Ha nacido una madre

Tu hijo no sólo ha cambiado tu vida, también te ha transformado a ti. Ahora aceptas mejor los imprevistos, disfrutas más de los pequeños placeres... Descubre cuánto te beneficia la maternidad.

La llegada de un hijo es uno de los cambios más esenciales en la vida.

Ser responsable de un ser tan indefenso y adorable pone patas arriba tu ritmo diario, altera tus emociones, reduce tu tiempo de pareja y tu vida social... Y aun así, estás segura de que tu bebé es lo mejor que te ha pasado nunca.

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La maternidad te aporta mucho más de lo que jamás hubieras imaginado y te transforma en muchísimos sentidos. ¿Quieres descubrir cómo?

DESPIERTA EN TI UN AMOR INCREÍBLE

Nada ni nadie despierta tanto amor en una madre como su hijo. Pero, además, es un sentimiento distinto a cualquier otro, en el que se mezclan ternura y afán de protección.

“Cuando nació Iván me sentía como una leona, dispuesta a atacar a quien no lo tratara con cuidado”, explica Lourdes, mamá de un bebé de 6 meses.

Y este amor tan especial influye positivamente en el resto de relaciones (la pareja, los propios padres...).

Eso sí, sentirte así te da confianza en ti misma, pero también te vuelve más sensible y hace que contemplar el dolor ajeno (como una noticia de guerra o hambruna) te afecte más que antes.

  • Una reflexión. A veces este amor tan fuerte tarda en aparecer. Según un estudio holandés realizado con madres recientes, 36% de ellas se enamoraron inmediatamente de su hijo, 42% se sentían algo desconcertadas y 22% estaban absortas en sus propias sensaciones físicas tras un parto difícil. Pero con el tiempo todas se sintieron profundamente vinculadas con su pequeño: cuidar de él hizo que esa unión surgiera por sí sola.

    TE ENSEÑA A VIVIR EL MOMENTO

    Antes de que naciera tu hijo, tenías tiempo para ti. Ahora, entre él y tus obligaciones externas, eso se ha acabado.

    Sin embargo, la maternidad llega acompañada de la capacidad para vivir y disfrutar del tiempo más conscientemente, en lugar de ir de una actividad a otra de forma automática.

    “Antes yo era la típica adicta al trabajo, hacía varias cosas a la vez e iba siempre acelerada –cuenta Carmen–. Pero ahora, cuando doy el pecho a mi hijo se me pasa el tiempo mirando su carita, su cuerpo, sus manos... Me olvido del resto del mundo”.

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    Un bebé enseña lo que es vivir plenamente el momento, desconectando de lo demás, y descubre pequeños placeres que antes pasaban inadvertidos. Y esto, además de hacerte feliz, te ayuda a combatir el estrés.

    De hecho, hay una terapia para personas con ansiedad, llamada mindfulness, que se basa en centrarse en el presente, siendo plenamente consciente de lo que se está haciendo y sintiendo en cada instante.

    • Una reflexión. Puedes potenciar aún más esa capacidad de vivir plenamente. Para ello, dedica varios días a realizar una actividad concreta agudizando todos tus sentidos. Por ejemplo, pasea con el bebé por un jardín y concéntrate en observar la cara del niño y lo que vas viendo, en diferenciar los sonidos que te rodean, en sentir el aire en tu piel, en distinguir los aromas de las plantas... Poco a poco ve ampliando las actividades que realices así.
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