Trastornos alimentarios en adolescentes

La anorexia y la bulimia aparecen a edades cada vez más tempranas. Saber detectar los síntomas es esencial para ayudar al adolescente que las sufre.

 

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Cada vez aparecen más temprano

Los niños, sobre todo las niñas, comienzan a preocuparse en exceso por el peso a edades cada vez más tempranas. Y en algunos casos, esta preocupación deriva en la aparición de problemas con la comida que, si no se detectan a tiempo, pueden derivar en una anorexia o una bulimia. "Estas dos enfermedades cada vez comienzan más temprano, ya hay casos antes de cumplir los 12 años. Siguen siendo más frecuentes en niñas que en niños, aunque el número de varones está aumentando”, nos cuenta la doctora Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid.

¿Cómo podemos detectar los padres que nuestro hijo está empezando a sufrir un problema de este tipo? ¿Y cómo debemos actuar para evitarlo? La guía ¿Qué hacer para que la alimentación no sea un problema?, realizada por esta doctora, nos pone sobre la pista.  

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Qué son la anorexia y la bulimia

Según el último Manual de Diagnóstico y Estadístico del Trastorno mental, la anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por la distorsión de la imagen corporal, que se acompaña de un adelgazamiento extremo y que lleva a la persona a mostrar un fuerte miedo por adquirir peso.

En la bulimia, en cambio, los afectados poseen episodios regulares de ingesta de gran cantidad de alimento (atracones) durante los cuales sienten una pérdida de control sobre la comida. Luego, utilizan diversas formas para ‘purgarse’, como vomitar o consumir laxantes, y evitar así el aumento de peso. Muchas personas con bulimia también sufren de anorexia en algún momento de su evolución y viceversa.

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Factores que lo propician

Pero, ¿qué hace que un preadolescente o un adolescente pueda sufrir este tipo de trastornos? Como punto de partida, los especialistas coinciden en afirmar que es complicado dar una respuesta rotunda, pero todo apunta a un origen multifactorial, en el que los factores biológicos y genéticos son muy importantes, ya que hacen a unas personas más vulnerables que otras.

Además, en estas edades hay que incluir como factor importante todos los cambios que experimentan nuestros hijos con la pubertad. Desde el punto de vista físico, su cuerpo comienza a segregar diversas hormonas que provocan cambios corporales, especialmente las esteroideas, que distribuyen la grasa y hacen que, en el caso de las niñas, esta se concentre más en las caderas.

A ello se une también el hecho de que es una época convulsa en la vida de nuestros hijos: quieren gustar a los demás, tienen miedo a madurar, su autoestima siempre está de bajón, sufren la presión social de su entorno y muchos de ellos tienen los típicos conflictos de adolescente con la figura materna o paterna. “Los trastornos de la alimentación se asocian a diferentes conflictos personales, de forma que la persona siempre desplaza la angustia que le produce su problema a la conducta alimentaria. Por ello, si no se aborda el conflicto subyacente, la evolución del problema con la comida no será positiva”, explica la psiquiatra.

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El riesgo de las dietas

El hecho de que la insatisfacción corporal esté presente hasta en un 81% de las adolescentes y en hasta un 55% de los chicos lleva a que comiencen con dietas a edades cada vez más tempranas. “Las dietas se inician antes cada vez, existe una obsesión por comer saludablemente que, muchas veces, se convierte en una esclavitud para las personas y que puede esconder verdaderos trastornos con la comida. Todo lo que es rígido en torno a la alimentación es peligroso, mucho más si cambia nuestras rutinas o la forma de relacionarnos con el entorno”, asegura la doctora Díaz Marsá.

Y el problema es que los riesgos de las dietas restrictivas son muchos. Cuando se restringe una dieta en exceso se produce un cambio en el metabolismo que hace que, a partir de un punto, la persona ya no adelgace más. Sin embargo, una persona tan joven puede interpretar esto como que sus esfuerzos no están siendo suficientes y que lo que debería hacer es disminuir aún más la ingesta, lo que puede acarrear una desnutrición con consecuencias muy graves para la salud, además de pensamientos obsesivos. Por ello, es importante concienciar el adolescente de que el cambio corporal en esta época de su vida no significa gordura, sino la evolución natural al crecer y madurar.

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¿Anorexia? Signos que te alertarán

Tenlos presentes y observa con detenimiento a tu hijo (y su comportamiento) para detectarlos. Son típicos en niños que sufren anorexia:

- Muestra una pérdida de peso progresiva o brusca relacionada con una forma diferente de comer (una forma que tiende a definir como “más sana”). Estos niños nunca reconocen que quieren perder peso de manera consciente y, normalmente, lo que explican a todos es que tras esta manera de comer está una búsqueda de una vida maś saludable.
- Se obsesiona por pesarse constantemente, aunque también es cierto que algunos afectados adquieren una cierta fobia a pesarse.
- Empieza a hacer mucho ejercicio físico en solitario.
- Evita comer donde pueda ser controlado.
- Puede mostrarse inicialmente más eufórico, más contento. Puede mostrar incluso una mayor preocupación por su aspecto, por comprarse ropa, fundamentalmente al principio de la enfermedad.
- Responde de manera muy agresiva ante cualquier comentario que hagan los demás sobre su manera de comer.
- Tiene una forma de comer muy peculiar: corta en exceso, manipula, separa, quita la grasa con papel de cocina o esconde comida.
- Aumenta el consumo de bebidas light, caramelos sin azúcar y otros productos para controlar el hambre.
- Se empieza a interesar en exceso por los temas de nutrición, recetas y temas de cocina. Le gusta cocinar para toda la familia, aunque luego no lo prueba.
- Tiende a sustituir a la madre en las tareas generales de la casa, haciendo que pierda su rol en el sistema familiar. Muchas veces llegan a adquirir una postura muy dominante en todo el sistema familiar.
- Se vuelve una persona muy tacaña, no sólo con los demás sino también con ella misma.

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Señales de una posible bulimia

Hay algunos síntomas que pueden alertarte de que tu hijo quizá sufra una bulimia. Toma nota:

- Realiza frecuentes y largas visitas al WC después de comer y siempre con diferentes excusas cuando le preguntan la familia o los amigos.
- Desaparece comida de la despensa.
- Encuentras restos de comida o de envoltorios en la habitación. También de laxantes, pastillas adelgazantes o diuréticos.
- Experimenta subidas y bajadas de peso muy rápidas.
- Te pide dinero sin justificación.
- Tienes sospecha de que vomita.
- Está más fatigado de lo normal, aparecen mareos o calambres.
- Al principio de la enfermedad socializa mucho, pero según va avanzando comienza a aislarse.
- Algunas personas suelen autolesionarse o comienzan a mostrar promiscuidad.  

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Hay que pedir ayuda

“Lo más importante es que los padres seamos capaces de percibir todas estas señales iniciales. Ellas serán las que nos pongan sobre la pista de que ocurre algo. A partir de ahí no hay que dudar en ponerse en manos de un especialista. Incluso cuando el problema es muy evidente, en muchas ocasiones los padres no queremos reconocer su existencia y entonces lo que hacemos es simplemente postergar lo inevitable. No hay que tratar el tema como algo tabú, nuestro hijo tiene un problema psicológico y hay que asumirlo y pedir ayuda a especialistas”, advierte la doctora Marina Díaz Marsá. No hay más truco: un diagnóstico precoz conlleva un tratamiento precoz y más probabilidades de curación.

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