Miedo al dolor en el parto

El temor a sentir dolor es uno de los más habituales en la embarazada. ¿Cómo puedes afrontarlo?

En el parto el útero se comporta como todo músculo sometido a un esfuerzo: quemando oxígeno y liberando toxinas y desechos, lo que es fuente de dolor.

En el expulsivo este dolor es continuo y está provocado por la distensión de los músculos del periné y de la vagina.

La parte buena es que, a diferencia de lo que ocurre en otras situaciones, en ésta el dolor es positivo: significa que el nacimiento está próximo. Además, gracias a él te encierras en ti misma, lo que te ayuda en la transición hacia la maternidad.

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De hecho, el dolor desempeña una función en el vínculo, porque desencadena un cóctel hormonal que propicia el amor, el apego y la protección. Y, por otro lado, cuentas con buenos aliados para enfrentarte a él: las endorfinas, las pausas entre contracciones y el mecanismo del olvido.

LAS ENDORFINAS

Son hormonas con efecto analgésico y euforizante y el cuerpo las segrega espontáneamente cuando está expuesto a dolor y estrés durante un periodo de tiempo prolongado.

Al principio del parto las contracciones te parecerán horribles, pero poco a poco irás teniendo la sensación de que la situación es más soportable, aunque en realidad las contracciones se hayan hecho mucho más intensas. La razón será que el cuerpo ya habrá comenzado a producir endorfinas.

Solamente hay un mecanismo que puede frenar su acción: el miedo. Ante este sentimiento el cuerpo segrega adrenalina, lo que bloquea la secreción de las endorfinas y de la oxitocina (es la hormona responsable de las contracciones, por lo que el parto puede detenerse).

Por eso es tan importante que respires hondo y que trates de relajarte.

Ten en cuenta además que el ambiente influye en la producción de endorfinas. Un entorno tranquilo, en penumbra, sin ruidos y donde no te sientas observada te relajará. Una habitación llena de luz y con mucha gente hablándote te pondrá nerviosa y aumentará el dolor.

PAUSAS ENTRE CONTRACCIONES

Una contracción es como una ola: va creciendo lentamente, llega a su punto de máxima fuerza y poco a poco va perdiéndola.

En el punto álgido vives unos segundos muy dolorosos y solitarios, pero el final de la contracción está a la vista y el dolor va remitiendo. Y cuando desaparece por completo, pasas unos minutos tranquila.

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Este proceso va de menor a mayor intensidad y de intervalos largos a otros más cortos, lo que te da tiempo para familiarizarte con lo que está ocurriendo.

Se trata, nuevamente, de un mecanismo sabio del cuerpo. Y cuando llegues al momento en el que pienses que no puedes resistir más, estarás en el final de la dilatación.

EL OLVIDO

El cuerpo tiene un último mecanismo ante el dolor: éste desaparece por completo una vez terminado el parto y las endorfinas, ahora presentes en mayor cantidad en tu sangre, hacen que te enamores de tu bebé.

Poco después el recuerdo del dolor se borra totalmente de tu memoria. Así la naturaleza te ayuda para que tiempo después te animes a repetir.

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