¿Por qué parir en el agua?

El agua relaja los músculos y tendones, disminuyendo la resistencia (y el dolor) y favoreciendo la dilatación del cuello uterino.

Además, la inmersión en el agua caliente (no muy caliente, porque podría bajar la tensión) hace que la mente repose y facilita el "trabajo" de parto.

Y uno de los principales escollos para dilatar bien es la hiperactividad mental.

En el agua tu organismo aumenta la producción de dos hormonas que facilitan el parto: la oxitocina, responsable de las contracciones uterinas, y las endorfinas, encargadas de proporcionarte bienestar.

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Y, por otro lado, se reduce la producción de adrenalina, que te provoca ansiedad.

Esto hace que subjetivamente sientas que el dolor disminuye, sobre todo en los partos llamados “de riñones”.

Según explica el doctor Lebrero, “el agua es un elemento que potencia la fisiología de la mujer, ése es su efecto.”

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