¿Por qué llora el bebé en el parto?

Lo hacen la mayoría de los bebés al nacer. ¿A qué se debe esta reacción? ¿Y qué pasa si no llora?

lloros del bebé en el parto
Getty Images

El parto y los primeros momentos de vida fuera de tu cuerpo resultan estresantes para tu hijo. Te contamos por qué llora en su llegada al mundo y por qué es tan importante que lo haga.

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Un cúmulo de nuevas sensaciones

Después de haber pasado más de nueve meses en un entorno seguro, ahora tiene que enfrentarse a sensaciones nuevas: su organismo deja de depender de ti, siente espacio a su alrededor, la temperatura es más baja...¡y debe empezar a respirar por sí mismo! Todas esas sensaciones juntas provocan el llanto que suele acompañar a sus primeras respiraciones y a través del cual expresa su confusión y también su ansiedad por vivir.

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Desplegando los pulmones

Al poco de nacer, el bebé emite una serie de toses y gemidos que le ayudan a despejar las vías aéreas de líquido amniótico y que generalmente terminan convirtiéndose en llanto. Este favorece que el aire circule con más facilidad, abriendo los alvéolos pulmonares, y que los pulmones del niño empiecen a hincharse y deshincharse con regularidad, dando comienzo a su respiración autónoma.
Sin embargo, hay casos en los que no sucede así, sin que esto signifique que exista un problema. Por ejemplo, algunos bebés lloran justo en el momento en que su cabeza corona el canal del parto. Y otros, simplemente, no lloran, como suele suceder en los que nacen por cesárea. Estos niños llegan al mundo más relajados y adormilados y es probable que tarden algo más en iniciar la respiración autónoma y que lo hagan mediante un gran bostezo, en lugar de con un llanto. No te agobies si le ocurre a tu hijo, el médico valorará si es necesario mantenerle oxigenado durante un tiempo una vez cortado el cordón umbilical.

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A veces es preferible que no llore

Un tema distinto es el de los bebés que nacen prematuros, ya que si sus pulmones aún están inmaduros quizá haya que ayudarlos a respirar a través de una mascarilla con oxígeno o incluso de ventiladores mecánicos. En estos casos, al igual que ocurre cuando se producen complicaciones en el parto, suele ser mejor que el niño no llore para que los especialistas puedan establecer las maniobras de reanimación necesarias antes de que se inicie el llanto. Así se evita que el niño aspire secreciones nocivas y se favorece que el pequeño tenga una correcta oxigenación.

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No te agobies

Salvo en los casos mencionados, lo habitual es que el recién nacido llore al poco tiempo de llegar al mundo. Pero no te agobies, mamá: por muy alterado y muy rojo que se ponga, recuperará la calma en cuanto le coloquen sobre tu pecho. Notar el contacto de su piel con la tuya, sentir tu respiración y los latidos de tu corazón, escuchar tu voz hablándole cerquita... le harán recordar las sensaciones placenteras que vivía dentro del útero y eso le relajará.

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¿Y aquello del cachete para llorar?

Hasta hace poco tiempo era habitual que el neonatólogo o la matrona que asistían al parto provocaran el inicio de la respiración autónoma del bebé dándole unos ligeros azotes.
Hoy esta práctica ha dejado de utilizarse y ha sido sustituida por un suave masaje o fricción que el especialista realiza en el tórax del niño mientras le limpia la nariz para ayudarle a despejar las vías aéreas. Es una alternativa mucho más agradable y, por supuesto, igual de efectiva.

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