Me han dado cita para provocarme el parto...

Si tu embarazo llega a la semana 42 y el niño no nace, o si existe algún motivo por el que deba hacerlo antes, te inducirán el parto.

La fecha del parto la “decide” el bebé: cuando está formado y necesita nacer, emite hormonas que viajan en la sangre hasta el cerebro de la madre, quien en respuesta a este aviso de su hijo segrega prostaglandinas (ablandan el cuello uterino) y oxitocina, la hormona que desencadena las contracciones del útero (curiosamente, es la misma que provoca el sentimiento de amor), que ensanchan su cuello o cérvix y empujan al niño para hacerle descender por el canal. Es lo habitual.

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Sin embargo, a veces la fecha la decide el médico. Porque hay situaciones en las que es necesario que el bebé nazca antes y, también, porque hay bebés que con el embarazo llegado a término, no se deciden a nacer.

Si estás en uno de estos casos, te inducirán el parto. Un parto inducido es el que no se inicia de forma espontánea, sino con una maniobra del médico o con la administración de sustancias artificiales, como prostaglandinas y oxitocina sintéticas, que tienen el mismo efecto que estas hormonas naturales.

No te preocupes ni te sientas defraudada, esta forma de dar a luz es sólo un poco diferente a lo que esperabas.

Evitar riesgos

Hay casos, poco frecuentes, en los que el médico decide provocar el parto antes de término para evitar un riesgo grave a la madre o al bebé.

Por ejemplo, si hay una hipertensión materna acusada, o problemas placentarios que hacen que el feto no crezca bien (crecimiento intrauterino retardado, CIR), o si se detecta una falta de bienestar fetal.

Aunque, si es posible, para evitar la prematuridad del niño, el tocólogo intentará prolongar el embarazo hasta la semana 37-39 antes de inducirlo.

Otra situación que puede ocurrir es que la bolsa amniótica se rompa antes de tiempo (el líquido saldrá y mojará abundantemente como si fuese orina, pero sin que intervenga la vejiga). O que suceda en la fecha prevista, pero sin que haya contracciones.

En ambos casos debes ir al hospital. Si no se trata de una fisura que se pueda cerrar con medicación y reposo, si has “roto aguas”, habrá que provocar el nacimiento: los médicos comprobarán que el niño está cabeza abajo (así suele ser) y que el cuello del útero está “maduro” (si no, lo harán madurar aplicando prostaglandinas) y, tras esperar un tiempo razonable por si se inician de forma espontánea las contracciones, pondrán a la madre una vía con oxitocina sintética para provocarlas.

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Fuera de cuentas

La causa más común de la inducción es que el embarazo llegue a la semana 42 y no haya signos de parto.

La postmaturidad también tiene graves riesgos y en este caso, aunque la naturaleza sea sabia, la intervención médica salva vidas.

Tras comprobar que esa es realmente la edad gestacional (el médico lo calculará mejor que tú, analizando las ecografías), te citarán para iniciar el procedimiento.

Primero el tocoginecólogo te hará un tacto vaginal, palpará el cuello del útero y evaluará su estado mediante el test de Bishop, que analiza varios parámetros: longitud (inicio del borramiento), dilatación (de 0 a 10 cm), consistencia (debe ser blanda)...

Es probable que en esa consulta te realice la maniobra de Hamilton (despegar las membranas).

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