Cesárea punto por punto

Tanto si se trata de una intervención programada como si es una cesárea de urgencia, estamos hablando de una operación y es posible que tras ella te encuentres mal. Así serán las horas posteriores.

Tras la cesárea, hay varios motivos que contribuyen a que te sientas desconcertada y dolorida: los puntos, que serán unos cuantos, ya que hay que suturar por planos desde el útero hasta la piel abdominal; la localización de la herida, que dificulta la movilidad; el despertar de la anestesia; la aparición del dolor cuando se pasa el efecto de la epidural; la manipulación a la que has sido sometida... Repasemos punto por punto el postparto de una cesárea.

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Punto 1: ¿Para qué tantos tubos?

Cuando vuelvas a tu habitación, descubrirás que llevas puestos varios catéteres. Tendrás una vía para el suero hasta que puedas comer y beber (a las 24 horas te darán agua y, si la toleras, introducirán dieta progresiva). Una sonda urinaria te permitirá evacuar la orina hasta que el volumen de líquido expulsado y el color se normalicen. En algunas clínicas dejan el catéter de la epidural durante 24 horas para mantener una ligera anestesia. Y también se hace así si la cesárea ha sido difícil, por si hay que intervenir de nuevo.

Punto 2: Calmar el dolor

Muchas mujeres temen el momento en que se acabe el efecto de la anestesia y surja el dolor por la herida y por los entuertos (contracciones del útero que le hacen volver a su tamaño). Pero no hay por qué sufrir. Con lo que has pasado... ¡sacrificios, los justos! No pienses que debes aguantar el dolor o que ya se pasará. En casi todos los centros se ofrecen calmantes a la madre operada y, si no es así, puedes pedirlos. En cualquier caso, te darán medicamentos que sean compatibles con la lactancia.
Si la operación ha sido con anestesia general, quizá al despertar tengas náuseas o malestar en el estómago. Avisa a la enfermera, porque los esfuerzos del vómito o las sacudidas de la tos pueden ser bastante dolorosos si no te sujetas bien la herida.

Punto 3: Un peso sobre la tripa

Es un remedio habitual en los partos vaginales, pero en algunas maternidades también se emplea en las cesáreas. Es una especie de cojín con un ligero peso que se coloca sobre el ombligo (siempre que la cesárea no sea vertical), no en la línea del pubis, donde tienes la cicatriz, y que ayuda al útero a recuperar su tamaño.

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Punto 4: Prevenir las flebitis

En las12 horas siguientes a la intervención quizá te pongan una inyección anticoagulante. Es una medida preventiva para evitar la formación de coágulos en las venas de las piernas. Seguramente lo repetirán durante unos días y de forma especial en mujeres con antecedentes de trombosis.

Punto 5: Los gases acumulados

La anestesia, la intervención en sí, la extracción del bebé, la falta de alimento y la inmovilidad son circunstancias que favorecen la acumulación de gases en el intestino. Y si esto ya resulta molesto sin operación, ahora la tensión interior puede generarte un importante malestar. Olvídate de los convencionalismos sociales, los gases tienen que salir y la herida no se va a abrir por un pequeño esfuerzo. Ayúdate con un ligero masaje en el sentido de las agujas del reloj y encogiendo y estirando las piernas con suavidad.

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