La duración del parto depende de tu edad, los hijos que hayas tenido y la colocación del bebé

Pero no son los únicos factores que influyen ya que las circunstancias de cada parto es única y tu médico y/o matrona irán dando los pasos que consideren necesarios para que todo transcurra con normalidad.

Duración del parto
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La duración del parto es muy variable e imposible de predecir con exactitud, ya que depende de muchos factores: si has tenido más hijos, el bebé está bien colocado, eres joven y fuerte y sabes controlar tus nervios, tienes todas las papeletas para que tu parto, tanto en la dilatación como en el expulsivo, sea fácil y rápido. Por el contrario, si es tu primer hijo, si el bebé tiene un gran tamaño, si está colocado muy alto, superas los 35 años y/o eres muy nerviosa, el parto puede alargarse.

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¿Eres primípara o has tenido más hijos?

Ya sabes que el margen de la duración del parto es muy flexible, pero para que te hagas una idea, en las primíparas la dilatación dura de media unas 10 o 12 horas, la expulsión unos 20 minutos y el alumbramiento media hora como máximo.
Si has dado a luz con anterioridad, los tiempos se reducen considerablemente: la dilatación te llevará unas 6 u 8 horas, la expulsión 10 o 15 minutos y el alumbramiento un cuarto de hora. ¿Qué sucede en cada una de estas fases?

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Así son los primeros síntomas del parto

Un par de días antes de que el parto se desencadene (quizá sólo unas horas si has tenido más hijos) sentirás contracciones irregulares e indoloras. Te indican que el cuello del útero se está “borrando”, lo que significa que se ablanda y se acorta para empezar a dilatarse (por eso se desprende el tapón mucoso que lo cerraba). Si es la primera vez que vas a dar a luz, quizá pienses que ha llegado el momento de ir al hospital, pero no es así. Y si eres una mamá que repite, puede que incluso no notes estas contracciones.

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Llega el momento de ir al hospital

Cuando rompas aguas (lo reconocerás perfectamente: notarás que te moja un abundante líquido caliente) habrá llegado el momento de ir a la clínica. Si el líquido es transparente o rosado tienes tiempo de darte una ducha e ir sin prisas. Si es verdoso o marrón, sal lo antes posible.

Tendrás que ir a la clínica si tienes contracciones y éstas empiezan a hacerse rítmicas (serán cada vez más frecuentes y más largas), aunque no hayas roto aguas. Si es tu primer parto, ve al hospital cuando las tengas cada 5 minutos. Y si tienes más hijos, cuando las notes cada 10 minutos.

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La dilatación, la fase más larga

Al llegar a la maternidad tendrás una dilatación de aproximadamente 2 centímetros, si eres primeriza y alguno más si no lo eres. Piensa que tienes que llegar hasta los 10 cm para pasar a la expulsión, y que en dilatar los 5 primeros tardarás el doble que en los 5 últimos.

Tras formalizar el ingreso te harán un tacto vaginal para verificar que estás de parto, comprobarán el latido del bebé, te cogerán una vía para ponerte el suero y quizá la oxitocina y te tomarán la tensión.

Después te toca centrarte en la dilatación e intentar la calma en la medida de lo posible (si estás muy nerviosa, tus músculos se pondrán duros y la dilatación se verá dificultada). Para lograrlo, pon en práctica las respiraciones que te enseñaron en la preparación al parto, ten pensamientos positivos, intenta visualizar al bebé cada vez más cerca de la salida, camina por la habitación...

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El bebé está a punto de nacer

La analgesia epidural te la aplicarán, si la quieres, cuando hayas dilatado unos 4 centímetros. Será un gran alivio, ya que las contracciones más dolorosas son las finales, más largas e intensas. Además, al no sentir dolor estarás mucho más relajada y no opondrás resistencia a la dilatación.

Tras la epidural, te parecerá que el tiempo pasa mucho más rápido y en pocas horas habrás llegado a la dilatación máxima. Entonces el útero empuja al niño por el canal del parto, en dirección a la vagina. En este momento te llevarán al paritorio.

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¡Bienvenido, bebé!
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La matrona te dirá cuándo tienes que empezar a empujar. Si estás pariendo sin epidural tendrás muchas ganas de hacerlo, será una liberación. Si estás bajo los efectos de la anestesia no tendrás esa necesidad, pero te lo indicarán. Para facilitar esta parte del proceso, aplica lo aprendido en las clases de preparación al parto respecto a cómo empujar para que los pujos sean eficaces y piensa que ya queda muy poco para que todo acabe.

Es posible que para facilitar la pronta salida del niño, la matrona presione con fuerza en la zona alta de tu tripa. Es una práctica común y se conoce como maniobra de Kristeller. Con unos pujos más (te dirán que en uno no empujes, para ver si el cordón trae alguna vuelta) el bebé saldrá fácilmente. Te lo pondrán en el pecho y le darás la bienvenida. En unos segundos el cordón umbilical dejará de latir y el facultativo (o tu pareja, si se anima) lo cortará.

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La placenta también tiene que salir

Unos cinco minutos después del nacimiento de tu hijo volverás a tener contracciones más suaves. El útero se contrae para que la placenta se despegue y salga al exterior junto a las membranas, y la matrona colabora en este trabajo presionándote la tripa.

Sentirás de nuevo ganas de empujar y tras dos empujones y una ayudita por parte de la matrona o del ginecólogo, que tirarán suavemente del cordón umbilical, la placenta habrá salido al exterior junto a las membranas. En algunas ocasiones (las menos) es necesario que el médico saque manualmente la placenta, debido a la ineficacia de las contracciones. En este caso, si no tienes puesta la epidural te aplicarán anestesia general. Además, te pondrán oxitocina para que el útero se contraiga y se eviten las hemorragias.

Sólo te quedan unos minutos más en el paritorio. Los necesarios para que controlen tus pérdidas sanguíneas, tu temperatura y tu tensión, te aseen y te pongan una compresa (la cuarentena ha empezado). Después te subirán a la habitación y podrás descansar, recibir felicitaciones y empezar a disfrutar de tu hijo.

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