Bueno para toda la familia

El hecho de que el padre se implique tiene ventajas para todos y aporta mucho al niño.

Participar desde el principio en la crianza del bebé contribuye a que el hombre se sienta “papá”.

Y es que, mientras el cerebro de la mujer adopta un “estado maternal” de modo espontáneo gracias al embarazo y al parto, el del hombre necesita de la interacción con el bebé para alcanzar el mismo estado.

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Cuando cuida de su hijo, su nivel de progesterona aumenta un 20%, lo que hace que sintonice más con el niño y que sea capaz de escuchar más rápido su llanto. Pero además, esta relación padre-hijo provoca que se generen circuitos cerebrales de vinculación entre ellos.

Los beneficios para el peque son indudables. En las familias igualitarias, los padres mantienen relaciones afectivas más intensas con sus niños y éstos son menos vulnerables emocionalmente, tienen un carácter más alegre y rinden más en el colegio.

Además, gozan de mejor salud. Está demostrado, por ejemplo, que la probabilidad de que el niño padezca obesidad es más alta si su padre no se implica en su educación.

Y si hablamos de los efectos sobre la relación de pareja, en las que comparten la crianza existe un mayor nivel de satisfacción emocional, ya que ellos aprecian más el trabajo que realizan ellas y entienden mejor (porque lo viven) lo difícil que es compaginar casa y familia.

Para hacernos una idea de los beneficios para todas bastan las palabras del psicólogo Steve Biddulph, autor del libro “El secreto del niño feliz”: “El padre involucrado alivia la carga de la madre, mejora su crecimiento personal y aumenta el bienestar de los hijos. Éstos no necesitan juguetes caros, sino padres que les dediquen tiempo y jueguen con ellos. Ello enriquece la vida de todos”.

CUÁNTO AYUDA AL NIÑO

Si nos centramos en las ventajas concretas para el niño, una de ellas es que está demostrado que el padre y la madre educan al niño de una forma distinta, y esto es muy positivo para el pequeño. ¿Cómo se relaciona el papá con su hijo en sus primeros años de vida?

  • 0-1 año: Su compañero de juegos. Las diferencias entre ambos progenitores en el modo de tratar al bebé son evidentes ya en esta edad. Mamá le sonríe más, le abraza a menudo y se dedica a cuidarle. Papá no le sonríe tanto pero empieza antes a jugar con él y lo hace con más frecuencia: lo mueve como si volara, esconde objetos para que los busque, le hace muecas y cosquillas, le enseña diferentes objetos...
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    • 1-2 años: Su impulso para ser más independiente. En esta fase el pequeño se vincula más a la persona que más tiempo pasa con él (suele ser la madre); no obstante, el padre es para él una persona muy especial por la que pregunta varias veces al día. Incluso puede desarrollar una preferencia por él. Y es quien le anima para lograr mayor autonomía e independencia.
      • 2-4 años: Su gran ídolo. Para la niña, papá es su primer amor del sexo contrario y puede que durante un tiempo quiera “casarse” con él. Para el niño, su padre es su ídolo, la persona que sabe hacerlo todo, y quiere ser como él, fuerte y poderoso. Por otro lado, la madre tiene más empatía que el padre (en ella se activan “hormonas espejo” al observar una emoción en la cara del hijo). El padre es menos empático y su reacción ante una emoción es evitarla. Esto es útil para poner límites al niño sin dejarse llevar por sus emociones.
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