El instinto protector de los papás

" Enhorabuena, papá, eres un tipo con suerte, ya tienes a tu hijo en brazos. Y ahora lo que más quieres es protegerle con toda tu fuerza y sabiduría. ¿De dónde te ha surgido ese instinto protector? "

" Toma, cógelo”, y te ponen al bebé en brazos. Y al principio te parece que no son lo bastante seguros para la seguridad que querrías darle. Sólo al principio. Acurrucado en tu pecho, el bebé despierta en ti una cascada de emociones nuevas (orgullo paterno, responsabilidad, preocupación por el futuro...) y oleadas de cariño y ternura.

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¿Sabías que en la sangre del padre reciente, igual que en la de la madre, aumenta de forma espectacular el nivel de oxitocina, que los científicos han bautizado como la “hormona del amor”?

Tú, que siempre admiraste a los tipos independientes y fuertes, ahora te enamoras de tu hijo precisamente porque le ves desvalido y dependiente. Su fragilidad es un poderoso reclamo.

Nacido para gustar

No esperes que tu amor por el bebé surja nada más verle, como un rapto de locura, este sentimiento se desarrolla con el contacto, a menudo al cabo de unos días. Pero si te fijas, verás que todo en el recién nacido, sus grandes pupilas, sus labios de angelito de Murillo, su cuerpo achuchable, su llanto conmovedor, sus rasgos heredados..., está diseñado para despertar el instinto de protección en los padres.

Es como si la naturaleza lo tuviese todo previsto para transformarlos en cuidadores solícitos. Tu hijo te necesita para satisfacer sus continuas demandas de alimento físico y espiritual. Y te lo pide del modo más eficaz, apelando al corazón.

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