Tu bebé tiene motivos para quererte

Tú eres la mejor madre para tu pequeño. Y lo eres las 24 horas del día y los 365 días del año. Lo demuestras con cada minuto que le dedicas. Y le das motivos para quererte más que a nadie.

 

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Tu manera de cuidarle

Tu bebé depende de ti para todo. Como al principio no habla, te lo pide llorando. Suerte que tú te conviertes pronto en la mejor intérprete de su llanto. ¿Es por hambre? ¿Tiene calor? ¿El pañal mojado? ¿Necesita mimos? ¿Le duele algo? Con el tiempo os entenderéis cada vez mejor.

Tenlo en cuenta

A veces no sabrás por qué llora, pero lograrás calmarle y eso te reconfortará.

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Las cosas que le enseñas

Es una suerte compartir la vida con una personita que está genéticamente programada para ser feliz y tener curiosidad por explorar y aprender. Cuando tú le vas enseñando cosas, también te sorprendes de lo que aprendes con él: a disfrutar del momento, a descubrir nuevas posibilidades, a asombrarte por todo lo que sucede a nuestro alrededor...

Tenlo en cuenta

Con tu ejemplo le enseñas lo que más permanece.

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Tus mimos, que le dan seguridad

Sabes que necesita tus mimos (caricias, besos, sonrisas...) tanto como el alimento. Al mimarle ahora no le conviertes en un consentido, sino en un bebé seguro de tu afecto que se sentirá fuerte cuando empiece a explorar el mundo.

Tenlo en cuenta

El contacto piel con piel contigo es muy importante para el bebé, sobre todo en los primeros meses, porque favorece su desarrollo.

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El alimento que más necesita

Tu hijo relaciona la comida y la supervivencia, por eso establece un fuerte vínculo de apego con quien le da de comer. Ahí estás tú, que le alimentas con todo el amor del mundo y le das lo mejor que tienes. Por eso te quiere tanto.

Tenlo en cuenta

En los momentos o etapas en los que rechace la comida, no lo tomes como un rechazo a ti. Confía en su necesidad de comer y haz que éste siga siendo un acto placentero.

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Tu modo de consolarle

Nadie es capaz de consolarle como tú. Los bebés lloran mucho (entre una y tres horas al día, en varios episodios, en los primeros meses), para pedir lo que necesitan o en busca de consuelo. Tu voz la conoce desde el embarazo, el ritmo de tu corazón le tranquiliza, un abrazo tuyo hace disminuir su estrés en un pinchazo...

Tenlo en cuenta

Si necesita llorar para liberar estrés, acéptalo, pero acompáñale.

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Vuestros juegos compartidos

Jugar es el “trabajo” de tu hijo, porque le divierte y es su forma de aprender. Lo sabes porque tú eres su compañera de juegos. Por eso le haces volar como un avión, ocultas tu cara tras un pañuelo para mostrarla y provocar su risa o te tiras al suelo para estar a su altura y jugar como él.

Tenlo en cuenta

Cuando esté jugando solo, no le interrumpas, pero responde si te pide atención.

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