La salud de tu hijo podría depender de lo que comas durante el embarazo

La nutrición y los hábitos de vida durante los primeros 1.000 días pueden tener efectos a largo plazo, programando nuestra salud y el riesgo de padecer enfermedades.

En 2016 se publicó el 'Libro Blanco de la Nutrición Infantil en España' que es una recopilación de todo el conocimiento existente en nuestro país sobre la nutrición infantil y que es fruto de la colaboración de la Cátedra Ordesa de Nutrición Infantil con la Asociación Española de Pediatría, el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y la Fundación Española de Nutrición.

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Durante las V Jornadas Científicas se ha presentado un manual de recomendaciones sacadas de este libro para que sirva de guía didáctica. La Dra. Montserrat Rivero, presidenta de la Comisión Mixta de la Cátedra Ordesa ha explicado que el objetivo de este manual es “ ser una herramienta útil para profesionales sanitarios, educadores y para que también los padres puedan aplicarlos de manera sencilla, favoreciendo de esta forma la mejora de los hábitos saludables en la alimentación de niños y jóvenes”.

Cristina Campoy, directora de la cátedra, ha afirmado que “existe una sólida evidencia científica de que tanto la nutrición como los hábitos de vida durante los primeros 1.000 días pueden tener efectos a largo plazo, programando nuestra salud y el riesgo de padecer enfermedades”. Resulta obvio que la prevención de enfermedades debe comenzar, por tanto, desde el embarazo.

Los estudios realizados, indican que factores como el índice de masa corporal de la madre antes del embarazo, la evolución del peso durante la gestación, el tipo de parto y la alimentación del bebé desde su nacimiento, pueden determinar la salud futura de la persona y predisponer la aparición de determinadas enfermedades.

“Los avances en alimentación infantil conllevarán al desarrollo de productos altamente especializados, capaces de prevenir patologías como la obesidad, el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, la hipertensión, alergias, la disbiosis intestinal, alteraciones del desarrollo cognitivo, enfermedades mentales, patologías autoinmunes o cáncer”, añade Campoy.

El reto es conocer cómo promover una vida y envejecimiento saludable desde la más tierna infancia. Susan Ozanne, profesora de Desarrollo Endocrimo de la Universidad de Cambridge asegura que “el contexto al que estamos expuestos durante las etapas del desarrollo tiene un impacto permanente en nuestra salud a largo plazo. La nutrición es uno de estos factores, que se ha demostrado tiene una capacidad programática en el ser humano”.

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Por su parte, El Dr. Gonzalo Pin, Coordinador de la Unidad de Pediatría del Hospital Quirónsalud de Valencia defiende que “nuestro bienestar estará influido por cómo se alimentaron nuestras madres durante el embarazo, cómo nos alimentaron durante nuestros primeros años de vida y lo que ingerimos en nuestra niñez”.

La gran responsable: la microbiota intestinal

La microbiota intestinal es un conjunto de cien billones de bacterias que componen una comunidad viva dentro del organismo cuyas funciones son claves en el mantenimiento de nuestra buena salud. La microbiota desempeña dos funciones vitales en el organismo: ayudar a regular el suministro de energía y protegernos de virus y bacterias responsables de enfermedades.

El papel fundamental que estos microorganismos tienen en la creación del sistema inmunológico hace que numerosas investigaciones científicas relacionen trastornos crónicos como alergias y enfermedades autoinmunes con un desequilibrio en la formación temprana de la microbiota intestinal.

Flavia Indrio, responsable de la Unidad de Gastroenterología Pediátrica y Motilidad de la Universidad de Bari afirma que “existen argumentos científicos sólidos que apuntan a que los trastornos inmunológicos observados en los adultos podrían ser la consecuencia de una implantación bacteriana inadecuada en la mucosa intestinal en una edad temprana”. Se ha demostrado que el entorno de la madre, su salud y su nutrición durante el embarazo y la lactancia, así como el uso de antibióticos, pueden tener consecuencias negativas en la creación de la microbiota en los lactantes.

Los especialistas sugieren que la ingesta de probióticos y prebióticos durante las primeras semanas de vida pueden ayudar a formar una microbiota sana. Un ejemplo son los resultados presentados por Natalia Ferré, de la Universitat Rovira i Virgili, acerca del probiótico Bifidobacterium infantis IM1, desarrollado por Laboratorios Ordesa, que ayuda a reducir las diarreas en el lactante cuando se suplementa en fórmulas infantiles.

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