Niños con otitis, también en verano

Las otitis externas infantiles son comunes en esta época, a causa del calor y de los baños en piscinas. Si tu hijo sufre alguna toma estas medidas.

 

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Bebés y niños, más propensos

Las otitis o infecciones localizadas en el oído son una de las causas más frecuentes de consulta pediátrica en bebés y niños menores de 6 años. Hasta esa edad la trompa de Eustaquio es aún muy corta y, debido a la fisonomía de la cabeza del niño, se encuentra prácticamente alineada en posición horizontal entre la nariz y el pabellón auditivo, lo que permite que las secreciones de su garganta y nariz pasen fácilmente al oído y lo contaminen cuando tiene un catarro.
Ahora bien, durante los meses de verano las otitis más comunes están provocadas por otras causas y tienen una sintomatología diferente.

Otitis del nadador

Humedad y calor son los dos factores que suelen provocar otitis en la época estival. “Se trata de una otitis externa, comúnmente conocida como “otitis del nadador”. Y cursa con una inflamación de la piel del conducto auditivo externo, secundaria a la exposición a la humedad prolongada o porque esta penetra en microlesiones ya existentes, muy frecuentemente secundarias a la automanipulación”, dice la doctora Anna Farre Guiu, adjunta del departamento de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Dexeus, en Barcelona.
Estas infecciones son frecuentes en pequeños que pasan mucho tiempo jugando en el agua. Y es que, cuando a un niño que todavía no habla o no se expresa bien se le queda agua atrapada en el oído, pueden pasar días hasta que sus padres se percaten; esto favorece el crecimiento de bacterias y hongos en el canal auditivo, agravado además por el calor.

Reconocer una otitis externa

Sus manifestaciones más comunes son la supuración u otorrea (notarás que a tu hijo le sale un líquido blanquecino, suave al tacto y de textura acuosa) y dolor u otalgia, que aumenta con la manipulación del pabellón auditivo, especialmente si tiras suavemente de su oreja.
En fases más avanzadas, la infección puede causar disminución de la audición, por eso hay que estar atentos a cualquier signos de hipoacusia (el niño no responde cuando le llamas, no presta atención a estímulos auditivos que normalmente le gustan como la música, se aburre cuando ve la televisión...).
“Es fundamental que ante este tipo de síntomas, el especialista realice una exploración para elaborar un diagnóstico certero, ya que podría tratarse de una otitis media supurada” alerta la doctora Anna Farre Guiu.

Cómo actuar ante ella

Si sospechas que tu hijo sufre una otitis externa, lo primero es evitar que se bañe, para que el oído deje de estar en contacto con el agua.
Y lo segundo, llevarle al médico. “El tratamiento de la otitis externa, que como siempre debe ser individualizado, tiene un amplio espectro de opciones, desde limpiezas periódicas o aspiraciones, hasta el tratamiento con antisépticos tópicos o antibióticos en gotas”, aclara la doctora Farre Guiu.
Hasta que lo valore el especialista, si el niño está molesto o se queja puedes darle paracetamol e ibuprofeno infantil o ponerle calor local (por ejemplo, acercarle un biberón con agua caliente envuelto en una toalla). Pero es muy importante que no le apliques ninguna sustancia en el oído (ni aceite de oliva ni otros remedios caseros); por inocua que te parezca, puede alterar el curso de la infección y probablemente empeorarla.
Y en ningún caso debes utilizar bastoncillos para limpiar la supuración, ya que solo lograrías empeorar el problema.

Puede ser otro tipo de otitis

En todo caso, ante una queja por dolor de oídos es esencial que sea el médico quien realice el diagnóstico. No olvides que, aunque son menos habituales en verano, también puede tratarse de una otitis media, en la que la infección afecta al conducto entre el tímpano y el oído interno.
Estas otitis están muy relacionadas con catarros e infecciones, normalmente víricas, de las vías respiratorias altas, y en ellas el dolor de oídos suele ir acompañado de síntomas catarrales (febrícula, ojos acuosos, mucosidad, algo de decaimiento...).

Quizá no sea una infección

También es posible que en verano, tu hijo presente molestias en el oído sin que estén causadas por una infección. Estos pueden ser los motivos:

-  Picadura de un insecto. A veces se producen picaduras en el pabellón externo (oreja) que causan hinchazón local y gran picor. Puedes aliviar el malestar con la aplicación local de frío (siempre envuelto en un paño o toalla para evitar dañar la piel extremadamente fina en esta zona) o un antihistamínico pediátrico que te recomiende el farmacéutico. Si sospechas que un insecto se ha introducido en el oído de tu hijo, no dudes en llevarlo al médico para que lo valore. Seguramente le hará  lavados con agua tibia para sacar al insecto.
-  Un objeto extraño. No es raro que los niños pequeños se lleven a la boquita y a las orejas cualquier cosa que encuentre a su alrededor, y en verano, rodeados de tantos estímulos exteriores, las probabilidades aumentan. Si crees tu hijo se ha podido introducir algo (una piedrecita, una hoja...) no intentes sacarlo con unas pinzas, llévalo al pediatra para que sea él quien lo extraiga.

Buenas medidas

Las otitis externas no siempre son evitables, pero hay ciertas medidas preventivas con las que puedes intentar proteger a tu hijo este verano.

- No utilices bastoncillos en su higiene diaria y tampoco tras el baño en la piscina. Pueden causar microheridas que facilitarían la entrada de bacterias y hongos, causando una sobreinfección.
- Aunque a tu hijo no le gusten los tapones para los oídos y a veces sea difícil ponérselos, si sufre otitis externas de repetición son una buena manera de prevenirlas.
- Recuerda secarle bien las orejas con una toalla después de cada baño. Utiliza el pico de las esquinas de la toalla, sin apretar. O un paño fino de tela, que empape sin irritar la zona.

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