Los días de hospital tras el parto

Después de dar a luz estaréis un tiempo en la maternidad. Aprovéchalo para reponerte y conocer mejor a tu hijo.

Los días de estancia en la clínica maternal dependerán del tipo de parto: de 2 a 3 si ha sido vaginal y 3 o 4 días si fue cesárea. Durante este tiempo tu hijo y tú estaréis juntos en la habitación, aunque si el parto ha sido muy duro puedes pedir que lo lleven al nido (una sala común para bebés en la que están bien atendidos) y te lo traigan para darle de mamar.

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Tu prioridad es recuperarte y vincularte con tu peque. Puede que tengas pensamientos desconcertantes, como la impresión de no quererlo tanto como esperabas o el temor a no saber cuidarlo. Tranquila, son sensaciones pasajeras y absolutamente normales.

El aspecto del bebé

El recién nacido es distinto, y en general más feúcho, que el bebé de un par de semanas. Aunque a ti te parecerá perfecto desde el momento en que te vincules con él, hay varias cosas que pueden alarmarte sin motivo:

  • Su cabeza es apepinada. Es por la presión al atravesar el canal vaginal. En las siguientes semanas se irá corrigiendo.
    • Está muy arrugadito. Se debe a que aún hay poca grasa bajo su piel y a que ha estado mucho tiempo en contacto con el líquido amniótico. En unos días su piel será tersa.
      • Sus pechitos están hinchados. Incluso puede que segreguen unas gotitas de leche (aunque sea un niño). Es por las hormonas maternas. En pocos días desaparecerá.
        • Su caca parece alquitrán. Es el meconio (sustancia que reviste el intestino), que debe expulsar en las primeras 24 horas.
          • La niña puede tener un pequeño sangrado vaginal. También es por las hormonas de la madre. Y por el mismo motivo los genitales (vagina de la niña o escroto del niño) pueden estar inflamados. Todo ello desaparecerá en unos días, sin tratamiento.

            Igualmente te pueden extrañar algunas de sus reacciones: que respire muy rápido (los recién nacidos respiran así, pero pregunta al médico si eso te preocupa), que se pase casi todo el tiempo durmiendo (con lo alerta que estaba al poco de nacer), que estornude (así limpia su naricita, no está resfriado), que se agite mientras duerme, como si soñase, o que tenga hipo. El médico o el personal de enfermería te dirán que todo ello es normal. Y además te explicarán cómo “tratar” al recién nacido: ponerle al pecho con la técnica adecuada, curarle el ombligo, cambiarle el pañal y lavarle...

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            A toda prueba

            Tu hijo, que está perfectamente identificado desde el parto (desecha el temor a que te lo puedan cambiar), ya ha pasado por un reconocimiento completo nada más nacer. Además del test de Apgar, que evalúa su adaptación inmediata a la vida extrauterina, el neonatólogo ha anotado sus medidas (talla, peso, perímetro craneal...) y ha realizado una exploración de cada parte de su cuerpo, asegurándose de que todo está bien. También le habrán administrado un antibiótico en los ojos para prevenir la conjuntivitis, una inyección de vitamina K para evitar hemorragias y la primera dosis de la vacuna de la hepatitis B.

            Ahora, entre las 24 y las 48 horas tras el parto, una enfermera le extraerá mediante una punción en el talón unas gotitas de sangre. Su análisis servirá para detectar o descartar distintas enfermedades metabólicas que habría que tratar precozmente. Esta prueba se repite al quinto día en el centro de salud, si ya os han dado el alta, o en el hospital si aún estáis ingresados. También es probable que le hagan ahora unas pruebas de audición.

            Antes de que dejéis el hospital, el pediatra subirá a vuestra habitación y le hará otro chequeo exhaustivo. Comprobará las caderas, le auscultará el pecho, analizará sus reflejos... Si te dice que todo está bien, quédate tranquila.

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