Riesgos, casi inexistentes

Riesgos, casi inexistentes

Provocar artificialmente el parto no tiene por qué suponer, en principio, ningún problema para la madre o para el niño. Pero es cierto que no deja de ser una intervención médica, con todo lo que esto supone.

Ten en cuenta que una inducción no es como abrir el grifo de tu casa para que salga el agua. Si el cuello de tu útero no está preparado, puede ocurrir que, por muchas horas que pasen, el parto acabe en cesárea.

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Además, si tras la rotura de las membranas transcurren demasiadas horas, existe un riesgo real de infección.

En casos menos frecuentes, la utilización de oxitocina y la aplicación de prostaglandinas pueden ocasionar un desgarro uterino (más frecuente en las mujeres que previamente han tenido una cesárea). Y en otros casos se asocia a contracciones anormales. Pero no debes asustarte: todos estos riesgos son en la práctica casi inexistentes.

La naturaleza es sabia, deja que siga su curso y no te agobies si, llegada la semana 40, aún no te has puesto de parto. “Suele ser la madre la que insiste en que le induzcamos el parto, al comprobar que ya se ha cumplido la fecha prevista”, cuenta el doctor Barri.

No obstante, a veces la naturaleza necesita una ayuda y ahí están los avances médicos para proporcionársela. Como dice Barri, “lo único importante es que la parturienta venga al nacimiento de su bebé con la mayor ilusión. Ya sea un parto espontáneo, inducido o por cesárea, esta experiencia única hay que vivirla con toda la tranquilidad del mundo”.

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