Huérfanos digitales, quiénes son y cómo evitar que nuestros hijos se conviertan en uno de ellos

Te contamos qué hacer para que tus hijos no sufran las consecuencias que ello conlleva.

Vivimos en una era digital en la que para prácticamente todo lo que hacemos recurrimos a las tecnologías. Tanto es así, que incluso están llegando a entrometerse en la relación entre padres e hijos, llegando a degradar su vínculo afectivo, puesto que los nuevos dispositivos están modificando la forma en que nos relacionamos con otras personas, incluidos nuestros pequeños.

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Tenemos mil y una aplicaciones para socializarnos con nuestros amigos y personas de todo el mundo, pero cada vez menos tiempo para dedicar físicamente a las personas que nos importan. Los móviles nos distraen tanto, que incluso a veces dejamos desatendidos a los que más nos necesitan, nuestros hijos. Ante esta circunstancia nace el término de huérfano digital. Si bien un niño huérfano es aquel que no tiene padres, los huérfanos digitales son los que, a pesar de tenerlos, están desatendidos, puesto que estos pasan más tiempo con los smartphones y en el mundo digital que con ellos. Padres y madres presentes pero ausentes, a causa de las nuevas tecnologías. Esto no quiere decir que estos padres no ofrezcan a sus hijos las necesidades básicas que necesitan. Estos niños van al colegio, comen, juegan…pero les falta lo más importante: el cariño y el apego.

El mal uso de este tipo de dispositivos hace que los padres descuiden su papel para con sus hijos, provocando diversas consecuencias, todas ellas negativas. En primer lugar, dándoles un mal ejemplo y, en segundo, dejándoles desatendidos en el momento en que más nos necesitan, la infancia. Y en cuanto a las madres y padres, los efectos tampoco son positivos: nos estamos perdiendo un tiempo con nuestros pequeños que jamás podremos recuperar.

Además, que estos niños carezcan de atención hará que se sientan ignorados por las personas que más quieren, lo que tendrá consecuencias sobre su personalidad. Se convertirán en niños tristes, con una autoestima baja, sin motivación, rendirán menos en el colegio, serán menos sociables y, ante la falta de atención, buscarán este cariño fuera, por ejemplo, en Internet, con todos los riesgos que esto puede conllevar.

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Por otro lado, en la época en que vivimos, donde cada vez son más los menores que sufren adicciones a Internet y a los videojuegos, nuestro ejemplo es más importante que nunca. No podremos establecer límites ni horarios si nosotros somos los primeros que nos quedamos prendados de las pequeñas y grandes pantallas. Además, no podemos delegar nuestra responsabilidad de educar a nuestros hijos en las tecnologías ni utilizarlas como una forma de distracción para que nos den un respiro. Para que el uso de estos dispositivos sea adecuado, debemos proponernos una serie de pautas válidas tanto para los niños como para los adultos:

  • Establecer horarios. Utilizar las tecnologías durante tiempos determinados evitará el desarrollo de posibles adicciones tanto en padres como en hijos.
  • No utilizar los dispositivos si no se tienen todas las tareas hechas. Tanto los deberes como las obligaciones del hogar. Antes va la obligación que la devoción.
  • Dialogar con nuestros hijos. En las relaciones interpersonales la comunicación es básica, y aún más si nos referimos a nuestros hijos. A través de nuestras palabras potenciaremos nuestro vínculo y crearemos relaciones basadas en la confianza.
  • Educar en un buen uso de las tecnologías, informando a nuestros hijos sobre los beneficios y los riesgos.

    Con este artículo no pretendemos que odiéis las nuevas tecnologías ni que os alejéis de ellas, sino que toméis consciencia de cómo las estáis utilizando y penséis si, a causa de ellas, estáis dejando de lado a vuestros hijos y os estáis perdiendo una parte fundamental de sus vidas. El vínculo entre una madre y un hijo no es algo que se crea por arte de magia, sino con tiempo, con amor y con dedicación. Y si nos olvidamos de ello, romperemos este vínculo. Y cuando se hagan mayores, no podremos esperar que estén con nosotros porque nosotros no hemos estado con ellos.

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