El parto, minuto a minuto

Alegría. Nervios. Cansancio. Dolor. Mareo. Alegría de nuevo... Durante el parto pasarás por un torbellino de sensaciones físicas y psicológicas, algunas incluso contradictorias. Pero todas tienen su explicación. Aquí te las contamos.

Tras nueve meses de espera, por fin llega lo que tanto deseabas. Puede que vivas la pérdida del tapón mucoso o la rotura de la bolsa de aguas (el caso del 10% de las embarazadas) o, lo más probable, que notes contracciones. Serán regulares, suaves y quizás vayan acompañadas de dolor de espalda.

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Controla el tiempo entre cada una; si te vienen dos cada diez minutos es el momento de ir al hospital. En ese instante, la mayoría de mujeres sólo sienten felicidad. La mayoría de las embarazadas se sienten eufóricas porque por fin van de parto. Cuando llegan están excitadas y algo doloridas porque no saben qué les pasa, pero al ingresar se relajan. Una vez en el centro, el médico te hará un tacto vaginal para comprobar si efectivamente estás de parto y ver a qué dilatación has llegado.

Si es la hora, lo más probable es que te rasuren la zona perineal y te pongan un enema para evacuar el intestino, aunque hay hospitales que ya no realizan esas técnicas.

AL PASO, AL TROTE Y AL GALOPE

Así es como sentirás que actúa tu cuerpo. En la primera parte del parto entrarás en una fase lenta, caracterizada por contracciones suaves y una dilatación pausada, que suele ir a centímetro por hora en un primer parto. Así hasta los tres o cuatro centímetros, cuando todo se acelera.

Durante la dilatación estarás controlada en todo momento; te monitorizarán para seguir tus contracciones y los latidos del bebé, te cogerán una vía y te irán haciendo exploraciones. Empezarás a sentir los primeros síntomas de cansancio. El dolor, en cambio, aún no será muy intenso, lo que te permitirá poner en práctica las técnicas de respiración y relajación que hayas aprendido.

Ten en cuenta que el dolor es una percepción subjetiva y que también dependerá de otros factores, como el tamaño del bebé en relación a las medidas de tu pelvis y, por supuesto, de tu mentalidad. Si estás convencida de que no quieres epidural, seguramente aguantarás sin ella, porque la mayoría de las veces no es una cuestión de fuerza física sino mental.

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Aquí entra otro factor: el miedo. Si una mujer no comprende qué está pasando en su cuerpo durante el parto, su fantasía puede desbordarse y perder el control de sí misma debido al miedo. La desazón ante una situación desconocida es comprensible, pero deberás dominarla.

Para ello, ten confianza en el equipo médico y asiste a la preparación al parto. Al entrar al quirófano te das cuenta de que la cosa va en serio; el instrumental, la luz... todo te da un respeto enorme.

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