Llega el parto, alivia así el dolor

No nos engañemos: las contracciones duelen. La buena noticia es que existen técnicas para hacer más llevadero el dolor y favorecer la dilatación. Toma nota.

 

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Comienzan las contracciones

Empiezas a notar contracciones, ¡ha llegado el momento del parto! Lo sabes porque, a diferencia de las de Braxton-Hicks, que sirven de entrenamiento al útero, éstas no son aisladas, sino que regresan al cabo de un rato, y no se detienen con el reposo.

Son regulares, rítmicas, dolorosas (aunque la percepción del dolor es distinta en cada mujer) y más largas (30-40 segundos o más, mientras que las de Braxton-Hicks suelen durar unos 20-25 segundos).

En una primera fase te vendrán cada 10-15 minutos. Después su frecuencia aumentará, así como su intensidad y su duración. En todo caso, se ha iniciado la cuenta atrás, la dilatación activa ha comenzado.

Cuentas con ayuda

Desde este instante hasta que vayas a la maternidad, cuando te vengan cada 10-5 minutos, pasarán algunas horas en las que puedes practicar varias técnicas y trucos para aliviar el dolor y para que las contracciones cumplan mejor su cometido.

Y cuando ingreses en el hospital, podrás seguir practicándolas en la habitación, con la ayuda de tu acompañante, ya que así facilitarás el parto y ayudarás a nacer a tu hijo. Sigue leyendo.

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Mantén la mente ocupada

Sí, no vamos a negarlo: las contracciones son dolorosas. Pero hay estrategias para aliviarlas hasta que te pongan la epidural (si te has decidido por esta opción) y hacer más llevadero el dolor.

Primeras medidas

Al inicio, la mejor opción es intentar distraerse. Pasea, lee, mira la televisión, haz punto... En fin, cualquier cosa que te guste y con la que puedas mantener la mente ocupada durante un rato.

A medida que el malestar aumente, ten en cuenta más recursos.

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El agua, una buena ayuda

“Sus efectos son buenísimos; el agua favorece la dilatación y aumenta la relajación y el nivel de endorfinas, que son como el analgésico que produce tu cuerpo”, explica Carme Roig, matrona del hospital Universitario Arnau de Vilanova, de Lleida.

Útil y muy empleada

De hecho, algunos centros aplican una técnica de analgesia del dolor relacionada con ella: consiste en que cuando el parto ya está en marcha con una dilatación de unos 5 centímetros, la parturienta entra en una bañera a una temperatura no superior a 37 grados durante como máximo dos horas.

En casa, lo que puedes hacer es darte una relajante ducha o un baño de agua caliente.

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Técnicas que te relajan

Existen técnicas que cumplen la función de reducir la ansiedad y la percepción del dolor. Hay varias, en las clases de preparto se suelen enseñar algunas.

Concentración y visualización

Una, por ejemplo, consiste en tomar conciencia de tu propio cuerpo, “pasear” por él mentalmente concentrándote en cada parte, buscando las que están en tensión para relajarlas. Todo acompañado de una respiración pausada en la que al espirar el aire también eliminas tensiones.

Otra es la visualización: se trata de imaginar situaciones que te hagan feliz, concentrándote en ellas. Piensa por ejemplo en tu bebé y en que cada contracción es una menos que queda para poder abrazarle.

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El calor y los masajes, tus aliados

La aplicación de calor en la zona dolorida te calmará mucho. Puedes hacerlo con una manta eléctrica o una bolsa de agua caliente.

Reducir la tensión

Otro alivio muy eficaz son los masajes: consiguen disminuir la tensión de la musculatura porque mejoran el flujo sanguíneo y el dolor se percibe más leve.

Pide a tu pareja que presione sobre la zona lumbar o que te masajee las piernas desde los tobillos, verás qué cambio.

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Más terapias calmantes

Hay algunas que te pueden ayudar en el parto, como la aromaterapia o la musicoterapia. Su utilidad radica en que al concentrarte en la percepción de otros estímulos, te distraes del dolor, reduciendo así la ansiedad y la tensión muscular.

Desde unos meses antes

Sin embargo, estas terapias no servirán de mucho si las pruebas por primera vez en estos momentos, se trata más bien de algo con lo que ya deberías haber experimentado durante el embarazo.

De igual forma, hay clases de hipnosis que te preparan para alcanzar un estado profundo de relajación muy útil en estos momentos.

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Recurre al movimiento

Todo lo que sea moverse favorece muchísimo la dilatación, así que ve a dar un paseo, anda por casa...

“En el hospital vemos muchas veces la situación de tener a una madre acostada en una cama con un parto que no avanza y que cuando se levanta para ir al baño, la dilatación se reactiva”, apunta Carme Roig.

Beneficios de la postura vertical

Además, según la Federación de Asociaciones de Matronas de España, se ha comprobado que las mujeres que están en posición vertical en estos primeros momentos sienten menos dolor, consiguen acortar el tiempo de dilatación y el bebé presenta menos alteraciones en los latidos cardíacos.

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Favorece el encajamiento

El parto es algo muy dinámico: la cabeza del bebé no baja recta, sino que se va encajando buscando las mejores posiciones, adaptándose a los diámetros de tu cuerpo. Por eso, mover y rotar la pelvis ayudará al encajamiento.

¿Qué puedes hacer al respecto?

Subir y bajar escaleras (de esta forma mueves los lados de la pelvis), sentarte en una pelota de goma de parto y repetir movimientos de balanceo, incluso dando pequeños saltos hacia adelante y hacia atrás, ponerte a gatas y balancearte o, de pie, rotar la pelvis como si movieras un hula hop.

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Cambios de postura

En cuanto a las posiciones a adoptar, apunta estas ideas: para favorecer la dilatación, ponte de pie con las manos en la pared e inclinada hacia adelante, oscilando caderas. Si tienes muy dolorida la zona lumbar, te aliviará ponerte a gatas. Y de rodillas o en cuclillas ayudas a abrir la pelvis.

Escucha a tu cuerpo

 De todas formas, las posturas irán cambiando en función de lo que te pida el cuerpo. A veces te sorprenderás queriendo estar en cuclillas, otras sentirás la imperiosa necesidad de andar... Escucha a tu instinto.

 “A menudo vemos que las madres se mueven de forma instintiva en función de lo que necesita el bebé. La naturaleza es muy sabia”, mantiene Carme Roig.

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Olvídate del miedo

“Muchas veces tenemos miedo al dolor y a lo desconocido y lo malo es que ese miedo paraliza y bloquea la musculatura, disminuyendo las contracciones y la dilatación. Por el contrario, sin estrés todo va mejor e incluso se reduce la necesidad de analgésicos”, explica la matrona.

Un ánimo positivo

Una buena forma de combatirlo es entender qué pasa en cada momento (de ahí la importancia de las clases preparto), estar positiva y aceptar las contracciones como un proceso natural. Céntrate en ti y en lo que necesitas, apóyate en tu pareja y, sobre todo, confía en ti misma.

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Controla el modo en que respiras

La importancia de la respiración en el trabajo de dilatación y de parto es muy alta y, como tal, ocupa buena parte de las clases de preparación. Esto es lo que te aporta:

Más oxígeno para el bebé y para ti

Una buena respiración en el momento del dolor de la contracción aumenta el flujo de oxígeno de la placenta hacia el bebé. Y en la madre, la mayor oxigenación disminuye la tensión muscular y evita la hiperventilación.

Controlarás mejor la situación

Si dominas la respiración, sentirás que controlas mucho mejor la situación y tu cuerpo se relajará. Además, centrando tu mente en la respiración la estás de algún modo distrayendo del dolor. Eso sí, tienes que haberla ensayado antes.

Recuerda cómo tienes que respirar

Entre contracciones la respiración es normal. Cuando llega el dolor hay que concentrarse para que ésta sea profunda y abdominal (expande la caja torácica), llenando de aire la parte baja de los pulmones y exhalando lentamente.

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Al hospital, en el momento adecuado

Es la gran duda de muchas primerizas. No conviene ir demasiado pronto, ya que en casa se dilata mejor y hasta el expulsivo habrá tiempo de sobra. Sigue estas pautas:

En un primer embarazo

Si durante una hora y media seguida percibes contracciones de unos 30 segundos cada 5 minutos, que no cesan con el reposo, es hora de ir.

En una segunda gestación

No esperes tanto: en cuanto las notes cada 10 minutos durante una hora ya es suficiente, porque irá todo mucho más rápido. “Normalmente las mamás llegan al hospital antes de tiempo. Si todo va bien, yo aconsejo no adelantar la ida, porque en casa siempre se está más relajada y eso favorece mucho el proceso”, explica la matrona.

Otros casos en los que debes ir ya

Son los siguientes: si has roto aguas (si el agua es clara no hay prisa, puedes ducharte o acabar la maleta) o si sangras (a menos que el sangrado se produzca después de un tacto vaginal).

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