Contra el dolor ¡respira!

Si respiras adecuadamente en cada fase del parto, el dolor de las contracciones te resultará más llevadero, te cansarás menos y podrás disfrutar más del nacimiento de tu hijo. ¿No crees que merece la pena empezar a entrenarte ya?

Hay dos tipos básicos de respiración que tendrás que aplicar durante el nacimiento de tu hijo y que, tanto si asistes al curso de preparación al parto como si no, debes comenzar a practicar a diario en tu casa, desde hoy mismo. Tienes varios motivos.

  • Respirar bien en el parto te ayudará a conservar fuerzas para llegar al final del proceso sin extenuarte, lo que también favorecerá tu recuperación posterior.
  • Al respirar más profundamente lograrás una mayor concentración de oxígeno en la sangre, y esto facilitará la relajación del canal vaginal. Así el dolor de las contracciones te resultará más llevadero y éstas serán más efectivas, por lo que tardarás menos en dilatar. También favorecerás el aporte de oxígeno a tu bebé, y ello le ayudará en el esfuerzo del nacimiento.
  • Llevando una respiración adecuada disminuirás la presión del diafragma sobre el útero, y esto evitará que empujes antes de tiempo, lo que sería peligroso para tu hijo.
  • Por último, concentrarte en contar mentalmente para controlar la respiración te distraerá del dolor y te ayudará a mantener la calma.
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    La técnica no es demasiado complicada

    Las dos respiraciones constan de una fase de inspiración y otra de espiración. En ambas el aire se coge por la nariz, pues de este modo llega filtrado al pulmón y con la humedad y la temperatura adecuadas.

    • La respiración abdominal consiste en coger aire por la nariz, ir hinchando lentamente el abdomen y expulsarlo despacio por la boca. Además del pecho debes notar que se te hincha el estómago.
    • La respiración clavicular se realiza cogiendo aire por la nariz, hinchando primero el abdomen, luego el tórax y finalmente la parte superior de los pulmones (zona clavicular), y expulsándolo por la boca, deshinchando el abdomen, luego el tórax y, por último, los pulmones.

      Imagina que ya estás dando a luz

      Una vez que controles las dos respiraciones, practícalas tal y como deberás hacerlo en el parto.

      • Durante las contracciones dolorosas. Llena los pulmones de aire completamente, hinchando primero el abdomen y luego el tórax, y realizando una sola inspiración lenta y profunda. La inspiración es como en la respiración clavicular, pero la espiración es distinta. Mantén el aire, cuenta hasta seis y expúlsalo despacio, al revés de como lo has tomado: suelta primero el aire de la zona clavicular, después el del tórax y por último, el del abdomen.
      • Entre contracción y contracción. Practica la respiración abdominal lenta, procurando tardar el doble en expulsar el aire (cuenta hasta doce) que en cogerlo (cuenta hasta seis). Así facilitarás el intercambio de oxígeno y anhídrido carbónico en los pulmones, lo que te ayudará a relajarte y a recuperar fuerzas.
      • Cuando tengas ganas de empujar y aún no debas hacerlo. Hasta hace poco tiempo, en las maternidades se recomendaba la respiración de jadeo (como los perritos), pero últimamente cada vez más centros prefieren que la madre adopte la respiración abdominal, porque así el niño recibe más oxígeno.
      • Durante la expulsión. Cuando llegue una contracción fuerte, inspira profundamente, llenando el abdomen, el tórax y la zona clavicular, y cuenta hasta seis reteniendo el aire (respiración clavicular). Pega la barbilla al pecho y espira lentamente, empujando con los abdominales para evitar que el útero ascienda.
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        Y si mientras estás dando a luz te olvidas de cómo debes respirar, no te angusties. La matrona te lo recordará y, como estás bien entrenada, no te costará mucho coger el ritmo adecuado en cada fase.

        HAZTE EXPERTA EN EL ARTE DE RESPIRAR

        En el curso de preparto te enseñarán a respirar bien, pero si quieres hacerte experta en este arte, tendrás que acudir a un centro de sofrología o de yoga. Estas técnicas emplean la relajación, la visualización positiva y el control de la respiración como medios para lograr el bienestar físico y mental.

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