¿Y si el parto se complica?

Sucede en muy contadas ocasiones y, gracias a los avances médicos, suele solventarse sin que corran peligro ni la madre ni el niño.

Tan sólo en el 10% de los partos en nuestro país se presenta algún tipo de complicación. Y, además, ésta no tiene por qué ser grave. El desarrollo de las técnicas ecográficas permite que, cuando una mujer llega a la maternidad, se sepa ya de antemano si existen más probabilidades de que vaya a necesitar algo de ayuda en el parto, así que el equipo médico estará preparado para ello.

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Desde el momento en que la futura mamá ingrese en la clínica, se monitorizará tanto su bienestar como el del bebé. Durante la fase de dilatación, lo más importante es controlar que la frecuencia cardiaca del niño se encuentre dentro de los límites normales (ni muy lenta ni muy rápida) y así asegurar que no existe falta de bienestar fetal. En caso de que los especialistas detecten una anomalía significativa, tratarán de corregir la dinámica del parto para que, siempre que sea posible, éste se produzca de forma natural (dando más oxígeno a la madre, incrementando la cantidad de líquidos por vía intravenosa, haciendo que se tumbe sobre su lado izquierdo para facilitar el riego sanguíneo y favorecer de esta manera la dilatación del cuello del útero...).

Si aún así el parto no progresa satisfactoriamente, el equipo médico valorará intervenir para resolverlo, ya sea ayudando a la expulsión con fórceps, espátula o ventosa o, en los casos más urgentes o que así lo precisen, recurriendo a una cesárea.

Vigilancia médica en el parto

Desde que la embarazada ingresa para el parto, el equipo médico hace un seguimiento exhaustivo de ella y del bebé para garantizar el bienestar de ambos.

  • Las constantes maternas. Tanto la tensión arterial como la frecuencia cardiaca y la temperatura se controlan cada dos horas. Es normal que la mujer sienta náuseas e incluso que vomite en la última fase de dilatación o que tenga otros síntomas de malestar si ha optado por algún tipo de analgesia. En ambos casos, si las constantes son normales, no hay por qué preocuparse (un consejo: no lleves las uñas pintadas, porque el cambio de su color es uno de los signos en los que debe fijarse el médico).
  • Comprobación del estado fetal. Se puede hacer mediante auscultación a través de la tripa de la madre cada 15 minutos durante 60 segundos (empezando siempre después de una contracción) o mediante monitorización cardiotográfica continua. Para esta última se colocan dos cinturones en el abdomen de la madre con los que se registra la frecuencia cardiaca fetal y la dinámica uterina, que el monitor va imprimiendo en una tira alargada de papel. En ocasiones, si la lectura de las variables no es suficientemente clara, se coloca un electrodo en el interior del útero y otro se engancha en la cabeza del bebé.
  • Exploraciones vaginales. Se intentan reducir al mínimo. Normalmente cada 2 o 4 horas es suficiente para valorar la dilatación del cuello del útero. También se hacen después de la rotura de la bolsa del líquido amniótico, antes de administrar anestesia epidural o si se sospecha que hay una falta de bienestar fetal.
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