Amor maternal: ¿y si tarda en aparecer?

Si te ocurre, no te agobies. Hay muchos factores que pueden provocar esta situación, que es normal y pasajera.

 

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Feliz de ser madre... ¿o no?

Justo tras el parto colocarán al bebé sobre tu tórax, un lugar calentito y cómodo, donde se tranquilizará después del estrés de nacer. Será la primera vez que lo veas, lo toques, lo huelas... La sensación será indescriptible. Muchas madres dicen haber sentido entonces la emoción más intensa de su vida, un “flechazo” con mayúsculas.

Pero no siempre ocurre así; a veces este amor tan fuerte surge unos días después, cuando la madre se siente con más fuerzas y se maneja mejor con el bebé.

Si te ocurre, comprender los posibles motivos por los que el amor maternal puede tardar algo más en aparecer y vivir la situación sin culpabilidad hará que en poco tiempo todo funcione bien y te sientas estupendamente.

Razones físicas y emocionales

Si el parto ha sido extenuante, han surgido complicaciones o han tenido que practicarte una cesárea, puede que no tengas fuerzas ni ánimo para alegrarte al ver a tu hijo. También en los siguientes días tu estado físico puede impedirte disfrutar plenamente de tu condición de madre. La primera semana es la más dura, sobre todo si te estás recuperando de una cesárea o una episiotomía. Tu cuerpo se ha vuelto extraño, sigues sangrando, tienes la tripa hinchada, sientes entuertos (contracciones dolorosas del útero)... Puede que incluso el dar de mamar, una experiencia que imaginabas maravillosa, te resulte molesto.

Sentimientos de tristeza

Por otra parte, los cambios hormonales hacen que tus sentimientos estén a flor de piel. Y tus altibajos emocionales serán más intensos si normalmente acusas cambios de humor con los ciclos menstruales. El desajuste hormonal que ocasiona el fenómeno conocido como “baby blues” (tristeza del bebé) afecta a una de cada dos madres, tarda en pasarse menos de una semana y es especialmente fuerte unos tres días después del parto. Si lo padeces, te sentirás melancólica, triste, con ganas de llorar ante la menor contrariedad (cuando le curas el cordón a tu hijo, si se te cae uno de sus patucos...).

En cuanto empieces a recuperarte y vayas organizándote mejor, esa sensación de tristeza se irá por donde ha venido y te sentirás feliz y con mucha más energía. Pero si en lugar de verlo todo cada vez más fácil lo ves más difícil, puede que estés teniendo una depresión postparto. Díselo a tu médico para que te ayude a recuperar el ánimo.

Miedo a no saber cuidar bien del bebé

A todo ello se une un sentimiento (lógico) de inseguridad. Eres nueva en esto de ser mamá, y te da miedo coger al bebé y cambiarlo, no sabes por qué llora ni si ha comido suficiente... La preocupación y las dudas relacionadas con el cuidado del bebé son normales en el postparto, hoy más que nunca. Antes era muy habitual haber participado en los cuidados de algún niño (hermano, sobrino, etc.) antes de ser madre; ahora, sin embargo, el primer hijo suele ser el primer bebé que la madre cuida.

Calma y confianza

Lo más importante para mantener la calma es recordar que el llanto de tu bebé es su única forma de lenguaje; no lo interpretes como una llamada de socorro o te angustiarás. Escúchale y obsérvale, con el tiempo aprenderás a saber qué le pasa.

La vida te enseña a ser madre, confía en tu instinto y criterio. Leer publicaciones serias sobre el tema o preguntar al especialista o a personas cercanas que tienen hijos, te ayudará a ganar seguridad.

¿Qué hago para sentirme bien?

Tener preparado lo que necesitaréis cuando nazca el bebé, tomarte esta nueva época con calma y no preocuparte por cosas secundarias, como el desorden de la casa, es la fórmula ideal para minimizar los cambios negativos y centrarse en los positivos.

6 pautas que ayudan

Aunque en teoría parezcan obvias, a veces es difícil darse cuenta de que no se están poniéndo en práctica. Toma nota:

- Descansa cuando lo necesites. Procura dormir siempre que tu bebé lo haga y cuando te sientas cansada, sin sentirte culpable ni pensar que el padre no va a ser capaz de cuidar al niño tan bien como tú.  
- Limita las visitas de familiares y amigos. Piensa que ahora lo que importa es el bienestar del bebé y el tuyo. Pon horarios de visitas y aprovecha las de las personas con las que tengas confianza para conseguir ayuda a la hora de echar una mano con la casa o la compra.
- Confía en tu instinto. Gracias al vínculo afectivo que creas con tu hijo en el embarazo y en estos primeros días, tú le entenderás y le cuidarás mejor que nadie. Tranquila, lo harás muy bien.
- Mantén la calma. Los cambios de humor, que son frecuentes, pueden confundirte y hacer que lo veas todo negro. Quítales importancia y no te dejes llevar. Poco a poco se irán apaciguando.
- Pide ayuda. Todos los que te quieren desean ayudarte, pero tal vez no sepan cómo hacerlo. Decirles lo que necesitas hará que tú estés más tranquila y que ellos también se sientan útiles.
- No te exijas demasiado. Lo más importante ahora es que tu bebé y tú estéis tranquilos, os conozcáis y descanséis. Prioriza esto por encima de otras cosas.

El padre, igual de implicado que tú

Para que ese amor entre la madre y el bebé se afiance, tan importante como aplicar las pautas anteriores es que el padre del bebé se implique en el día a día familiar. Así, además, favorecerá también su unión con su hijo. Hablad entre vosotros para comprender cómo os sentís y decidid una forma de actuar común.

Buenas ideas

Si el padre las pone en práctica desde el principio, todo irá mucho mejor.

- A la hora de cuidar al bebé. Estableced turnos para atenderle cuando llora por la noche, ocuparse de su baño, vestirle, llevarle de paseo...
- A la hora de cuidarte a ti. Mantener la calma y el sentido del humor, minimizar (sin burlarse) tus periodos de tristeza, comprenderte y asumir un papel de apoyo que favorezca el afianzamiento de tu vínculo con tu bebé son actitudes básicas para fortalecer vuestra unión como pareja y sentar una buenas y positivas bases para la convivencia armoniosa en la familia.
- A la hora de organizar la “logística”. Encargarse de limitar las visitas de familiares y amigos, realizar el papeleo postparto y organizar las cuestiones de la casa y la rutina de los otros hijos (si los hay) son tareas para el padre. Así, tú podrás dedicarte por entero a cuidar al bebé y a descansar.

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