Respirar con contracciones muy intensas en el parto

Aprende cómo debes respirar para controlar el dolor en el momento de la llegada del bebé.

¡Ya llega la hora del expulsivo!

Cuando las contracciones son muy intensas, justo antes del periodo expulsivo, el protocolo del parto sin dolor indica practicar las respiraciones de jadeo. Son muy rápidas, similares a las que hacen los perros después de correr.

Sirven para soportar mejor las contracciones más duras y para que la embarazada no empuje si aún no es el momento, ya que jadeando, el diafragma “pelotea” encima de la matriz, imposibilitando que la parturienta empuje. Por supuesto, al concentrarse en el jadeo la mujer también se distrae del dolor.

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Y por fin llegan las últimas contracciones, las llamadas del expulsivo, después de las cuales nacerá el bebé.

Al comenzar la contracción, la mamá debe hacer una respiración completa y, a continuación, coger la mayor cantidad de aire posible y mantenerlo dentro mientras se agarra con fuerza a las barras de la mesa de parto y empuja, como cuando se hacen unos abdominales fuertes.

La idea aquí es que la musculatura abdominal esté bien contraída y el aire permanezca dentro del diafragma, que sujeta esa musculatura. Así el pujo resulta mucho más eficaz y ayuda a salir al niño. Finalizada la contracción, hay que soltar el aire y hacer una respiración completa.

Esta respiración del expulsivo es difícil para las mamás que no estén muy entrenadas, ya que es complicado aguantar la duración de las últimas contracciones (entre 40 y 60 segundos cada una) sin soltar el aire. Si no se puede hacer, hay que soltarlo cuando no se aguante más, volver a coger aire y seguir empujando hasta que se vaya la contracción.

Una vez que el bebé ha nacido, aparecen nuevas contracciones (mucho más leves) necesarias para que expulses la placenta.

En esta fase, llamada alumbramiento, las respiraciones a utilizar son completas o normales, sin más. Y, como señala Clara Peña, “si la mujer tiene dolor o está un poquito angustiada, le decimos que haga unas soplantes para que se relaje. Eso sí, hay que tener cuidado con que no haga una hiperventilación, porque podría marearse”.

¿Y qué pasa si te ponen epidural?

La aplicación masiva de la anestesia epidural en los partos ha cambiado mucho esta pauta de respiraciones, ya que su finalidad era que mitigaran en la medida de lo posible el dolor y ahora ese papel lo cumple con creces la epidural.

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Entonces, ¿si te ponen la epidural no tendrás que preocuparte por la respiración? No exactamente. Respirar bien es útil aun con anestesia. Como indica Clara Peña: “siguen vigentes la respiración completa, la soplante y la de expulsivo.

La completa, porque hemos comprobado que cuando la mujer respira bien y sabe controlar su respiración, el niño responde mejor en las fases del parto en las que puede deprimirse un poquito.

La soplante tiene utilidad si la mujer decide ponerse la epidural algo más tarde de lo habitual o si comienza el parto en casa y va rápido. En este caso la embarazada ya sabe que tiene que hacerla al principio de la contracción y eso le ayuda a controlarse.

Y la del periodo expulsivo también resulta muy útil, porque con la anestesia epidural el pujo ha dejado de ser algo fisiológico, ya que en muchos casos la mujer no tiene esa sensación. Entonces, coger aire, mantenerlo dentro, empujar y soltarlo cuando los especialistas le indiquemos es de gran ayuda”.

Merece la pena conocer y practicar las diferentes respiraciones durante el embarazo, tal como enseñan en los cursos de preparación al parto. Así, cuando llegue el momento de dar a luz a tu hijo, estarás más segura ¡y podrás respirar tranquila!

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