Somos nuestro mejor amigo

SOMOS NUESTRO MEJOR AMIGO

El de Marta es sólo un ejemplo de una autoestima que necesita ser reforzada, pero hay muchos más. Y en todos, el punto de partida para tener éxito consiste en empezar a tratarnos como lo haríamos con alguien a quien queremos.

Pongamos el caso de Paloma, de 32 años. Ella es el mejor apoyo para sus amigos, nunca los critica y cuando tienen un fallo, en lugar de decirles “ya te lo avisé”, les muestra lo positivo de la situación.

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Consigo misma, sin embargo, actúa al contrario: habla de sus defectos, nunca de sus virtudes, y si comete un pequeño error lo ve como un síntoma de que no sabe hacer nada bien. Si pensamos que, de algún modo, actuamos como Paloma, es hora de cambiar el cristal de las gafas con las que nos valoramos.

No se trata de considerarnos perfectos, sino de amarnos con nuestras virtudes y defectos. Para lograrlo podemos seguir estos pasos:

  • Definir nuestros valores. Decidir querernos es el comienzo, pero para mantener alta la autoestima en momentos difíciles ayuda mucho tener definidos los valores concretos por los que nos queremos.

    Así, cuando fallemos en algo podremos relativizarlo, ya que tendremos muy presentes nuestras virtudes. Un modo de hacerlo es escribir una lista de todo lo que nos gusta de nosotros y dedicar un día a la semana a potenciar cada uno de esos aspectos.

  • Cambiar la forma en que hablamos de nosotros. Si le pedimos a alguien de confianza que cuente el número de veces que empleamos frases como “no puedo”, “nunca consigo”..., puede que descubramos que lo hacemos más de lo que creíamos.

    Hay que romper esas ideas desvalorizadoras y empezar a cambiar términos negativos (culpa, error, dificultad...) por otros positivos (responsabilidad, oportunidad, reto...).

  • Saber que estamos en permanente cambio. Hoy no somos la persona de ayer ni la que seremos mañana. ¿En los primeros días en casa con el bebé no logramos organizarnos y todo se nos hace un mundo?

    Si creemos que nada va a cambiar, nos vendremos abajo. Pero si tenemos claro que es una situación pasajera o que nosotros podemos variarla o aprender a manejarla, la afrontaremos mucho mejor.

  • Colocar el control en nuestro interior. Cada vez que damos más importancia a las opiniones ajenas que a las nuestras o que nos comparamos con otras personas, estamos alejando de nosotros el control de nuestra vida.

    Y esto nos lleva a ser más susceptibles a las críticas. Poner el control en nuestro interior pasa por delimitar nuestro espacio, hablar en primera persona (“yo considero...”) y actuar como queremos, confiando en nuestra intuición y sentido común, sin preguntar a los demás.

  • Aceptar nuestra imperfección. Tenemos cosas que no nos gustan y a veces actuamos mal, pero la clave está en aceptarlo: así descubriremos que podemos cometer errores sin que se hunda el mundo.

    Es importante pensar que hacemos las cosas lo mejor que podemos y felicitarnos por nuestras decisiones (por el mero hecho de tomarlas), independientemente de los resultados.

  • Recurrir al humor. Es una medicina siempre a nuestro alcance para desactivar lo que nos hace daño y relativizar las cosas. Muchas veces, reírse de uno mismo, sin censuras, es el primer paso para empezar a aceptarnos y querernos tal y como somos.
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    TU AUTOESTIMA NECESITA UN REFUERZO SI...

    Tienes una visión demasiado pesimista de las cosas.
    Si no nos valoramos, tendemos a ver los problemas de una forma catastrofista y a pensar que son culpa nuestra o que no somos capaces de cambiarlos.

    Si te ocurre: Respira hondo, observa el lugar donde estás y los objetos que te rodean, descríbelos, cuéntalos... Poco a poco te relajarás. Vuelve a pensar en lo que te preocupa y repítete: “sé lo que debo hacer", “confío en mi percepción de la realidad”...

    Ves a tu hijo como una prolongación de ti mismo.
    Hay padres que centran todas sus expectativas de futuro en que sus hijos consigan aquello que ellos no lograron, y se desilusionan o
    se ponen nerviosos si no sucede así.

    Si te ocurre: haz una lista con tus cualidades y las de tu hijo, señalando diferencias y similitudes. Así distinguirás el “yo” del “tú” y valorarás a tu hijo por ser quien es, no quien debería ser.

    En lugar de afrontar los problemas los evitas o culpas a otras personas.
    Cuando la autoestima es baja, ante una situación que causa ansiedad se recurre a mecanismos de defensa: victimismo, adulación, mutismo...

    Si te ocurre: durante una semana, describe en un cuaderno cómo es tu reacción ante las situaciones difíciles. Descubrirás la causa que origina cada conflicto, cuál es tu mecanismo de defensa y el modo de cambiarlo.

    Sientes que tú no manejas tu vida.
    Si no te valoras, tendrás la impresión de que tu vida la manejan otras personas (hijos, jefe...) y tus decisiones estarán guiadas por el deseo de ser aceptada.

    Si te ocurre: Repara en que eres tú quien da a esas personas un poder que no tienen. Empieza a tomar tus decisiones y a decir "no", manteniéndote firme y sin sentirte mal por ello.

    Crees que educas a tus hijos peor que otros.
    La baja autoestima te lleva a pensar que los demás hacen todo mejor que tú. Y si se trata de los hijos el problema es mayor porque desearías darles lo mejor.

    Si te ocurre: Acepta otros puntos de vista, pero como algo exterior a ti. Rodéate de gente positiva y evita a las personas que critican constantemente.

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