La guía de primeros auxilios a niños en verano

Tu hijo se ha caído al agua y no sabe nadar, o el sol le ha quemado la piel, o tiene un corte de digestión... Si a pesar de todas tus precauciones ocurre un accidente de este tipo, es importante que tengas claro cómo actuar.

image
D.R.
Publicidad - Sigue leyendo debajo
SOS playa y piscina

Seguro que a tu hijo, como a la mayoría de los niños, le encanta ir a la piscina y a la playa.

Pero, para que disfrute de ellas sin riesgos, es esencial que tú no bajes la guardia en ningún momento.

Aunque tengas al pequeño a la vista, basta un segundo de descuido para que se caiga al agua o lo arrastre una ola.

En verano, los accidentes más graves se producen por ahogamiento en el agua.

“En los menores de 5 años que no saben nadar, el ahogamiento es muy frecuente en las piscinas privadas donde no hay servicio de salvamento”, dice Carlos Urkía, responsable del Plan de Salud de la Cruz Roja.

Lo mejor es que le enseñes a no acercarse solo al mar o al borde de la piscina, incluso aunque sepa nadar o lleve puestos los manguitos.

Acostúmbrale a ir acompañado de un adulto cuando se bañe. Así, siempre habrá alguien a su lado que pueda socorrerle en caso de emergencia.

Y ten en cuenta que aunque sepa nadar, puede sufrir un corte de digestión o un calambre dentro del agua, o lo puede arrastrar una corriente.

Si a pesar de las precauciones, sois víctimas de algún accidente, lo mejor es que pidas ayuda al servicio de vigilancia o salvamento de la zona (o envía a alguien a pedirla).

Si no existe este servicio, crees que la situación es grave o estás muy asustada, llama al 112, ellos te indicarán a través del teléfono cómo debes actuar.

Mientras llega la ayuda médica, te será muy útil saber qué hacer en cada caso.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Ahogamiento

Saca al niño del agua o pide a alguien que te ayude a hacerlo.

Arrodíllate a la altura de sus hombros y sacúdelos con suavidad; acércate a su cara, llámalo por su nombre y pregúntale si se encuentra bien.

Si te responde o llora, déjalo en la posición que se encuentre y pide a alguien que acuda al puesto de socorro (no lo dejes solo) o llévalo a urgencias.

En caso de que no responda, grita pidiendo ayuda y colócalo en posición de reanimación: boca arriba sobre el suelo con los brazos y las piernas estirados y alineados con el cuerpo y el tórax al descubierto.

Coloca una mano sobre su frente y con la otra tira del mentón hacia arriba para abrirle la boca, de esta forma evitas que la lengua impida el paso de aire a los pulmones.

Comprueba que respira manteniendo la vía aérea abierta (fíjate en los movimientos de inspiración y espiración del tórax, pon tu mejilla cerca de su boca para sentir la respiración o acerca tu oído a su nariz y a su boca).

Si respira, colócalo en posición de seguridad (como si estuviera durmiendo de lado), llama al 112 y mientras llegan comprueba que sigue respirando.

Si no respira, inicia inmediatamente la técnica de reanimación cardiopulmonar (RCP), comenzando con cinco insuflaciones y mantenla durante un minuto.

Si el pequeño no reacciona, llama al 112 o pide a alguien que lo haga, y continúa con la reanimación.

- Haz 30 compresiones torácicas. Para ello, coloca la base de tu mano en el centro del tórax (sobre el esternón), mantén la otra mano en la frente del niño, y haz presión sobre el pecho. Aplica 30 compresiones de manera rápida, permitiendo que en cada una de ellas el pecho se levante completamente. En los menores de un año las compresiones se realizan sólo con los dedos anular y medio.
- Realiza dos insuflaciones. Mantén la vía aérea abierta (mano en la frente y con su mentón hacia arriba), pinza con los dedos su nariz y coloca tu boca sobre la suya cubriéndola. Si tiene menos de un año, cubre con tu boca su nariz y su boca. Haz una insuflación lenta (sopla durante un segundo como si hincharas un globo) y comprueba que el pecho se eleva y luego desciende. Si no pasa el aire asegúrate de estar haciendo bien lo de frente–mentón y realiza la segunda.
- Alterna compresiones–insuflaciones. Practica secuencias de 30 compresiones y dos insuflaciones a un ritmo de 100 compresiones por minuto. No pares hasta que el niño respire, llore, tosa, se mueva o llegue ayuda.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Quemaduras solares

La piel del niño es extremadamente sensible a los rayos ultravioleta. Cuando no se utilizan cremas con un factor alto de protección (más de 30) o no se renuevan las aplicaciones de forma periódica o después de cada baño, aparecen las quemaduras. Las partes más delicadas son los hombros, la nariz, los pómulos y la espalda.

Las quemaduras suelen aparecer una o dos horas después de la exposición al sol.

La piel está enrojecida y duele al tacto (quemadura de primer grado).

Si el niño continúa tomando el sol, pueden aparecer ampollas o vesículas llenas de líquido (quemadura de segundo grado).

Si la exposición se prolonga aún más, la piel adquiere un color negro(quemadura de tercer grado). La más frecuente es la de primer grado, mientras que la de tercero es excepcional.

¿QUÉ HACER?

Cuando detectes los primeros signos de quemadura solar, saca al niño de la playa o de la piscina y ponlo a la sombra.

Aplícale paños de agua fresca sobre la piel para enfriarla, hazlo con mucho cuidado y sin presionar.

Si no tienes ninguna tela a mano, puedes utilizar pañuelos de papel empapados en agua de una fuente o de una botella.

No pongas hielo o agua muy fría, ya que los contrastes de temperatura no son buenos. Si tienes crema hidratante, aplícale una buena capa.

No debe exponerse al sol hasta que el enrojecimiento de la piel haya desaparecido. En casa, sigue con la crema periódicamente.

Cuando la quemadura es de segundo grado, no pinches las ampollas, porque aumenta el riesgo de infección.

Aplica paños de agua fresca sin apretar para que se mantengan intactas o ponle crema hidratante con suavidad.

Si en unas horas no se reabsorben, acude a un centro de salud.

Toda quemadura de segundo grado similar o mayor al tamaño de la palma de la mano del niño debe ser vista por un médico.

Si la quemadura es de tercer grado, debe ir a urgencias.

Recuerda que no debes poner nunca remedios caseros sobre las quemaduras (pasta de dientes, aceite, etc.); aunque en un primer momento alivian, pueden adherirse a la piel y favorecer su desprendimiento.

Por último, el sol también puede afectar a los ojos: si están llorosos, enrojecidos e inflamados, debe verlos un médico.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Deshidratación

El primer síntoma es la sed.

Además, el pequeño suele llorar, estar cansado, con falta de fuerza, decaído y sudoroso.

Ante esta situación, hay que recuperar el agua y las sales minerales que se han perdido por el sudor.

Dale de beber agua o zumos a pequeños sorbos, puede utilizar una pajita. En caso de que no quiera beber, ofrécele un polo (contiene agua y azúcar).

También es importante que lo pongas a la sombra, en un lugar fresco, hasta que se recupere.

Si no repone el agua perdida y continúa expuesto al calor y sudando, la deshidratación puede llegar a una fase grave.

Esta se manifiesta con el “signo del pliegue”: pinza con tus dedos un poco de piel del dorso de su mano y observa si al soltarla se mantiene un pliegue durante más de dos segundos.

La deshidratación suele ir acompañada de confusión, desorientación y lloro continuo sin apenas lágrimas.

Si surge esta situación debes acudir con el niño a urgencias.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Golpe de calor

Produce fiebre muy alta, 40º C, (notarás que el niño está ardiendo) y piel seca(no hay sudor).

Además, puede aparecer dolor de cabeza, mareo y pérdida de conocimiento.

Lo primero es sacar al pequeño de la fuente de calor.

Colócalo a la sombra, tumbado en el suelo y con las piernas elevadas para que la sangre llegue con más facilidad a la cabeza.

Aplícale paños de agua fresca (no fría) en la cabeza y el cuerpo.

Llama al 112 o acude a urgencias.

Si el niño pierde el conocimiento, observa si respira, colócalo de lado y llama al 112.

Si no respira, debes poner en práctica la técnica de reanimación (ver el epígrafe sobre “Accidentes en el agua”).

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Insolación

Los signos de la insolación son enrojecimiento de la cara, sensación de sofoco, sudoración (obsérvala en la nuca), aturdimiento, y mucho cansancio.

No suele haber fiebre. Surge tras estar tiempo bajo los efectos directos del sol, sin proteger la cabeza.

Lo primero que hay que hacer es poner al niño a la sombra.

Si os encontráis en la playa y no hay sombra, puedes improvisarla: utiliza una toalla y pide a dos personas que la sujeten.

A continuación, ponle paños de agua fresca en la cabeza.

Puedes utilizar pañuelos de papel o cualquier tela que lleves (sombrero, pañuelo, camiseta, etc) empapados en agua.

Si tiene el cuerpo muy caliente aplícale también paños de agua en esta zona.

Si os encontráis cerca del domicilio, llévalo a casa, pero debes hacerlo siempre por la sombra y evitando que le dé el sol.

Una vez allí envuélvelo en una sábana húmeda o báñalo en agua tibia (nunca fría, ya que el cambio de temperatura corporal sería muy brusco).

Si a pesar de estas medidas, el niño sigue con sofoco, no mejora, llora mucho y está molesto, llévalo al centro médico, sin dejar de ponerle paños de agua y evitando que le dé el sol.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Calambre muscular

Se debe a la pérdida de sales minerales por la sudoración y con frecuencia afecta a las piernas.

Produce una sensación de pinchazo en la extremidad que está ocasionado por el músculo al contraerse.

Saca al niño del agua y estírale la pierna con cuidado y lentamente dándole un masaje.

Si el calambre afecta a los gemelos, tira de la punta del pie en dirección a la rodilla.

Dale zumos o frutas ricas en potasio, como el plátano.

Si en unas horas no ha remitido, llévalo al centro de salud.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Corte de digestión

Ocurre en días calurosos, cuando el niño entra de forma brusca en el agua fría, sobre todo si hace menos de dos horas que ha comido.

Esto produce una vasoconstricción que llega a interrumpir el flujo sanguíneoen el cerebro.

También se produce cuando el niño lleva mucho tiempo en el agua. En este caso, el principal signo es que tirita sin parar.

Además puede tener zumbido en los oídos, mareo, y llanto continuo. Sácalo del agua y abrígalo con una toalla.

Si está consciente, túmbalo en el suelo y ponle las piernas en alto para ayudar a que el flujo sanguíneo llegue a la cabeza.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Picadura de medusa o pez

Sentirá un intenso dolor y aparecerá enrojecimiento o tumefacción.

Si ha pisado un pez debes lavar la zona con agua de mar para arrastrar restos de espinas y sumergir el pie en agua caliente hasta que disminuya el dolor.

El agua caliente inactiva la toxina del veneno y calma el dolor. En el chiringuito te pueden calentar agua.

Si le ha picado una medusa no frotes la zona, ya que podrían quedar vesículas con veneno.

Utiliza el canto de una tarjeta de crédito para arrastrar los restos adheridos a su piel.

Lava la zona con agua de mar, nunca con agua dulce (la baja concentración de sal hace que se rompan las vesículas), y aplica frío para calmar el dolor (pañuelos en agua de mar o hielo en una bolsa).

En ambos casos, mantén la zona en reposo y ve al puesto de socorro.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Salud infantil