Con niños, ojo a los riesgos en playas y piscinas

Golpe de calor, ahogamiento, picadura de medusa... Descubre cómo prevenir los accidentes más comunes y cómo actuar si ocurren.

 

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Accidentes más comunes

El calor y las largas tardes de verano invitan a pasar mucho tiempo en la playa o en la piscina. Si quieres que tus hijos disfruten de ambas sin correr ningún peligro, es esencial que tomes una serie de precauciones para prevenir riesgos y evitar accidentes. ¿Sabes cuáles son los más comunes en estos entornos?

Ahogamiento

“En 2016 fallecieron 19 menores por ahogamientos; más de la mitad de estos se producen en piscinas particulares”, dice María Jesús Esparza, coordinadora del Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Aunque tu hijo sepa nadar o flotar, no debe estar nunca solo en la playa ni en la piscina (ni siquiera con manguitos).
Las causas de los ahogamientos varían según la edad. “Los menores de 5 años se ahogan sobre todo en piscinas privadas, que no están valladas, en un descuido del cuidador. Los adolescentes, en lagos, ríos o en el mar, generalmente en relación con conductas intrépidas o bajo los efectos del alcohol o drogas”, explica el doctor Javier Lluna, miembro del Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones de la AEP.

¿Cómo debes actuar?

Si no hay peligro para ti, saca al niño del agua, túmbalo en el suelo boca arriba, comprueba los signos vitales (respiración, latido), llámalo por su nombre y muévelo (sin sacudir la cabeza ni el cuello). Si responde, colócalo en posición de seguridad (como si estuviera durmiendo de lado) y pide a alguien que acuda al puesto de socorro (no lo dejes solo) o llama a emergencias (112) para que te den instrucciones. Si no respira, avisa al 112 e inicia las técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP). 

Corte de digestión

Suele ocurrir en días calurosos, cuando el niño entra en el agua de forma brusca y hay un gran contraste de temperatura entre el agua y el exterior, sobre todo tras una comida copiosa. Puede provocar la pérdida de conocimiento y causar ahogamiento. “Si la comida ha sido ligera, como suele ocurrir con los niños en verano y el agua no está fría, no tiene por qué haber ningún problema en bañarse en cualquier momento. Es peor esperar dos horas al sol haciendo deporte y luego sumergirse de golpe en el agua fría con la piel caliente”, advierte María Jesús Esparza.

¿Cómo debes actuar?

Si el niño tirita sin parar o llora, sácalo del agua y abrígalo con una toalla; si no mejora acude al centro de socorro o al centro médico. Ante una pérdida de conocimiento, sigue las mismas indicaciones que en el caso anterior: sácalo del agua, comprueba sus signos vitales y, si no respira, inicia la RCP.

Golpe de calor o insolación

Los primeros síntomas del golpe de calor son debilidad, mareos, náuseas y vómitos. Si el niño continúa al sol o en un ambiente caluroso, aparecerá fiebre alta con piel caliente, pero seca, y otros síntomas como cefalea, confusión o desorientación, calambres musculares, respiración superficial y rápida, frecuencia cardiaca aumentada (pero con pulso débil), convulsiones y pérdida de consciencia.

¿Cómo debes actuar?

Tumba al niño boca arriba, en un sitio fresco, a la sombra y bien ventilado (no dejes que se amontone gente a su alrededor); quítale la ropa y ponle compresas de agua fresca por todo el cuerpo (no le pongas hielo ni agua helada ni tampoco le des friegas con alcohol). Si está consciente y no vomita, incorpóralo y ofrécele líquidos frescos. Si está inconsciente avisa inmediatamente al 112. Si no respira, inicia la técnica de reanimación cardiopulmonar. Y recuerda: para evitar este accidente, nunca dejes al niño en lugares cerrados a altas temperaturas (en el coche, por ejemplo) ni al sol directo en las horas de mayor rigor (12 a 17 h).

Quemaduras solares

Pueden ser de primero o segundo grado (si es solo eritema o hay también ampollas). Ambas causan escozor y dolor intenso en la piel y se relacionan con la predisposición a la aparición de cáncer en edades futuras.

 ¿Cómo debes actuar?

Una vez se ha producido la quemadura hay que aplicar agua fresca sin presionar (5-10 minutos) y crema hidratante-reparadora, tipo after sun. No pongas hielo directo, también puede quemar. La piel de las ampollas es mejor conservarla, se puede pinchar la ampolla (con la máxima higiene) para que salga el líquido seroso y permitir que la piel se adhiera de nuevo. Esa piel protege de la infección y permite que se cure antes.
Las quemaduras de segundo grado, sobre todo si son extensas, deben ser atendidas por una enfermera o pediatra. No debe volver a exponerse al sol hasta que el enrojecimiento de la piel haya desaparecido.
Para prevenir, evita que esté al sol en las horas centrales del día, protégelo con sombrero y camiseta, siempre secos, y ponle protector solar cada dos horas.

¿Y si le pica una medusa?

El dolor será muy intenso y la zona se pondrá roja e hinchada. Llévale al puesto de socorro. Mientras, evita frotar la zona o tocarla, pueden quedar vesículas con veneno; mejor usa una tarjeta de crédito para arrastrar los restos, lava la picadura con agua de mar, no con agua dulce (la baja concentración de sal puede romper las vesículas) y aplica frío. “Se puede poner vinagre. Los sanitarios recomiendan analgésicos y corticoides tópicos para la inflamación”, indica Javier Lluna.

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