Enciende la pasión

¿Tu vida sexual ha decaído después de tener hijos? ¿Sientes que el amor y la pasión son los últimos en tu lista diaria de prioridades? Quizá es preciso que empieces a actuar ya.

Acabas de caer en la cuenta de que llevas más de un mes sin hacer el amor con tu pareja y te parece normal. ¿Qué os ocurre? Antes de tener a vuestro primer hijo erais unos apasionados amantes que os buscabais a todas horas y disfrutabais de vuestros encuentros sexuales; cualquier momento era bueno para las caricias y la pasión. Pero tras la llegada de los niños, todo cambió. Falta de sueño y de tiempo, cansancio, responsabilidades nuevas que se unían a las antiguas... Siempre hay algo más importante que el sexo.

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Dicen los especialistas en Tocoginecología que uno de los acontecimientos que más cambian la vida sexual de la pareja es la llegada de un hijo. La “revolución hormonal” iniciada en el embarazo (bajan los estrógenos, sube la prolactina) y, después, los cambios en la vida cotidiana (cuidados del bebé, lactancia...), el cansancio y el miedo a que el coito resulte doloroso provocan la pérdida del apetito sexual en la mujer y la apatía de ambos.

Muchas mujeres confiesan que perdieron el interés por el sexo porque su vidas era el bebé. Psicólogos y sexólogos añaden otras causas: miedo a un embarazo no deseado, dudas (en él, de no resultar interesante; en ella, de no ser deseable) y la creencia de que las relaciones no volverán a ser tan satisfactorias como antes.

En este periodo hay tres medidas para paliar la falta de deseo: la mujer ha de lograr no centrarse sólo en el bebé y prestar atención a la pareja; el hombre ha de implicarse en los cuidados del niño; y ambos deben afrontar la situación de forma realista, sin pedir más de lo que pueden dar.

Hay que saber captar el mensaje de “ahora no, cariño”, sin considerarlo un rechazo. Y un antídoto de base: saber que se trata de una etapa crítica y sexualmente compleja, pero pasajera. Es tarea de la pareja que no se convierta en definitiva.

RESERVAR TIEMPO Y ENERGÍA

Pero a veces ocurre: el tiempo pasa y la situación de apatía sexual amenaza con perpetuarse. No es que no quieras hacer el amor, es que físicamente no te lo puedes permitir, estás agotada, en el límite. La oficina, la compra, la casa, los biberones, las cenas, las nanas... Cuando tus hijos se duermen, lo único que te apetece es hacer lo mismo e incluso puede molestarte que a tu pareja le dé por "ponerse cariñoso".

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Esta desazón es común en muchos hombres y mujeres al pasar de pareja a padres. Las ocupaciones diarias y los desvelos con los niños agotan su energía y su tiempo sin dejar espacio a la pasión. Por difícil que parezca, siempre se puede hacer algo.

No podemos elegir lo que nos pasa, pero sí cómo afrontarlo. Para volver a disfrutar de los encuentros eróticos hemos de darles un lugar en nuestra vida, priorizarlos ante otras cosas. No ante el biberón del pequeño o la entrega de un informe, pero sí ante limpiar el polvo, mirar la televisión o charlar con un vecino.

Por otra parte, luchar contra vientos y tempestades es agotador, y eso hace que el sexo pueda sonar a trabajo forzado más que a placer. Por eso, además de arañar algo de tiempo, se debe reservar una dosis de energía para el juego erótico.

Cada uno tiene que buscar su propia fórmula. ¿Que toca trabajar hasta tarde y encima hay que cocinar y recoger? Pues atiendes a los niños, pides una pizza, tiras la caja y consigues un tiempo extra para la pasión.

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