Las hormonas te incitan a quererle

BENDITAS HORMONAS

Las hormonas van a seguir jugando un papel fundamental tras el parto. Algunas mamás se sienten superseguras desde el primer momento en que cogen en brazos a su recién nacido, mientras que otras necesitan más tiempo.

No es ninguna competición, pero lo que sí está claro es que cuanto más tranquila te sientas, más fácil te resultará interpretar los signos que tu cuerpo te está mandando.

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Por ejemplo, volviendo al tema de la oxitocina, después del parto los niveles de esta hormona se encuentran en lo más alto, lo que te ayuda a hacer frente al cansancio y a experimentar una tremenda sensación de euforia.

Quieres abrazar a tu bebé y eso es precisamente lo que tienes que hacer ahora, porque cuando le acurrucas en tu regazo, tanto en tu torrente sanguíneo como en el suyo aparece otra hormona, la dopamina, que os hace experimentar a los dos una placentera sensación de bienestar.

Y esto es como un círculo vicioso. Tú te encuentras bien y empiezas a adquirir seguridad en ti misma; él se siente protegido y querido y te manda signos inequívocos de que sabe que estás ahí para él (gira su carita hacia ti, se tranquiliza si le hablas…).

EL ROCE HACE EL CARIÑO

Nada más cierto que este refrán en los fundamentos del amor materno-filial: lo que necesitan una mamá y su bebé es pasar tiempo juntos para aprender a conocerse. Dicho esto, no se trata de no recibir visitas en la maternidad o en casa o de rechazar la ayuda de familiares o de amigos, que viene muy bien.

Pero sí conviene establecer determinados límites.Ten en cuenta que para un recién nacido la adaptación a este mundo resulta estresante y que lo último que necesita es estar pasando de brazos en brazos sin cesar.

Por esta razón, especialmente durante los primeros días, en los que el vínculo afectivo se está creando entre vosotros, conviene que seáis tú y tu pareja quienes le mezáis, le consoléis y le alimentéis siempre que sea posible.

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