Cómo superar que tu hijo sufra alguna deficiencia o minusvalía

Te damos algunas pautas que pueden servirte para normalizarlo y superarlo. 

Cuando nos enteramos de que nuestro hijo tiene una discapacidad que le puede afectar durante toda su vida, se agolpan sentimientos encontrados. Es común pasar por distintas fases como la negación, el enfado y la adaptación; y la ansiedad, la incomprensión y el sentimiento de culpabilidad pueden embargarnos, con el problema añadido de la preocupación de qué será de nuestro hijo cuando faltemos.

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Es muy importante que la familia aprenda a vivir con las nuevas circunstancias. Tendremos que enfrentarnos a una situación no esperada que nos va a acompañar toda la vida y debemos plantearnos cuál tiene que ser nuestra actuación para que el niño discapacitado pueda disfrutar de una vida plena como un miembro más de la familia. Debemos prepararle para su futura integración en el mundo. Además, tenemos que vivir nuestra propia vida de forma completa.

Algunos consejos

Hay una serie de pasos que podemos dar para afrontar la situación y encarar la vida con nuestro hijo y el resto de los seres queridos.

Aceptar la situación, más que adaptarnos, lo que necesitamos es aceptarnos a nosotros mismos, a pesar de lo triste o desesperados que estemos todo va a ir bien. La vida no es siempre fácil, es un reto continuo y cuanto antes alejemos los posibles sentimientos de culpabilidad, antes estaremos en condiciones de compartir la vida con nuestro hijo.

Enfoca tu cariño hacia tu hijo, como lo haces o la harías con sus hermanos. Lo primero es pensar en el niño como persona, no como un enfermo. No limites la percepción y la capacidad de tus hijos por su discapacidad, tienes que mirarlo y verlo tal y como es, con sus virtudes y defectos, con sus potencialidades y sus limitaciones. No siempre es fácil, pero no te vengas abajo si a veces te embarga un sentimiento de impotencia.

Recaba ayuda profesional, pero no te obsesiones con los términos médicos ni con las terapias. No te ciegues con la búsqueda de la solución del problema físico, lo mejor para tu hijo es tu cariño. Si tu hijo es feliz se sentirá bien consigo mismo, no conviertas su vida en una terapia continúa, puedes y debes estar al día de los progresos de la ciencia sobre su dolencia, pero vuestra vida no tiene que girar sobre su enfermedad.

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Busca padres con los mismos problemas, podrás informarte y aprender de su experiencia. No tengas miedo de preguntar y comparte tus propias experiencias con ellos. Aunque cada uno piensa y vive su vida de forma diferente, muchos podrán proporcionarte pautas y consejos en los que no habías pensado y tú podrás aportarles lo mismo. Este intercambio recíproco os enriquecerá a todos.

Busca el equilibrio. No sobreprotejas al niño, ni trates de evadir la realidad sobre sus limitaciones. Dale a tu hijo la oportunidad de aprovechar su vida al máximo. Todos tenemos límites y para alcanzar nuestras potencialidades el primer paso es conocerlas, piensa que con tu hijo ocurre exactamente igual. No olvides que no hay personas discapacitadas, si no personas con discapacidad, su enfermedad no los define, siempre será primero persona.

No te olvides de ti mismo, no renuncies a tus propios sueños, pensando que lo único importante es sacar adelante a tu hijo. Tú también eres un ser humano individual, tienes derecho a seguir viviendo y a seguir desarrollándote como persona. Vuestro bienestar se traducirá en bienestar para vuestro hijo.

Partido a partido, cada día trae su afán. Habrá días buenos y días malos, días difíciles y días maravillosos. En ocasiones desearás que el día no acabe y en ocasiones no tendrás ganas ni de levantarte. Apura los días buenos y en los malos recuerda que cada amanecer nos trae una nueva oportunidad y una nueva esperanza. Siempre hay una razón para luchar.

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