¿Qué anestesia te pondrán en el parto?

Epidural, raquídea, general... Hay diversas técnicas analgésicas que reducen el dolor del parto.

 

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Distintas opciones ante el dolor

Las contracciones, el paso del bebé por la pelvis, la dilatación de la vagina al expulsarlo... Dar a luz duele, pero no con la misma intensidad para cada mujer.

Hay embarazadas que se preparan física y mentalmente para tener un parto natural, sin anestesia ni fármacos de por medio. Otras optan por terapias alternativas como la reflexología, la acupuntura o la hipnosis; su efecto analgésico no está científicamente demostrado, pero sí alivian y relajan el dolor de parto.

Otras muchas mujeres, sin embargo, tienen claro desde el principio que parirán con la epidural, que suprime los dolores sin dormir a la madre. Y hay otras que prueban algún método natural o alternativo al comienzo de la dilatación y después, según avanza el parto, deciden cambiar a otro farmacológico porque no les alivia lo suficiente.

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La decisión, en principio, es tuya

Eres tú quien elige cómo te gustaría dar a luz a tu hijo y el método que prefieres para aliviar el dolor, por eso es importante que conozcas las alternativas que te ofrece tu hospital (también las naturales), que te hablen de las ventajas e inconvenientes de cada opción y que manifiestes tus preferencias, bien al ginecólogo o bien al hospital, en tu “plan de parto”.

Y también que tengas claro que, al final, la elección del método analgésico puede depender de factores como la fase del parto en la que te encuentres, la complejidad del mismo o cuál sea tu umbral del dolor. Si, por ejemplo, querías un parto sin anestesia pero luego necesitas y pides la epidural, te la pondrán si es posible (si hay anestesista y si el parto aún no está muy avanzado).

Normalmente estas cuestiones se abordan en una charla con el anestesista en el último trimestre del embarazo, una cita en la que aprovecharán para prescribirte una analítica (pruebas de coagulación) y un electrocardiograma, controles necesarios para evitar cualquier problema en caso de que necesites anestesia.

Y, de igual modo, te harán firmar un “consentimiento informado”, en el que asumes los riesgos y los posibles efectos secundarios que pueda tener la anestesia. En este documento también se indica que tienes pleno derecho a cambiar de opinión: si llegado el momento no quieres anestesia, no te la pondrán, salvo que el médico que te atiende lo considere necesario.

Confía en ti y en tu médico. Si eres capaz de controlar y aguantar el “trabajo de parto” sin ninguna ayuda farmacológica, estupendo. Pero si necesitas una analgesia para aliviar o eliminar el dolor, la Medicina te echará una mano.

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Anestesia epidural para el parto

Si optas por la anestesia epidural, te la pondrán cuando hayas dilatado 3 o 4 cm (en algunos centros la ponen antes). Una vez que empiece a hacer efecto, a los 15 minutos aproximadamente, notarás que la anestesia te quita el dolor de la contracción sin llegar a paralizarte del todo las piernas (las sentirás muy pesadas y como acorchadas).

La dosis es tan baja que en el expulsivo notarás una presión en el periné que te provocará ganas de empujar, pero será un dolor final soportable y que te permitirá participar activamente en el parto, aunque aún necesitarás las indicaciones de la comadrona para saber cuándo debes empujar y cuándo descansar.

En cuanto al proceso, consiste en que el anestesiólogo te introduzca una aguja entre dos vértebras de la zona lumbar y, a través de ella, un catéter que dejará puesto y por el que te irán suministrando los anestésicos durante el parto. Cuando te pinchen has de estar en posición fetal, sentada o tumbada, y completamente quieta (tendrás que aguantar las contracciones).

La dosis de analgesia la controla el anestesiólogo, según las peticiones que tú hagas, o la suministra una máquina de forma continua, o incluso puede estar controlada por la paciente (aunque todavía es muy poco habitual en nuestros hospitales). “En este caso es la parturienta quien se autoadministra una dosis extra si aparece el dolor”, explica la Dra. Amparo Urbina, jefa de Anestesia y Reanimación Ginecológica del Hospital 12 de Octubre de Madrid. La cantidad de anestésico y el intervalo de tiempo ya están prefijados, por lo que no hay posibilidad de sobredosis.

Por otra parte, existe una variante de la epidural, la “walking epidural”, que emplea unas dosis menores para que la madre pueda caminar durante la dilatación.

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Ventajas e inconvenientes de la epidural

Se trata de un método completamente eficaz a la hora de quitar el dolor e inocuo para ti y para el bebé, con el que podrás estar despierta durante el nacimiento de tu hijo y recibirle nada más nacer. Y si las cosas se tuercen y hay que hacer cesárea, como llevarás el catéter puesto, el anestesiólogo introducirá a través de él la medicación dosificada para la cirugía, siempre y cuando la intervención no sea urgente (en ese caso habría que utilizar una anestesia más rápida).

En cuanto a los inconvenientes, la ‘Estrategia de atención al parto normal’ indica que con la epidural “hay mayor riesgo de parto instrumental” (que tengan que usar fórceps para sacar al bebé), aunque muchos expertos lo dudan.

Puede suceder (es muy raro) que algunas zonas queden poco anestesiadas, pero esta anomalía tiene rápida solución. Además, existe una pequeña probabilidad de que la epidural provoque dolores de cabeza después del parto (se tratarían con analgésicos) o de que te deje algún hematoma. Respecto al riesgo de que se produzca una lesión nerviosa, es rarísimo: las estadísticas indican que puede darse en 1 de cada 23.000 casos.

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Analgesia raquídea para el parto

Con la analgesia raquídea perderás la sensibilidad de la parte inferior del cuerpo: esta anestesia produce mayor bloqueo y relajación muscular que la epidural.

Se administra igual que la epidural, pero la diferencia es que aquí la aguja (más fina) penetra más profundamente en la zona lumbar, llegando a la duramadre.

“Por eso actúa tan rápido, porque llega cerca de los nervios finales de la médula”, dice el doctor Máximo Sanz, jefe de Anestesia y Reanimación del Hospital Príncipe de Asturias (Madrid). También por este motivo, la dosis necesaria para conseguir el mismo efecto que con la epidural es mucho menor.

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Pros y contras de la analgesia raquídea

Su principal ventaja es que es muy efectiva, el bloqueo es mayor que con la epidural y pueden hacerte una cesárea sin dormirte. Sigues consciente y puedes ver nacer a tu hijo. Como con la epidural, al no estar dormida podrás empezar en seguida a dar el pecho al niño.

Respecto a los inconvenientes, la aparición de cefaleas o de dolores de cabeza tras el parto es más habitual que con la epidural. Pero no suelen ser intensos y, si lo son, existen tratamientos para aliviarlos compatibles con la lactancia.

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Anestesia general en el parto

Esta anestesia se usa solo cuando es imprescindible. Por ejemplo, cuando la epidural está contraindicada; también cuando hay una cesárea programada y la madre está tan nerviosa que el parto no puede llevarse a cabo con epidural. Y por último, en el caso de que durante un parto normal, surja una complicación que haga necesario realizar una cesárea de urgencia.

Te la inyectarán por vía intravenosa o inhalarás el medicamento a través de una máscara o tubo de respiración y te dormirás en seguida. Estarás totalmente inconsciente, sin ninguna sensación.

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Lo bueno y lo malo de la anestesia general

Es la mejor en casos de extrema urgencia en los que corren peligro la madre o el bebé, ya que actúa de inmediato. Y “los fármacos que se utilizan en la actualidad desaparecen totalmente del cuerpo antes de ocho horas, por lo que no hay problema de que lleguen al bebé si se quiere instaurar la lactancia materna”, explica el doctor Sanz.

Pero también tiene inconvenientes. Además de que estarás dormida y no podrás ver a tu hijo hasta varias horas después del parto, en una mujer embarazada resulta más difícil de lo normal la intubación de la tráquea, que necesariamente hay que hacer para someterse a este tipo de anestesia.

Por otro lado en las siguientes horas o días pueden surgir efectos secundarios como vómitos, escalofríos, ansiedad y náuseas.

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La alternativa de los opiáceos

Por último están los opiáceos, una alternativa cuando la anestesia está contraindicada y también una opción para las que rechazan la epidural pero no renuncian a los fármacos.

Sin embargo, con los opiáceos hay que tener cuidado: “Aunque hoy en día utilizamos un opiáceo poco potente, el medicamento atraviesa la placenta y puede afectar al niño. No obstante, si se administra al menos cuatro horas antes de que se produzca el nacimiento o si éste se produce antes de la primera hora tras haberlo administrado, no suele afectar al neonato”, dice el Dr. Máximo Sanz, jefe del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Príncipe de Asturias, de Madrid.

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