Cómo respirar durante el parto

Factores como el miedo al dolor, un entorno ruidoso y el frío frenan la liberación de oxitocina, la hormona necesaria para las contracciones. Aprender a respirar te facilitará mucho las cosas.

 

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¡Qué importante es respirar bien!

La hormona oxitocina es la responsable de que den comienzo las contracciones que inician el parto. Y la necesitas en buena cantidad, ya que una buena segregación de oxitocina provoca contracciones efectivas y gracias a ello alcanzas con mayor rapidez la apertura completa del cuello uterino (unos 10 cm).

Factores que influyen

Pero hay factores que frenan la liberación de esta hormona, como el frío (ve al parto con un camisón calentito y calcetines gruesos), un entorno ruidoso (busca un lugar tranquilo para la dilatación) y el miedo (convéncete de que tu cuerpo está preparado para dar a luz).

Además, también influye la tendencia natural a huir del dolor, algo contra lo que puedes luchar si te concentras en la respiración.

Aprende a hacerlo durante el embarazo y recuerda que contarás con la ayuda de tu cuerpo, que segregará unos analgésicos naturales: las endorfinas.

En cada momento de la fase de dilatación puedes usar distintas respiraciones.

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1. Respiración del vientre

Para cuando las contracciones sean suaves. Puedes aplicarla tumbada, o sentada en tus rodillas, o de pie e inclinada hacia adelante apoyándote en un mueble...

Inhala lenta y profundamente por la nariz, expandiendo tu vientre. Sostén un momento la respiración y al llegar al punto máximo de inhalación, inicia una exhalación profunda y audible. Repítelo hasta que la contracción remita.

Si lo haces bien notarás una ligera presión en la vagina; así se relaja el suelo pelviano.

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2. Respiración jadeante

Aplícala cuando las contracciones sean más intensas.

Inhala una buena dosis de aire y luego exhala el aire repartido en siete resoplidos, acompañándolo con frases (“ya-fal-ta-mu-cho-me-nos”) o sonidos (“Uf-uf-uf...”).

Cuando jadeas al exhalar, ensanchas la cavidad abdominal y aumentas la presión en la boca del útero, lo que estimula la segregación de oxitocina.

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3. Respiración jadeante con movimientos de pelvis

Puedes aplicar esta respiración a gatas o de pie.

Consiste en acompañar la exhalación de resoplidos con movimientos de pelvis, hacia adelante y atrás o hacia un lado y otro. Así sueltas los músculos del vientre y de la pelvis, con lo que la circulación sanguínea en la parte baja de tu cuerpo mejora. Tener un pañuelo en las manos y morderlo en el punto álgido de la contracción también te vendrá bien.

Los últimos dos centímetros de la dilatación son los más dolorosos, por eso es normal que en esa fase grites, en lugar de jadear. Y es positivo: hacer ruido o chillar en lugar de inhibirse ayuda a “soltar el dolor” y lo hace bastante más soportable.

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4. Y cuando el bebé ya vaya a salir...

Cuando el cuello está totalmente dilatado empieza la fase de expulsión (dura de 45 a 90 minutos) y las contracciones son distintas. Inspira inaudiblemente y expira empujando suavemente al compás de cada contracción. Sé consciente de tu respiración y envía su energía hacia el suelo pélvico (procura empujar hacia abajo con los músculos de tu vientre y no con tu cabeza).
Mira hacia tu vientre; puede que ahora tengas náuseas, se debe a que al contraerse el útero de modo vigoroso se produce la estimulación indirecta del peritoneo, la membrana que reviste el interior de la cavidad abdominal. Y es normal.

Cómo respirar en el alumbramiento

Una vez nacido el bebé, aún queda la expulsión de la placenta. Pasarás contracciones menos dolorosas, para las que te vendrá bien la respiración profunda o a la de los jadeos. Luego volverás a tu respiración habitual... aunque no serás consciente de ello: solamente podrás pensar en que tu hijo ya está contigo.

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