Lo mío, lo tuyo y lo nuestro

LO MÍO, LO TUYO Y LO NUESTRO

Al iniciar la vida en común hay que pactar un régimen económico y una forma de administrarse.

Algunas parejas deciden seguir con cuentas separadas y aportar una cantidad a un fondo común. Como Lola y Toño: “Nos lo aconsejó una amiga experta en finanzas.

Y desde el punto de vista práctico nos parece el mejor sistema: cada uno es responsable de lo suyo, y eso te da independencia, e ingresa una cantidad en la cuenta familiar, lo que nos da tranquilidad”.

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Aún así, lo más habitual es que al dar algún paso que aumenta el compromiso de la pareja, como comprar una casa o tener un hijo, las cuentas se unifiquen. “Jorge y yo teníamos cada uno nuestro sueldo y pagábamos a medias el alquiler y los gastos domésticos. Después, en sólo dos meses, me quedé embarazada, nos casamos y nos compramos casa. Y lo juntamos todo en una sola cuenta”, relata Laura.

Compartirlo todo es la única opción posible cuando sólo entra un sueldo en casa. Lo explica Raúl, periodista y padre de tres hijos: “Al nacer nuestro primer hijo mi mujer pidió una excedencia. Y vimos que era absurdo mantener aparte una cuenta de cada uno, porque los gastos se multiplicaban, así que optamos por tener una cuenta para todo”.

Claro, que no basta con juntar el dinero sin más, hay que precisar la forma en que se va a funcionar. La fórmula típica de la familia tradicional (él lo gana, ella lo administra) cada vez es menos habitual. Y el hecho de que uno gane más que el otro puede generar sentimientos de inferioridad en el de menor poder adquisitivo o, al contrario, de sentirse explotado en el que más gana.

Es lo que les ocurría a Miguel y a Elena, una pareja a la que traté en consulta. Los dos ganaban casi lo mismo y decidieron juntar los salarios y disponer de la cuenta al “libre albedrío”, sin precisar conceptos de “gastos comunes” y “gastos propios”.

Cuando él vino a verme, estaban a punto de divorciarse: “Es caprichosa, lo mismo cambia las tapicerías y las cortinas que me sorprende con un regalo… Dice que el dinero es para gastarlo, es su lema. Pero a mí me toca cuidar lo que gasto y a veces tengo que pedir prestado para pagar el colegio de los niños y el alquiler de la casa. Y cuando intento hacer cuentas, se ríe de mí y me tacha de tacaño.”

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