Métodos anticonceptivos de barrera

Los métodos de barrera evitan que ocurra un embarazo colocando una barrera entre el espermatozoide y el óvulo. Una de las ventajas es que protege contra las enfermedades de transmisión sexual.

Métodos de barrera

Si por cualquier motivo deseas utilizar un anticonceptivo que no sea un sistema hormonal, puedes recurrir a otros métodos de anticoncepción, que impiden físicamente que los espermatozoides alcancen el óvulo.

Tienen ciertas ventajas: además de proteger contra las enfermedades de trasmisión sexual, no afectan a las hormonas, no tienen efectos secundarios, no interfieren en la lactancia y los podréis usar tan pronto como estéis preparados para reiniciar la actividad sexual tras el parto.

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De hecho, serán una buena solución mientras te decides por otro sistema anticonceptivo.

Como desventajas: no pueden usarlos quienes sean alérgicos al látex (salvo los específicos para evitar esta alergia, fabricados en otro material), pueden resultar caros si tienes muchas relaciones y hay que tener cuidado de ponerlos correctamente para evitar fallos.

Los principales métodos de barrera son el preservativo o condón masculino, el preservativo femenino y el diafragma.

El preservativo masculino

Es una delgada funda, fabricada en látex o poliuretano, que se coloca en el pene cuando está en erección. Su principal ventaja es que no necesitas acudir al ginecólogo si deseas utilizarlo y no has de esperar desde tu parto.

El preservativo femenino

Es una fina bolsita de poliuretano, fácil de colocar, que tiene dos anillos: el interno se sitúa en el cérvix y el externo, en la salida de la vagina. “Tiene la ventaja de que se puede colocar una hora antes de la relación sexual y, además, lo pueden usar los alérgicos al látex”, sostiene la ginecóloga del Instituto Marqués.

El diafragma

Es un dispositivo de látex en forma de aro que se introduce en la vagina para tapar el cuello uterino y evitar la entrada de esperma.

Aunque ya lo utilizases antes de tu embarazo, tu ginecólogo deberá probarte uno nuevo, ya que en ocasiones tras el parto las medidas de la vagina varían. “No protege frente a las enfermedades de transmisión sexual y su colocación puede ser difícil para algunas mujeres. Cada vez se utiliza menos”, explica Valladares.

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