Estar o no estar...

Alentar, apoyar, calmar,masajear… el futuro papá puede hacer mucho para ayudar a su mujer en el parto, siempre que esté preparado para asistir al gran acontecimiento.

En las últimas décadas los futuros padres se han ido involucrando cada vez más en el embarazo de sus parejas: asisten a los cursos preparatorios, viven con entusiasmo la primera ecografía e incluso, algunos sufren cambios en los niveles hormonales durante las gestaciones de sus parejas, que los expertos denominan “embarazos empáticos”.

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Dicho esto, sería injusto privarles de una de las experiencias más inolvidables que la Naturaleza les va a brindar: asistir al nacimiento de sus hijos.

LO BUENO DE ESTAR PRESENTE

En los primeros días, y en especial en las primeras horas de vida, los bebés tienen mayor habilidad para establecer fuertes vínculos afectivos con las personas que conocen y se encuentran más cerca de ellos. Gracias a la emotividad que se vive en el momento del parto, los hombres experimentan grandes dosis de ternura y sentimientos que les ayuda a encontrar antes la manera de comunicarse con el bebé a través de caricias, besos, abrazos...

Este contacto físico aumenta en ambos la producción de oxitocina, conocida como “la hormona del amor”, ya que cuanto más elevados tenemos sus niveles, más vínculos afectivos creamos, y más intensos son.

En cuanto a la madre, encontrar apoyo en uno de los momentos de mayor incertidumbre de su vida (sobre todo si es primeriza) para enfrentarse a sentimientos tan dispares como la emoción y la alegría por el inminente nacimiento y el miedo al dolor y a lo desconocido, es muy importante.Y es que siente el respeto y la admiración de su pareja, será más fácil que no pierda el control de la situación.

Y LO QUE YA NO ES TAN BUENO...

Por muy demostrados que estén los beneficios de la asistencia del hombre al parto, hay parejas que opinan lo contrario y deben ser respetadas. Algunas mujeres temen exponer su genitalidad en el momento del parto y prefieren que únicamente esté presente el personal sanitario. De hecho, para un hombre la imagen de un parto vaginal puede resultar traumática y si no está preparado es posible que acarree más inconvenientes que beneficios. También es importante valorar cómo reaccionará el hombre si el parto no resulta todo lo sencillo que se esperaba.

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Según estudios recientes, los bebés nacidos de partos complicados cuyos padres experimentaron miedo, angustia e impotencia a la hora de ayudar a sus parejas, lloraban mucho más durante los primeros meses de vida que aquellos otros cuyos padres habían vivido la experiencia de un parto así como algo positivo, por haberse sentido útiles.

¿Y SI EL PADRE QUIERE Y NO LE DEJAN?

Puede ocurrir que la pareja esté totalmente decidida a entrar en el paritorio y el tocoginecólogo se lo prohíba. Cuando la dilatación se ha producido sin problemas y se prevé que la expulsión se desarrolle de la misma manera, el médico no tendrá inconveniente en que el papá esté presente, incluso si es necesario recurrir al uso de instrumental médico como fórceps o ventosa en el último momento.

Ahora bien, si la cosa se complica y, por ejemplo, hay que hacer una cesárea de urgencia, el padre esperará fuera, ya que en ese caso estamos hablando de una intervención quirúrgica. Con la cesárea programada sucede lo mismo. Es una operación en toda regla y, por ello, la mayoría de los especialistas prohíben la entrada de las parejas al quirófano.

UNA PREPARACIÓN EXHAUSTIVA

Si estás convencida de que tu pareja te acompañe, no está de más que empiece a prepararse para ello. Adviértele que, por mucho que le quieras, es muy probable que le grites unas cuantas veces. Y es que, puestos a compartir experiencias, ¡ya podríamos compartir un poco la de las contracciones!

Pregúntale abiertamente si quiere asistir al parto. Acepta sus miedos, si los tiene, y discutidlos juntos, pero nunca le coacciones o chantajees si te dice que prefiere no estar presente. Asistid juntos a las clases de preparación al parto. Cuanta más información tenga de lo que va a pasar, mucho mejor.

Practicad a menudo las respiraciones y pídele que aprenda a darte masajes en la parte baja de la espalda. Es fundamental que se sienta útil y activo en el parto. Hablad de lo positivo que va a ser coger al recién nacido en brazos y acordad que visualizaréis esa imagen en los momentos difíciles. Enfrentarse a la situación en equipo os ayudará a los dos.

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