Antibióticos para niños, manual para administrarlos correctamente

Por responsabilidad, usa bien estos fármacos: respeta la duración del tratamiento, la dosis pautada, la frecuencia... Sigue este manual de buen uso.

 

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Son útiles contra las bacterias

Cuando tu hijo se pone enfermo enseguida surge la duda ¿necesitará un antibiótico? La respuesta la tiene su pediatra. La mayoría de las enfermedades comunes infantiles son víricas y no precisan este tipo de fármacos.
Los antibióticos son medicamentos que destruyen las bacterias o impiden su crecimiento y, como consecuencia, curan la enfermedad causada por ellas.
Hay diferentes tipos y no todos valen para lo mismo. Unos son adecuados para combatir varias bacterias (son los de amplio espectro), otros son específicos para una sola.
Suponen uno de los grandes avances en medicina del siglo XX y gracias a ellos se ha hecho frente a graves enfermedades.
Sin embargo, el mal uso de estos fármacos está generando bacterias resistentes a su acción (algunas incluso a varios tipos de antibióticos), lo que supone un serio problema de salud pública.
La ineficacia de estos medicamentos puede condicionar que un enfermo no tenga tratamiento adecuado, que la bacteria permanezca en su organismo y se transmita a otras personas, que se precisen nuevos estudios (más tiempo e inversión) en busca de otros fármacos que combatan la misma enfermedad o que intervenciones como una cesárea no puedan realizarse con seguridad.
Si no cambia esta situación en Europa, en pocos años se podría volver a la época en la que cualquier infección común podía causar la muerte.

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Fiebre y antibióticos

Aquí tienes algunas de las preguntas más frecuentes sobre el uso de antibióticos en relación con la fiebre y los catarros.
¿Se pueden usar contra la gripe y el catarro?
No. Ambas son enfermedades víricas y los antibióticos no son útiles contra los virus, sólo contra bacterias.
¿Mi hijo tiene fiebre, tendrá que tomar antibióticos?
No. Estos fármacos no bajan la temperatura corporal, para esta función están los antitérmicos (como el paracetamol). La gran mayoría de los procesos infantiles que se manifiestan con fiebre son víricos. Su pediatra te indicará el tratamiento oportuno.
¿Puedo darle a la vez un antitérmico y un antibiótico?
Juntos, no. Lo primero es bajar la fiebre, dale su antitérmico. Media hora después, el antibiótico. Si te coinciden las tomas, adelanta el antitérmico para poder ser puntual con el antibiótico.

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Antibióticos y comida

¿Debe tomarlo con el estómago lleno o vacío?
Depende. Unos funcionan mejor si no hay nada en el estómago que interfiera en su absorción (por ejemplo, la leche y sus derivados reducen la asimilación de ciertos antibióticos). En cambio, otros es mejor administrarlos durante las comidas para minimizar los efectos secundarios. Sigue la indicación del médico y lo que se especifique en el prospecto.

El niño ha vomitado. ¿Repito la dosis que le he dado?
Si vomita nada más dárselo, tendrás que esperar a que se calme e intentarlo de nuevo. Si lo hace cuando ha pasado media hora, el organismo ya lo ha absorbido, no le des más.
¿Le doy yogur mientras esté tomando antibióticos?
Los antibióticos se basan en el principio de toxicidad selectiva; es decir, que una vez ingeridos afectan a las bacterias, pero no al resto de las células del cuerpo.
El problema es que en nuestro organismo conviven otro tipo de bacterias que sí son beneficiosas para la salud, entre ellas las de la flora intestinal o las de la flora vaginal, que pueden verse afectadas por estos fármacos.
Para reducir la toxicidad contra estas bacterias amigas se recomienda el consumo de yogur con lactobacillus o con probióticos, ambos protectores del intestino y que contribuyen a regenerar la flora intestinal (microbiota) y a potenciar el sistema inmunitario. Pero esto no quiere decir que haya que tomarlos juntos ni a la vez. Eso sí, inclúyelos en su dieta diaria, por lo menos, mientras dure el tratamiento.

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Respetar el tiempo de administración

Para que estos fármacos funcionen como se espera de ellos, es conveniente respetar el tiempo establecido por el pediatra (o el indicado en el prospecto) entre toma y toma. Pero a veces surgen despistes como estos:

Se me ha olvidado darle la dosis, ¿qué hago?
Existen tratamientos de pauta corta (una dosis cada 24 horas, durante tres días) que contribuyen a evitar estos despistes. Si el tratamiento que sigue el niño es de éstos, dáselo en cuanto seas consciente del olvido.
Si es de los que se toman cada ocho horas y no ha pasado más de la mitad del tiempo, puedes dárselo y después seguir con la pauta normal. Si ha pasado más de la mitad del tiempo y estás cerca de la siguiente toma, espera. Puedes adelantar media hora la siguiente, pero no le des el doble para compensar.
Esta dormido, ¿le despierto para darle el antibiótico?
Salvo que sea un antibiótico de pauta corta, sí tienes que despertarle para darle su dosis a la hora oportuna.

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Terminar la pauta, aunque el niño esté mejor

Otra de las dudas más frecuentes: el pediatra indica 8 días de tratamiento, pero el niño se encuentra mucho mejor a los 3 días ¿y entonces qué?

¿Por qué debo seguir con el antibiótico?
Porque el tiempo se establece en función de la bacteria a combatir. Si lo interrumpes antes, algunas permanecerán activas y en cuanto baje el nivel del fármaco en sangre aprenderán a defenderse, desarrollarán unas enzimas que bloquearán la acción del antibiótico y, lo que es peor, transmitirán esta particularidad defensiva a sus nuevas generaciones (la bacteria ya no será sensible a ese medicamento).
Eso significa que la próxima vez que tu hijo tenga que tomarlo no funcionará, su enfermedad se alargará, él será portador y todo aquel al que contagie tampoco encontrará cura en ese antibiótico. Importante decisión, ¿no crees?
Y si vuelve a tener síntomas, ¿le doy el mismo fármaco?
No, no le automediques. Si transcurrido el tiempo establecido el niño no mejora o recae, vuelve a revisión. El pediatra indicará si es otro proceso o no y si conviene cambiar de fármaco.

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Consejos básicos de buen uso

Como bien sabes, estos fármacos precisan receta médica. Dáselos solo si lo indica su pediatra. Él te dirá cómo administrárselo. Para los más pequeños suelen presentarse en forma de polvo que se mezcla con agua y que debes guardar en la nevera. En el envase aparece una jeringa dosificadora, úsala y lávala después. Cuando termine el tratamiento, si sobra algo, no lo conserves, pero tampoco lo tires a la basura; llévalo al punto SIGRE de tu farmacia.

Recuerda:
No interrumpas el tratamiento
Aunque el niño ya se encuentre mejor, termina la pauta marcada por el médico. Tampoco le des más días si te ha sobrado fármaco.
No reduzcas la dosis pautada
La que te haya indicado el médico está calculada para el peso corporal de tu hijo. Menos cantidad puede suponer ineficacia.
Mantén la frecuencia correcta
Atente cuanto puedas al horario de uso: si es cada 8 horas, dáselo cada 8 horas, es decir tres veces al día; si es de los de 24 horas, deberás dárselo una vez al día.
Es normal que causen diarrea
Es un efecto secundario habitual de los antibióticos; coméntaselo al pediatra pero no suspendas el tratamiento sin su permiso.
Algunos pueden mezclarse
Con zumo, con leche... Pero no se lo pongas en el biberón, porque si deja algo no sabrás si ha tomado toda la dosis.

Puedes encontrar más datos sobre alergia o intolerancia a antibióticos aquí.

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