Un rol distinto al de la madre

Hoy, afortunadamente, se entiende que la relación entre el padre y su niño ha de ser cálida y cercana. Pero no hay que olvidar que la interrelación entre ambos es distinta a la que tiene el hijo con su madre.

“Para ella es una relación carnal, tan intensa que en ocasiones el pequeño lo abarca todo en su vida. En cambio, la paternidad es más cerebral y más simbólica”, opina Montse Colilles.

Los papás suelen cumplir unas funciones determinadas en el desarrollo de sus pequeños: buscan para ellos la novedad, lo diferente. Esta influencia permite al niño salir de la rutina y la seguridad, mostrar curiosidad por el entorno y descubrir con más interés su mundo exterior. Además, los papás suelen potenciar más su desarrollo físico e impartir disciplina con más rigor que las mamás.

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Esta diferencia de actitudes y comportamientos hace que el padre sea el contrapunto ideal de la madre para que el desarrollo emocional de sus hijos sea completo. “Es fundamental que el padre esté presente e intervenga en sus cuidados y en su educación, evitando que todo el peso recaiga en la madre. De no ser así, la dependencia materna podría tener consecuencias negativas para el pequeño”, sostiene categórica la psicóloga catalana.

Construyendo el vínculo afectivo

Montse Colilles insiste en la importancia de desarrollar el instinto paternal trabajando día a día el vínculo entre padre e hijo. ¿Y cuál es la clave para conseguirlo? La psicóloga lo tiene claro: “El papá ha de convertirse en un referente para el pequeño y acompañarlo en su proceso de hacerse mayor. Es un trabajo de construcción individual para el que no existen recetas concretas, salvo la de mantenerse cercano al niño”, añade la psicóloga.

Por eso, si ahora eres un “papá embarazado”, es probable que ya estés estableciendo vínculos con el bebé que va a nacer: le hablas, le pones música, acaricias el vientre de tu pareja, la cuidas y la colmas de atenciones, la acompañas a las ecografías y al curso de preparación... Así te sientes más involucrado con tu familia y más consciente de tu importancia y responsabilidad. Vas por buen camino.

Y si tu hijo ya ha nacido, ahora tienes el privilegio de amarle y de sentir cómo te necesita, si compartes con la madre sus cuidados. Es una tarea dura, pero con recompensa. Y es un tiempo que no volverá. “Como padre has de intervenir en todo el proceso de regulación de sus necesidades (comer, dormir...), ya que el bebé no se autorregula, necesita de la ayuda de un adulto. Y a la vez debes transmitirle valores, deseos... y marcarle límites con una autoridad puntual y flexible. No se trata de que seas su amigo, sino su padre”, resume Montse Colilles. Para entonces ya sentirás la fuerza del instinto y la ilusión por ser el mejor papá del mundo. Seguro.

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