Sexo, mentiras y preguntas de niños

Al año los niños descubren el placer de jugar con sus genitales, a los dos o tres años les atrae el cuerpo del sexo contrario y a los tres o cuatro años empiezan con las preguntas... ¿Creías que podías aparcar el tema de la sexualidad hasta la adolescencia?

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Sexo, mentiras y preguntas de niños

Mi amiga Ana aún está en estado de “shock”. Hace unos días su hijo Nacho, de cuatro años, entró en el dormitorio de madrugada y les pilló haciendo el amor. Y creen que estuvo un rato mirando, antes de preguntar: “¿Por qué gritabas, mamá?”. “Papá me estaba haciendo cosquillas”, improvisó mi amiga, tapándose con la sábana. “¿Y por qué no tenéis el pijama puesto?”, quiso saber. “Porque nos ha entrado calor, con tanto juego”, explicó el papá, abanicándose. La situación en sí ya era desconcertante, pero la última pregunta de Nacho les dejó atónitos: “¿Estabais haciendo el amor...?˝. ¡Glups!

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¿La edad de la inocencia?

Hemos hablado sobre el tema con Carlos San Martín, secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología y psicoterapeuta sexual, familiar y de pareja, quien nos ha aclarado que esta escena no es tan infrecuente como se piensa. También dice que seguramente esas y otras preguntas llevaban ya un tiempo rondando en la cabecita de Nacho. Y que en la mayoría de los casos, cuando un niño pilla así a sus padres, no es algo casual, sino buscado.

Lo cierto, hay que reconocerlo, es que a los hijos los vemos siempre más pequeños de lo que en realidad son. Cada avance que hacen en sus aprendizajes nos sorprende una barbaridad y, sin embargo, pensamos que su educación sexual es algo que todavía nos queda muy lejos. Si abriésemos un poquito más los ojos, nos daríamos cuenta de lo pronto que empiezan nuestros hijos a tener interés, curiosidad y conocimientos sobre sexo.

Ángeles con sexo

Como señala Carlos San Martín, “desde el momento en que nacemos somos seres sexuados. Y descubrimos nuestra sexualidad de forma progresiva”.
En los primeros dos años el bebé es un pequeño Cristobal Colón: descubre un mundo nuevo y le asombran sus hallazgos. Poco a poco aprende que él es un ser separado de su madre, que puede emitir sonidos para llamar la atención, que tiene dos manos para coger cosas y, ¡eureka!, que hay una zona debajo del pañal que, cuando se la toca accidentalmente, o cuando se la tocan (en el aseo o en el cambio del pañal), le da placer. Si tu hijo ya lo ha sentido, puede que a partir de ahora a veces se coloque un cojín o un peluche entre sus piernecitas y lo empuje con movimientos rítmicos. Ha descubierto el placer de la autoestimulación y no hay nada malo en ello.

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El primer amor

Como nos explica Carlos San Martín, “la clave para afrontar estas situaciones, y las que vendrán después, es la naturalidad”. Y es que, cuando el pequeño ya es consciente de su propio cuerpo, surge su interés por el de los otros, empezando por el de sus padres: quiere ver, tocar... Hay que tener en cuenta que sólo le guía la curiosidad y el deseo de aprender, aunque ya puedes empezar a enseñarle, con mucho cariño y sin hacer que se sienta mal, los primeros límites relativos a la privacidad del cuerpo.

A los dos o tres años también nacen los sentimientos de amor hacia otros niños, de cualquier sexo, y surge la curiosidad sexual por los del género contrario. Es la edad en la que, cuando dos niños se gustan, lo normal es que se besen, se abracen, se levanten en volandas, se sienten siempre juntos, se pongan tristes cuando se separan y hagan ciertos sacrificios (“vale, compartimos las chuches...”). Y tú, al leer esto, piensas: “¡Pero qué monos son!”. Hasta que un día, sin previo aviso, les descubres jugando a los médicos. No hay que escandalizarse, pero sí orientarles.

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