Cómo respirar durante el parto

Las respiraciones te ayudan a estar más relajada y a acortar la duración del parto. Y son útiles tanto si das a luz sin anestesia como si lo haces con epidural.

¿Te has parado a pensar alguna vez si respiras correctamente? Si aún no lo has hecho, ahora que te enfrentas al parto debes tenerlo clarísimo y ser consciente de tu respiración. Y es que algo tan esencial para la vida como es coger aire y soltarlo tiene también un papel protagonista en las horas del parto.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

¿Por qué? Porque una buena respiración os beneficia enormemente tanto a ti como al bebé: 

  • A ti te ayuda a oxigenarte bien y a estar más relajada, reduciendo el dolor, ya que al centrar tu atención en el trabajo que está realizando la parte superior de tu cuerpo (tomando aire y expulsándolo), la alejas del que está haciendo la zona abdominal y genital (las contracciones, la dilatación...). Está comprobado que respirando correctamente la parturienta puede lograr que las contracciones sean mucho más eficaces y que la duración del parto se acorte al máximo.
  • Y en cuanto al bebé, le permite estar muy bien oxigenado y soportar mejor los momentos más duros de su nacimiento, con lo que le facilita su salida por el canal vaginal.

    Su importancia queda clara, pero ¿en qué consiste exactamente respirar bien? ¿Cómo lo llevamos a la práctica?

    En caso de que quieras dar a luz sin anestesia o que las circunstancias no permitan aplicarla, controlar la respiración resulta fundamental.

    Clara Peña de los Ríos, matrona del USP Hospital San José de Madrid, nos recuerda que el famoso “parto sin dolor”, método de preparación que introdujo en nuestro país el doctor Aguirre de Cárcer en los pasados años 80, se centraba precisamente en enseñar las respiraciones más favorables en cada fase del parto. Así se ponen en práctica.

    De menor a mayor intensidad

    Al principio de la dilatación, cuando las contracciones son flojitas, se respira normalmente (cogiendo aire por la nariz, notando cómo llega a los pulmones y expulsándolo) y al inicio y al final de cada contracción se realiza una respiración completa.

    Consiste en hacer una respiración profunda y consciente por la nariz llevando el aire hasta el estómago y soltarlo muy despacio en sentido inverso, sintiéndolo salir desde la zona abdominal hacia arriba hasta expulsarlo del todo.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo

    A medida que la dilatación avanza y la intensidad de las contracciones aumenta, se practica la respiración soplante nariz-boca. Son respiraciones cortas cogiendo aire por la nariz y soltándolo enseguida por la boca, a modo de soplo.

    Cuando la contracción es más intensa se realiza esta respiración de forma más rápida y cuando se va pasando, la respiración también se hace más lenta.

    El secreto de esta técnica reside, además de en concentrarse en un punto diferente al que origina el dolor, en que respirar por la nariz y por la boca produce un aleteo del diafragma que hace que la contracción sea más llevadera.

    Además, permite que la mujer esté bien oxigenada en unos segundos duros. Al finalizar la contracción, hay que hacer una respiración completa para que la mamá y el bebé descansen del esfuerzo realizado.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo