Yo no entré al parto

Alberto Prieto es el típico padre-roca: protector, fuerte, apacible... Su hijo Álvaro nació prematuro y estuvo en la UCI, pero ya se ha recuperado y se parece a su papá. Nos cuenta cómo vivió el naciemiento de su hijo fuera del paritorio.

Desde que supe que iba a tener a Álvaro asumí que el embarazo y el parto ya eran etapas del camino de la paternidad. Aun así, siempre pensé que yo en el paritorio sería de poca utilidad. No tuve opción de estar en el momento en que nació mi hijo, pero sí antes y después. Y estoy ahora y estaré en todos los momentos de su vida. Ésta es nuestra historia.

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Embarazo, colchonetas y muñecos

Cuando me enteré de que María estaba embarazada decidí aprovechar para operarme de la espalda, una intervención que tenía pendiente, de manera que pasé prácticamente todo el embarazo pegado a mi mujer y a mi hijo. Acompañé a María a todas las visitas al ginecólogo, ecografías y clases de preparación. Recuerdo aquellos meses como una experiencia muy agradable, me divertían las sesiones preparto, aunque no me enteraba de casi nada. Todavía me veo a mí mismo sentado en la colchoneta abrazado a María para practicar las respiraciones o aprendiendo cómo cambiar el pañal a un muñeco que –me di cuenta meses después–, se estaba mucho más quieto que mi hijo. Al final me quedé con cuatro enseñanzas básicas y olvidé casi todo lo demás, pero fueron unos meses muy enriquecedores, en los que María y yo compartimos totalmente la experiencia del embarazo, que transcurrió con normalidad hasta el parto.

Él naciendo y yo en la sala de espera

Álvaro vino al mundo con cinco semanas de adelanto. El 1 de marzo de 2010, a las 11 de la noche, yo me disponía a ir al gimnasio cuando María me anunció que había roto aguas. Era algo inesperado, pero mi carácter es muy tranquilo, así que preparé las cosas de María y nos fuimos al Hospital Quirón de Pozuelo (Madrid). Su ginecóloga decidió no esperar y provocarle el parto. Yo nunca había tenido nada claro lo de estar en el paritorio, pero tampoco tuve la opción de entrar.

Se llevaron a María y me dijeron que tardarían de 20 a 25 minutos. Así que me quedé allí solo, de pie en una sala vacía. La verdad es que no se me hizo largo, ocupé el tiempo en avisar a la familia. No pensaba en nada, sólo en que no hubiera problemas, en que María y Álvaro estuvieran perfectos. Al terminar, salió una enfermera y se dirigió a mí para contarme que todo había salido bien. Y cuando ya llevábamos unos minutos hablando, me di cuenta de que llevaba una incubadora y que dentro estaba mi hijo.

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¡Ni me había enterado de la presencia de mi bebé! Me quedé asombrado, fue una sensación muy extraña, Álvaro llevaba la cabeza tapada y estaba lleno de tubos. Y, mira cómo somos los padres, yo que me puse a divagar pensando: “¿A quién se parece”. Y, claro, no saqué ninguna conclusión, era un bebé muy pequeñito que sólo se parecía a él mismo.

Su primer pañal, la primera caricia

Álvaro estuvo ocho días ingresado en el hospital, tres días en la incubadora y el resto en la UCI. Fue una semana muy cansada, yo repartía mi tiempo entre estar con María e ir a ver a mi hijo al nido. Esta sala era un poco fría, pero todo el calor llegó el segundo día, cuando pude tocarle por primera vez. El tercer día le di mi primer biberón. Ahora soy un experto, he preparado decenas…

Afortunadamente, el niño evolucionó muy bien: nació con 2,395 Kg, pero fue ganando peso rápidamente. Cuando le desentubaron, yo le puse su primer body y su primer pañal. Me sentía torpe, era tan pequeño y se movía tanto…

Ahora, seis meses después, María y yo nos repartimos las tareas muy bien, yo trabajo por la mañana y ella le dedica el día al niño, pero procuro participar en todo. Y puedo decir que los biberones y los pañales son ya pruebas superadas, pero lo que más disfruto es el momento del baño. No me lo pierdo, me gusta estar con María y con Álvaro para cogerle y arroparle. Sí, es cierto que no estuve presente cuando llegó al mundo... pero voy a estar con él el resto de su vida.

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