitorización afecta al bebé. Según el doctor Eduardo García del Real: "Es un método totalmente inocuo, sin riesgos ni posibilidad de error de cálculo". Sin embargo, hay médicos que sólo son partidarios de utilizarla cuando es estrictamente necesario, argumentando que el electrodo puede causar una ligera inflamación en la cabeza del bebé. Su objeción es cierta, pero también lo es que este problema suele solucionarse en unos días, por sí solo.

Sin duda, saber que vas a estar controlada en todo momento (una vez que empieza el parto, la monitorización es continua) y cómo se lleva a cabo ese control, te hará entrar más serena y segura al paritorio.

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