Ha nacido un padre

La llegada de tu hijo ha despertado en ti sentimientos que antes desconocías. No te quedes ahí: mímale e implícate en sus cuidados para que, día a día, se vaya fortaleciendo el vínculo que os une.

'¡Es una niña!’ Al escuchar a la ginecóloga encargada de la ecografía se me saltaron las lágrimas. Podría haber sido en cualquier otro momento del embarazo. O tras el parto, al ver a mi hija por primera vez. Pero fueron esas palabras las que produjeron un cambio radical en mi interior”.

Ésta es la experiencia que yo, redactor del reportaje que estás leyendo, viví el día en que empecé a sentir eso que llaman el “instinto paternal”. Y esto es lo que desde entonces he ido descubriendo sobre el emocionante mundo de la paternidad.

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Razones biológicas... y algo más

No hay duda de que el hombre está preparado para asumir un rol importante en la crianza de sus hijos. Otra cosa es que, por razones culturales o sociales, tradicionalmente esta función haya sido asumida en su mayor parte por la mujer. Muchos estudios confirman que los hombres tienen un instinto paternal, parecido al instinto maternal de las mujeres.

Durante el embarazo de sus parejas, los futuros papás segregan menos testosterona (hormona masculina) y más estradiol (hormona femenina), lo que se traduce en un cambio de actitud: están más relajados, más tiernos y atentos con su pareja, más predispuestos a colaborar...

Los expertos creen que, de algún modo, la madre envía un conjunto de señales imperceptibles que hacen que el instinto paternal se ponga en marcha. Y es para siempre: está demostrado que los hombres con hijos mantienen de por vida mayores niveles de estradiol y oxitocina (hormonas femeninas) que los que no tienen descendencia.

Pero no todo se puede reducir a la vertiente biológica para explicar el instinto paternal. “La naturaleza no nos lo da gratuitamente, ese instinto se ha de construir”, sostiene Montse Colilles, psicóloga catalana experta en relaciones familiares. De hecho, los humanos somos totalmente dependientes al nacer, al bebé hay que cogerlo, arroparlo, darle de comer, cambiarle... Y al hacerlo vamos estableciendo vínculos emocionales con él, un proceso que se inicia incluso antes del nacimiento.

¿Cuándo surge este sentimiento?

“No hay un momento concreto, pero está claro que con el test de embarazo positivo ya empiezan a pasar cosas”, dice Montse Colilles. La certeza de que uno va a ser padre marca un punto de inflexión.

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“Aunque durante el primer trimestre, entre que no hay un cambio físico importante en la mujer y que existe un riesgo de aborto, el padre hasta se puede olvidar de que va a tener un hijo”, sostiene la experta. Es con las primeras ecografías y el aumento de la barriga cuando el padre empieza a tomar más conciencia de su condición.

“La ecografía es un momento fundamental, es cuando muchos hombres interiorizan que esto va de verdad”, añade. Además, la alta definición de las pruebas ecográficas actuales permite al papá ver con más nitidez al feto y aumentar su empatía con él. “Ahora se observan los rasgos de su cara, sus gestos, sus manos... Estas imágenes convierten en real al bebé que la madre lleva dentro”, explica la psicóloga.

Pero el cambio definitivo en el padre, el verdadero proceso de vinculación, surge cuando nace el niño. “En ese momento he visto a los hombres hablar en términos de responsabilidad que incluso para ellos eran totalmente nuevos”, dice la psicóloga, que cita un ejemplo real llegado a su consulta: “Me contaba un padre recién estrenado que al coger el coche nada más salir del hospital para llevar a su hijo a casa, se sintió fatal, porque fue cuando se percató de la enorme responsabilidad que había adquirido”.

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