En verano protégete del sol

Poco a poco, evitando las horas de más rigor, con un protector apto para el tipo de piel, gafas y gorro... Así es como tu bebé y tú podéis disfrutar de lo bueno del sol.

Confirmado: el ser humano necesita sol. De él recibimos luz y calor, nos permite sintetizar la vitamina D, nos aporta bienestar, activa el ánimo y mejora algunos problemas de la piel como la dermatitis atópica, la psoriasis, etc.

Pero, como indican dermatólogos y oncólogos, la exposición al sol debe ser con protección y sentido común, ya que la radiación solar es la principal causa de manchas, envejecimiento prematuro y cáncer cutáneo.

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En un día nublado las nubes absorben parte de la radiación infrarroja, pero no la ultravioleta; protégete.

El bronceado empieza a surgir a partir del tercer día de tomar el sol. Y no hay quemarse antes. Los dermatólogos aconsejan hacer exposiciones cortas y con protección muy alta durante esos tres días que necesitan los melanocitos para activarse y aportar color, y después optar por un índice alto. Valora que una piel bronceada es una piel agredida; al volver a casa, cuídala.

existen seis fototipos

No todas las pieles se broncean igual, porque partimos de unas características específicas de cada persona (catalogadas en seis fototipos). Por tanto, si tu piel es clara y te bronceas poco o nada, no pretendas conseguir el moreno caoba de tu vecina de toalla. Sólo lograrás quemarte, pelarte y agotar la capacidad que tiene tu piel de enfrentarse al sol.

Tanto los UVA como los UVB están relacionados con la aparición de cáncer cutáneo; por tanto, hay que protegerse frente a ambos.

Cuenta con buenos aliados

La manera ideal de protegerse es evitar la exposición directa al sol. Pero como esto en nuestro país es un tanto complicado, lo mejor es buscar aliados.

A diario, la ropa, sobre todo los tejidos anti UV; además, siempre que sea posible, lleva sombrero, gafas de sol con cristales polarizados y una hidratante con factor 20.

Si vas a exponerte al sol, hazlo de forma gradual, evita las horas de mayor rigor (12 a 16 h) y aplícate un protector. Estos productos pueden tener filtros químicos, que la piel absorbe, cuya misión es captar la radiación y transformarla para que no sea dañina; o filtros minerales, que permanecen en la piel y reflejan la radiación, o filtros mixtos. Si el producto que has elegido lleva filtros químicos, aplícalo media hora antes de exponerte al sol. Si es mineral, puedes hacerlo en el momento.

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La protección de los solares se clasifica en baja (índices del 2 al 6), media (del 8 al 12), alta (15 al 25), muy alta (30 al 50 ) y ultra (50+).

¿Y respecto a los más pequeños?

La piel de los bebés y los niños es infinitamente más delicada que la de los adultos, ya que a su extrema sensibilidad hay que añadir que su mecanismo de defensa contra la radiación solar apenas existe. Por tanto, las cosas claras:

  • Un menor de 3 años no debería exponerse al sol y si sales a pasear con él, has de llevarle siempre con gorro y con su sombrilla.
  • Si éste es el primer verano de tu hijo y quieres que disfrute un poco del sol, hazlo a primeras horas de la mañana o a últimas de la tarde y ponle camiseta, gorro y un protector solar muy alto o ultra. Y llévate una sombrilla.
  • Un tejido húmedo permite el paso de la radiación ultravioleta; si el niño se baña o se moja, cámbiale de ropa y renueva el protector solar.
  • Ofrécele agua fresca con frecuencia, aunque él no la pida, para que no se deshidrate.
  • Si ves que suda copiosamente y que tiene la cara sofocada, ve inmediatamente a la sombra y abanícale para bajarle la temperatura corporal. Si da muestras de malestar, llévale al médico.

    Si quieres conocer los mejores solares para ti y tu hijo, pincha aquí.

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