Protegidos frente al sol

El sol es un buen euforizante, ayuda a combatir la depresión, nos hace sentir más vitales y contribuye a que nuestro organismo tenga unos niveles correctos de vitamina D. Pero debe tomarse con precaución: hazlo con un protector solar de alto índice y disfrutarás de una piel hidratada, cuidada y bien bronceada.

No todas las personas somos iguales frente al sol; unas pieles reaccionan mejor que otras (no es igual una piel blanco-lechosa que una trigueña), incluso el mismo individuo puede tener reacciones diferentes de un año a otro. Por tanto, ante el sol, siempre precaución.
Cuando empiecen las vacaciones, no te lances a la toalla como una posesa. Tómalo poco a poco (el mecanismo celular del bronceado se activa progresivamente), evita hacerlo entre las 12 y las 4 de la tarde, aplícate previamente un protector solar sin escatimar cantidad ni partes del cuerpo y renuévalo con frecuencia.

Aunque las zonas más expuestas como el rostro (orejas y nariz incluidos), el escote y los hombros son las más cuidadas, existen otras de las que nadie se acuerda, como la nuca, la parte trasera de las piernas, la parte interna de los codos, bajo la barbilla y la línea de unión de la cadera con el biquini. Y también se pueden quemar.

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MAMÁS RECIENTES

Un dato a tener en cuenta: si tienes una cicatriz reciente, por ejemplo, de una cesárea, no la expongas al sol, ya que puede pigmentarse y quedar oscurecida. Por la misma razón si aún tienes línea alba en el abdomen o tienes cloasma en el rostro, aplícate un protector 50+ y si es posible no pongas la zona al sol. Este año alíate con los sombreros, las pamelas, las viseras y, por supuesto, las gafas de sol

Al sol, tan importante como el protector es el agua que aportes al organismo. Tómala en abundancia y si vas con niños, asegúrate de que beben cada poco tiempo, ya que ellos regulan mal su temperatura corporal.

CON LOS MÁS PEQUEÑOS

Lo recomendable en su caso es que, a pesar de llevar camiseta seca y opaca de color claro y gorro y gafas de sol con cristales homologados, permanezcan el mayor tiempo posible a la sombra. Pero como esto es tarea imposible, siempre que tu hijo esté al sol (playa, piscina, jardín, triciclo, jugando a la pelota...), aplícale un producto de alta protección, que filtre los UVA/UVB e infrarrojos A, que sea resistente al agua y a ser posible a los roces de la arena y al sudor.

Aún así, si lleva más de 20 minutos en el agua, o ha sudado mucho, o se ha rebozado en la arena, renuévalo, después de secarle con la toalla (no dejes gotas de agua o de sudor, ya que actúan como lupa sobre la piel).
Si es posible elige para su delicada piel un fotoprotector de los llamados SIN: es decir formulado sin conservantes, sin colorantes, sin perfumes y sin emulsionantes PEG (propilenglicoles). Su uso supone una exposición solar segura y con mucha menos posibilidad de alergia.

Con niños cualquier precaución es poca, por ello no te fíes de los días nublados cuando paseas por la arena o cerca de superficies reflectantes como el césped o el agua o con la brisa fresca del mar. Los UV atraviesan las nubes con facilidad.

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