Cuando se precisa intervención médica en el parto...

Parto lento, frecuencia cardiaca fetal anormal, vueltas de cordón... circunstancias que requieren mayor atención por parte del equipo de obstetricia.

Aunque hoy en día las posibles complicaciones en el parto se suelen conocer de antemano (en cuyo caso se programa una cesárea), es cierto que existen un mínimo de contrariedades que pueden aparecer durante la dilatación o en el expulsivo y para las que debes estar preparada:

  • Parto lento. Ocurre cuando la dilatación total activa (desde los 3 cm hasta alcanzar los 10 cm necesarios para que salga el niño) se demora más de 6 horas en las madres primerizas y más de 4 horas en las mujeres que ya han tenido más partos. Puede deberse a que las contracciones no mantienen la frecuencia adecuada, a que no son suficientemente fuertes o a que no son uniformes en todo el músculo uterino, dificultando la dilatación. En estos casos se pondrá una vía a la madre por la que administrarán oxitocina para mejorar la dinámica uterina o se romperá la bolsa amniótica (si aún no se había roto de forma espontánea) para agilizar el parto. Si aún así la cabeza del feto no desciende, se optará por hacer una cesárea. Y en el caso de que el feto sí descienda pero la madre se encuentre muy cansada, podrán ayudarla en la expulsión con instrumental obstétrico (fórceps, espátula o ventosa).
  • Frecuencia cardiaca fetal anormal. Cuando el latido fetal es demasiado rápido, puede ser porque la madre no se encuentra bien (tiene fiebre, vomita…), pero no suele representar un peligro para el feto. Ahora bien, si los latidos disminuyen en exceso con cada contracción, se puede tomar una muestra de sangre fetal (se extrae una gotita del cuero cabelludo) para asegurar que el aporte de oxígeno al bebé sigue siendo suficiente. Si no es así, se administrará medicación para frenar las contracciones y se optará por hacer la cesárea.
    Publicidad - Sigue leyendo debajo

    Más motivos de intervención médica en el parto

    1. Incorrecta colocación fetal. Algunas posiciones del bebé son incompatibles con un parto vaginal, como por ejemplo cuando el feto está en posición transversa. Si se presenta de nalgas, es posible que el médico intente girarlo mediante una maniobra obstétrica, la versión cefálica externa (se logra en el 50% de los casos). Cuando no se consigue, se valora en el momento y dependiendo de otras variables (tamaño del bebé, estado de la madre…) si el parto puede seguir adelante o si hay que hacer cesárea, algo que siempre es necesario cuando el feto se presenta en posición de cara, con la barbilla muy separada del pecho.
    2. Distocia de hombros. Es una complicación rara, aparece en uno de cada 1.000 partos. Ocurre cuando, tras salir la cabeza del bebé, sus hombros se quedan atascados en el hueso púbico materno. El obstetra realizará diferentes maniobras, más o menos complejas, para lograr extraer los hombros lo más rápido posible.
    3. Vueltas de cordón. Es bastante frecuente que el feto tenga el cordón alrededor del cuello (sucede en un 30% de los nacimientos, aproximadamente). Habitualmente no tiene mayor repercusión y el parto transcurre sin incidencias, bien porque el obstetra o la matrona desenrollan el cordón o bien porque la expulsión es rápida y esta maniobra no es necesaria. Pero en ocasiones, si las vueltas están fuertes (hay que tener en cuenta que el cordón se tensa con cada contracción) y se valora que el feto pueda estar sufriendo, se opta por realizar una cesárea de urgencia.
    4. Prolapso de cordón. En casos muy aislados, después de romper aguas y cuando empieza la fase expulsiva, puede ocurrir que el cordón umbilical salga antes que la cabeza del bebé. Cuando esto sucede, se opta por realizar una cesárea inmediatamente para evitar que la presión que ejerce el cuerpo del bebé sobre el cordón corte el aporte de oxígeno.
    5. Aparición de meconio. Cuando el líquido amniótico no es transparente, sino que está teñido de color verdoso, se debe a que el bebé ha hecho su primera deposición estando todavía dentro del útero materno. Aunque es un signo de estrés fetal, no hay por qué alarmarse antes de tiempo. Los especialistas mantendrán un registro cardiotocográfico continuo del bebé y, si es necesario, analizarán una muestra de sangre fetal. Si los resultados aportan valores normales se seguirá adelante con el parto natural.

      Publicidad - Sigue leyendo debajo