Guía de supervivencia para salir airosa de la primera semana tras el parto

Todo ha salido bien: estás en casa con tu precioso bebé que se porta genial y te sientes... ¿fatal? Tranquila, quizás no tengas todos los datos para sobrevivir a estos días con más calma.

primera semana postparto
StefaNikolicGetty Images

Tu peor enemigo durante la primera, segunda y tercera semana de dar a luz son tus expectativas. Eres una mujer activa, bien organizada, que llega a todo y con una capacidad de trabajo bestial... Por eso no entendías cuando tus amigas te contaban que, con suerte, el primer mes tras dar a luz conseguían ducharse a las 4 de la tarde después de estar despiertas desde las 6 de la mañana... ¡y ahora te está pasando a ti!

No te desesperes: hay incómodos secretos sobre la maternidad que te vendría bien saber, pero parece que el mundo se ha conjurado para ocultártelos. A tu matrona, que te dice bastantes verdades, hay pequeños ‘detallitos’ que se le han pasado. Y es que todas las mujeres que están cerca de ti parecen tener amnesia mental transitoria sobre los malos tragos y ‘miserias’ corporales que todas las mamás tienen que pasar nada más volver a casa tras el parto.

La magia (¿oscura?) de la maternidad

Aunque la mayoría de las mujeres no hablen claro de los problemas del puerperio, estos existen, casi todas han sufrido alguno de ellos. Ser una superwoman no supone tener que pasar por el trago sola, hay muchos profesionales que te pueden ayudar. Eso sí, tendrás que solicitarlo porque, una vez que nace el bebé, todos los ojos y las atenciones serán para tu peque y tú pasarás –y te pondrás a ti misma– a un segundo plano que puede llegar a ser doloroso y hasta descorazonador. Porque no eres rara ni estás sola, te contamos lo peor que te va a pasar nada más dar a luz. Somos conscientes de que puedes con ello y, si en alguna ocasión te supera, tienes las herramientas para pedir ayuda.

Dar el pecho

Dar el pecho no es algo tan sencillo como colocar al niño y esperar a que succione. Surgen muchas dudas, momentos en los que no sabrás qué hacer, otros en los que te sentirás, literalmente, como un surtidor de leche; por no hablar de que puede que te moleste el pecho, tengas grietas...:

El principio es duro. Hasta que tu bebé y tu pecho se regulen y vayan al unísono a veces sentirás que tu pecho está a rebosar, y te dolerá; otras que tu hijo te deja físicamente exhausta. Las tomas de la noche te destrozarán y, si se resfría por ejemplo y mama menos durante unos días, puede que tengas un principio de mastitis... Dar el pecho es un momento único de intimidad para ti y para el bebé; además, sabes que le estás dando algo tuyo que le protegerá durante toda la vida; pero te dolerá la espalda de estar tanto tiempo sentada, tendrás hipersensibles los pezones, necesitarás unos sujetadores especiales... Compensa y mejora con el tiempo, pero el principio no es nada fácil.

Necesitarás mucho tiempo. Si habías planeado hacer muchas cosas durante tu baja
de maternidad, baja tus expectativas, sobre todo al principio: un bebé recién nacido hace una media de 8 a 12 tomas diarias: a 20 minutos cada toma, pasarás el equivalente a una jornada laboral (unas 7 horas) dando el pecho.

La mejor ayuda. Si estás convencida de dar el pecho y disfrutar de ello, no te rindas. Acércate a algún grupo de lactancia. Te dan mil trucos de mamá a mamá y si das con un grupo con el que conectes, te ayudarán no solo con la lactancia, sino a superar el posparto de forma más alegre y consciente.

El bebé, un ser extraño

Pensabas que, nada más nacer, morirías de amor por él pero, siendo totalmente sincera, cuando lo miras sientes ternura, pero sobre todo inquietud y miedo... y la sospecha de que nunca llegarás a hacerte con ese pequeño extraño.

Date tu tiempo y tenlo en brazos. Olvida las recomendaciones de las abuelas de que “lo vas a malcriar”. La única forma de conectar con un recién nacido, de calmarlo, de hacerle sentir que eres su madre y que aunque esté fuera de ti lo sigues protegiendo, es tenerlo en brazos. Es agotador, lo sabemos, pero es lo que mejor funciona para establecer un vínculo entre los dos, para que tu hijo se sienta seguro y para que tú estés más tranquila y vayas conociéndolo mejor.

Haz caso a tu instinto. Aunque seas primeriza, todas las hembras humanas vienen a este mundo programadas para proteger y cuidar a su hijo. Si crees que algo no va bien con el bebé, consulta con el pediatra, seguro que le pasa algo.

Cómo sacar partido a las visitas

Puedes aplazarlas, quizás les has pedido que no se acerquen por el hospital pero, entonces, no te va a quedar más remedio que recibirlas en casa. En algún momento tu peque tiene que conocer a tus primos, a tus mejores amigos, incluso puede que a tus compañeros de trabajo.

Tres semanas de tregua no es mucho pedir. Salvo abuelos de la criatura (y tuyos si los tienes) y hermanos vuestros reconvertidos en tíos, que no tendrás más remedio que admitir en tu hogar, todas las demás personas pueden esperar dos o tres semanas para conocer al peque. La excusa perfecta es la episiotomía, la cicatriz de la cesárea o que el niño está muy flojito... es un tiempo que necesitas con tu nueva familia para ajustar rutinas, horarios y sentirte un poco mejor.

Déjate ayudar. ¿Tienes que hacer recados? Pues queda con tu amiga para que conozca al bebé mientras lo lleváis juntas al pediatra, o pídele a tu prima que se ocupe de cambiarlo mientras tú aprovechas para ducharte y depilarte. No eres la primera en tener un bebé, la gente se hace cargo...

Crisis de identidad: un nuevo 'tú'

¿Pensabas que pasar por una experiencia tan fuerte como la maternidad no iba a cambiarte? Mira a tu lado, a tu pareja, ¿a que tras el bebé ya no es la misma persona? Lo mismo te sucede a ti, y eso no es malo, siempre y cuando te des tiempo para acostumbrarte y reencontrarte con tu nuevo tú.

Cambio de roles. Hasta ahora tú has sido el centro de tu vida; de repente y sin transición posible hay un pequeño, totalmente dependiente de ti, que dirige todos los minutos de tu existencia. Para la psiquiatra norteamericana Alexandra Sacks, “los cambios que experimenta una mujer tras dar a luz son física y psicológicamente parecidos a los que vive durante la pubertad”. Tienes que ser paciente contigo misma y entrever y entender que, en unos meses, tu hijo y la vida te van a empujar a cambiar tanto que puede que ya no te reconozcas a ti misma.

¿Puedes mirar atrás? Sí, y es saludable, siempre que no te encierres en el pasado. A veces desearás poder volver a tu vida de antes del bebé, pensarás que te has equivocado al elegir ser mamá... pero nada más mirar a tu hijo todo te compensará. Eso sí, no te sientas culpable por estos sentimientos y dudas, todas las madres los tienen.

Y con tu pareja. Todo te parecerá poco. Quizás se esté esforzando a tope, pero tú estás centrada en tu propio desgaste y en el bebé y no podrás reconocérselo. Él también está sumido en un proceso de transformación, como tú, de persona libre a papá y puede que no le reconozcas, que te parezca extraño. Además, tendréis que esperar un tiempo para recuperar vuestra intimidad. Pasar esta semana sin crisis de pareja es difícil; solo se consigue con mucha comunicación sobre vuestros sentimientos y toneladas de comprensión y buen humor.

El truco de las listas. Las necesitas; bien claras y pegadas en la nevera: las 10 cosas que más te gustaba hacer antes de tener al bebé... para que no pierdas el rumbo. Y las 10 cosas que más te han gustado siempre de tu pareja... para que no lo pierdas a él. Piensa en esas listas y verás como las cosas no han cambiado tanto. Tu bebé está aquí para sumar alegría a vuestra vida. Sé positiva y sobrevive a esta primera semana. ¡Todo va a ir mucho mejor!

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