Apuesta por la lactancia materna

La leche de la madre es el mejor alimento que existe para el bebé. Dar el pecho suele ser una experiencia estupenda, pero cabe la posibilidad de que surjan problemas. Te contamos cómo solucionar los más comunes.

Se conoce como “el oro blanco”. Y no es de extrañar. La leche materna tiene todos los nutrientes que el recién nacido necesita.

También es sumamente beneficiosa para los bebés porque disminuye el número de infecciones, el riesgo de que en el futuro sean obesos e hipertensos y de que tengan problemas respiratorios y alérgicos y diarreas. Para la mamá también resulta muy interesante, porque favorece la rápida recuperación del parto y el sueño natural y reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama, de ovario y de cuello de útero.

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Además, es gratuita y no hay que perder tiempo calentando o enfriando biberones, ya que siempre está a punto y a la temperatura adecuada.

La leche materna es un maná y la Organización Mundial de la Salud recomienda que los bebés la tomen en exclusiva hasta que cumplan seis meses y desde entonces, hasta los dos años combinada con otros alimentos.

¿Podrás dar el pecho?

Existen muy pocos motivos que impidan a la mujer dar el pecho: tener un herpes o una infección activa, tomar determinados medicamentos o padecer sida. Por supuesto, también existe la opción de que la madre simplemente decida alimentar al bebé con leche artificial a pesar de no tener ningún impedimento para dar el pecho.

Respecto al bebé, los muy prematuros o los que nacen con labio leporino y fisura del paladar tienen difícil agarrar el pezón y succionar, por lo que en estos casos se hace necesario recurrir a la leche de fórmula, también muy lograda.

Si quieres dar el pecho a tu hijo tienes que seguir tres reglas de oro para lograr una lactancia exitosa. Toma buena nota: 

  • Ponte al bebé al pecho en cuanto nazca, lo antes posible, ya que esos primeros minutos de vida está muy receptivo, pero unas horas más tarde se adormecerá y resultará bastante más difícil que colabore.
  • Tómatelo con mucha calma, dedícate en cuerpo y alma a la lactancia y deja de lado el reloj. Lo ideal es que des de mamar al bebé a demanda.
  • Sigue una buena técnica. Te la explicamos paso a paso. Ponte sentada, con la espalda recta, y coloca al bebé sobre tu regazo con su cara apuntando a tu pecho y el resto de su cuerpo hacia ti. Sujeta su cabeza con el brazo del lado del seno que le vas a ofrecer y, con la otra mano abierta, sostén su cuerpecito. Es importante que acerques al bebé hacia tu pecho, no tu pecho hacia el bebé, y que te asegures de que tiene la nariz libre para respirar.
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    Roza su boquita con tu pezón para que la abra al máximo y abarque con los labios el pezón y casi toda la areola. Empezará a chuparte como primera toma de contacto y a continuación succionará. Mientras lo hace, háblale suavemente, muéstrate relajada y muy tierna y los dos disfrutaréis de un ratito íntimo y agradable. A lo largo de la toma el bebé hará varias pausas y cuando empiece a cansarse se apartará. El otro seno no lo vaciará tanto, por lo que en la siguiente toma deberás ofrecérselo al bebé en primer lugar.

    Tras darle de mamar, no te quites los restos de leche del pecho (son buenos para la piel) y deja que se seque al aire. Luego colócate un disco absorbente entre el pezón y el sujetador para evitar la humedad, que podría causar grietas.

    Otras posturas muy cómodas para dar el pecho son: tumbada de lado, apoyando la espalda y la cabeza en almohadones y colocando al bebé paralelo a ti, con su boca a la altura del pezón, y en posición “de rugby”, colocando al bebé bajo tu axila, sujetando su cabeza por atrás con la mano del pecho que le ofreces y con su cuerpo apoyado en un cojín.

    Poniendo en práctica estas recomendaciones evitarás la mayoría de los problemas que pueden surgir al dar el pecho y podrás disfrutar de una experiencia muy gratificante.

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