Padres y amantes: el sexo en casa

Muchas mujeres encuentran difícil disociar su nuevo rol de madre del de amante, especialmente durante el periodo de lactancia.

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D.R.

Es comprensible que si de repente pasas a dedicarte al bebé las 24 horas del día, no lo veas compatible con el sexo, pero sí lo es. Interponer una distancia entre los hijos y la pareja es fundamental para el buen funcionamiento de la familia y para que nadie se sienta excluido de ella en ningún aspecto.

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  • Piensa con antelación en el sexo. Unas buenas relaciones sexuales precisan de cierto entrenamiento, y después de la maternidad es difícil mantener el ritmo que se tenía antes. Pero poco a poco y sin presiones, podéis incorporar a vuestra nueva rutina diferentes juegos sexuales. Programad un día fijo a la semana para tener un encuento amoroso y esa noche llevaros la cena a la cama. La idea romántica de que el sexo “tiene que ser espontáneo” no ayuda mucho. Y no es cierta. Desde luego, no es necesario que el único fin de esos encuentros amorosos sea siempre la penetración; un baño juntos, un buen masaje o una sesión de besos os hará sentir mucho mejor cuando tengáis que levantaros a dar la siguiente toma al bebé, a pesar de haber dormido menos. Otra buena idea es escaparos un fin de semana, sin niño, para reactivar vuestro deseo.
  • No os sintáis culpables por prestar atención y dedicación a vuestras relaciones sexuales. No hay nada de malo en dejar de pensar en los hijos de vez en cuando y dedicaros un tiempo y un espacio a vosotros mismos. Por eso no los queréis menos ni sois peores padres.
  • No dejéis de besaros y abrazaros delante de él. “Aprendemos sobre todo por imitación, y los niños más todavía –argumenta Carlos San Martín–. Y esto significa que les enseñamos más con lo que hacemos que con lo que les decimos.” Si tu hijo ve el cariño que existe entre vosotros y vive las muestras de afecto que os profesáis como algo natural, le estáis enseñando que es bueno demostrar los sentimientos, una de las bases para tener una sexualidad sana. Eso sí, cuando os refugiéis en la intimidad de vuestra habitación, ¡que no se os olvide echar el pestillo!

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